Martes 17 de Octubre del 2017

A las puertas de Oslo

El estado de la opinión pública, que antecede el próximo encuentro del Gobierno con las Farc, en Oslo, está caracterizado por la esperanza, el escepticismo y el rechazo a las concesiones.

Los colombianos quieren la paz, muchos son pesimistas acerca de la posibilidad de lograrla en esta oportunidad, y expresan, mayoritariamente, su desacuerdo con todo lo que pueda significar impunidad o posibilidad de participación en la política de los eventuales desmovilizados.

Lo anterior es la radiografía del sentimiento de la gente, de lo que se desea y de aquello que se rechaza, cuando aún predomina la ilusión. Esta realidad merece ser considerada al momento de hacer el análisis de los escenarios posibles en los próximos meses.

Pero, existen más elementos de juicio.

Algunos acontecimientos ocurridos en los últimos días obligan a hacer una reflexión acerca de la conveniencia del silencio del Gobierno frente a la locuacidad de las Farc.

Sobre la teoría, que aconseja tener prudencia en el manejo de los pronunciamientos públicos y la información, no hay desacuerdos. Empero, lo que está pasando es que las Farc andan haciendo declaraciones desafiantes, a sus anchas.

Que esa organización terrorista no ha hecho sufrir a nadie, dijo ‘Granda’; después, ‘París’ advirtió que a la conversación no se le pueden poner plazos fatales, retando así las afirmaciones del presidente Santos, en el sentido de medir los avances en meses, y, a los pocos días, alias ‘el médico’ sentenció que hay que hacer cinco reformas agrarias y enterrar los acuerdos de libre comercio.

Es evidente que las Farc montaron ya su plataforma de propaganda política, como tantos lo temíamos, porque eso es lo que siempre han hecho.

Mientras tanto, el Gobierno, fiel a la teoría de la discreción, sobre cuya bondad no hay discusiones, guarda silencio.

Esto funciona cuando se hacen acuerdos en la materia y quienes están dialogando los cumplen.

No obstante, en ausencia de esos entendimientos, o cuando ellos se violan, la locuacidad de uno y el silencio del otro pueden hacer daño.

Eso es lo que está pasando.

Mientras los voceros de las Farc desafíen y agredan a la sociedad colombiana, diciendo lo que les viene en gana, el Gobierno debe responder y reiterar cuáles son las líneas rojas, a fin de notificar, sin lugar a dudas, las materias que no son, en ningún caso, negociables.

De lo contrario, se seguirán acumulando percepciones negativas que le hacen daño al esfuerzo del Presidente y al país.

Todavía estamos en los gloriosos, y ya vamos en diálogos en medio de las balas y las bombas, duración del proceso incierta y en notificación de las Farc de su objetivo de cambiar toda la estructura del Estado y la sociedad.

¡Por ahí no es! Hay muchísimos colombianos que rechazan tales cosas y aspiran a verse representados, también, en los pronunciamientos del Gobierno que eligieron.

Y eso es mejor hacerlo cuando aún se está a las puertas de Oslo.

Carlos Holmes Trujillo García

Exministro y exembajador

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