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Sábado 21 de Julio del 2018

CABALLERO Y EL PANTANO ÉTICO

Publicado en:

El Colombiano  | 

Autor(a): Rafael Nieto Loaiza  |

Fecha: 17/08/2014

 

Antonio Caballero es un gran caricaturista y un formidable escritor. Dueño de una pluma aguda e irónica, disecciona con sentido del humor las tripas de la maloliente política colombiana.

Su última columna, sin embargo, es sintomática del pantano ético en que han caído tantos con ocasión de los diálogos de La Habana. En ella, a partir de la coincidencia de apellidos, Caballero hace una comparación entre Fernando Londoño Hoyos y Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez o Timochenko, capo máximo de las Farc.

Entre otras cosas, Caballero dice que "los dos son mellizos casi iguales", que "su extremismo político es el mismo desde punta y punta" y remata con que "tal vez la cosa es todavía peor. Tal vez los dos Londoños, el de las Farc y el del uribismo sean una misma persona. El uno madruga para salir a echar su discurso incendiario ultraderechista en radio Santa Fé, y el otro, que es el mismo… para echar en la agencia Anncol su discurso incendiario ultraizquierdista. Y entre los dos, que son uno solo, nos tienen así".

Caballero no ha oído al exministro en su programa radial que, por cierto, se emite en RCN. Y es claro que no hizo la investigación indispensable: Londoño Hoyos solo ha sido declarado responsable de dos faltas disciplinarias, una de ellas consistente en denunciar la connivencia de un juez de la República con algún narcotraficante. El articulista seguramente tendrá que rectificar la adjudicación al exministro de conductas delictuales por las que no ha sido condenado. Ni por esas ni por ninguna otra, por cierto.

Y ahí empiezan los problemas de fondo: Caballero pone en plano de igualdad a Londoño y a un criminal como Timochenko. No reconocer las diferencias entre un delincuente y quien no lo es muestra la confusión moral del columnista. Pero además es inaceptable asimilar una falta disciplinaria con el historial criminal de un terrorista, homicida y narcotraficante, responsable directo e indirecto del asesinato, mutilación y secuestro de decenas de miles de colombianos.

Más grave aun, Caballero, sin ningún recato, iguala, o peor, identifica a una víctima, Fernando Londoño, que sufriera un terrible atentado, del que se salvó de milagro y le causó heridas permanentes, y cuyo padre fue uno de los primeros secuestrados del país, con el victimario, Timochenko, jefe de las Farc, la organización criminal que atentó contra él y asesinó a dos de sus escoltas. Y no se inmuta.

Más allá de la vil comparación, Caballero se equivoca también al sostener que son iguales en su "extremismo político" y en "su "discurso incendiario". Como tantos otros, primero con ocasión de las elecciones y después por cuenta de La Habana, decide olvidar que la extrema derecha avala la violencia con fines políticos, es ultranacionalista y, con no poca frecuencia, racista. Yo nunca he oído a Fernando Londoño justificar la violencia o incitar a ella, excusar la persecución de negros, judíos, indígenas o gitanos, o enarbolar un discurso xenófobo y atacar extranjeros por el mero hecho de serlo. Lo que sí ha hecho Londoño, y con razón, es defender el uso legítimo de la fuerza por parte del Estado y pedir garantías para los miembros de la Fuerza Pública. La ultraderecha, por otro lado, es autoritaria, y el exministro ha sido radical, sí, pero en la defensa del sistema democrático.

Por su parte, ¿puede Caballero sostener que él nunca ha justificado la violencia política o defendido regímenes tiránicos de izquierda?

No, Fernando Londoño y Timochenko ni son iguales ni son lo mismo. Las diferencias entre ambos son las abismales que hay entre quien solo tiene su voz y su pluma para defender sus ideas y convicciones y quien pretende imponer las suyas a punta del terror y del poder de sus fusiles, entre un demócrata y quien asesina para someter a los demás a sus creencias, entre un civil y un terrorista, entre una víctima y su victimario, entre quien no ha matado a nadie y un homicida múltiple.

Entre otras cosas, por confundir uno y otro, como hace Caballero, es que estamos "así".

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