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Sábado 21 de Julio del 2018

Del sismo denigrante a la resurrección política y moral

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 06/04/2015

Exclusivo para FCPPC
 

Foto: elmundo.es

Muchas veces los movimientos de la naturaleza reproducen la condición moral de un país. El 11 de marzo de 2015 El Tiempo registró en primera página: “Un minuto de pánico en el país por sismo” que se había originado en ‘La Mesa de los Santos’. En la misma página me enteré que Santos, el presidente, había ordenado suspender los “mini sismos” que aterrorizan a las Farc, mediante el cese de bombardeos contra sus campamentos; y me di cuenta que no se puede ganar una guerra, como no se puede ganar un terremoto, porque ambos producen, para toda la vida, un sismo moral denigrante, frente al que podemos actuar como víctimas, o como personas objeto de violencia, que defendemos NUESTRA INALIENABLE DIGNIDAD E INTEGRIDAD. ¿Cuál es la diferencia?

La "víctima" asume la violencia ejercida contra ella, cree que no puede hacer nada más que aceptarla, o incluso que se la merece (masoquismo). Vive en un estado de terror crónico, que paradójicamente le hace caer en una situación de sumisión o empatía con el victimario (síndrome de Estocolmo individual, político, o colectivo); hasta puede llegar a tener un sentimiento de autoculpabilidad que le hace revertir el discurso, diciéndose: "me lo busqué yo", y demostrarlo de maneras sutiles, diplomáticas, llamadas a veces ‘indiferencia,’ ‘reconciliación,’ ‘perdón,’ hacerse el pendejo. ¿Por qué? Tanto el rehén o la víctima, como el autor del delito, persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan. Santos quiere salir ‘ileso’ de un fracaso político; las Farc no quieren ser castigadas por sus delitos.

Por el contrario, la persona "objeto de violencia" no la asume, no la acepta; puede discriminar la realidad, y por lo tanto, salir menos dañada psicológicamente del acontecimiento o situación traumática porque defiende, esencialmente, su dignidad e integridad. Los que no hacen diferencias creen que las personas objeto de violencia o quienes no la han sufrido, y se oponen políticamente, sencillamente odian. Se equivocan.

Las personas objeto de violencia y aun los que no la han sufrido, al asumir su INALIENABLE DIGNIDAD E INTEGRIDAD, de manera autónoma, no dejan que otros las defiendan, definan o intercambien por un derecho a la verdad, la justicia, la reparación integral o un proceso de paz, por muy bien intencionadas que sean estas acciones.

Desafortunadamente ni en nuestro sistema educativo, o cultural se conoce o fomentan las prácticas de INTEGRIDAD Y DIGNIDAD para todas las situaciones de la vida por lo que ni siquiera sus definiciones hacen parte del ‘diálogo’ sobre la paz, o el debate nacional sobre nada, pues no hay conciencia sobre el asunto.

Ejemplos sobre el tema. El alcalde de Anzoátegui, Tolima, de pronto se dio cuenta que ofendía la dignidad de mujeres y niños, y la de los varones que se respetan y asistían a un espectáculo de ‘homenaje’ a la mujer cuando permitió, como gran cosa, que unos estriptiseros mostraran sus dotes de ‘machos’. ¿Habló la Procuraduría de integridad y dignidad como derechos fundamentales? ¿Hubieran entendido los críticos usuales que no se habría tratado de religión? Ojalá. Por otro lado, la Corte Constitucional “busca forzar su renuncia (la de Pretelt) definitiva para PRESERVAR LA INTEGRIDAD del alto tribunal.” (El Tiempo, marzo 13/15) Si hubiera habido integridad antes del escándalo, éste no se habría presentado. Y como la ‘verdad’ siempre sale a flote, en sus declaraciones ante los medios el 21 de marzo de 2015, Pretelt dijo: “No hay derecho a que el señor fiscal hoy llame a mi esposa Marta Ligia Patrón, por un delito de lesa humanidad. Cuando él mismo me quiso convencer, en su casa que colaborara con el proceso de paz, para que los guerrilleros no pagaran ni un solo día de cárcel.” Empezamos a ver una de las razones del ‘acorralamiento moral’ de Pretelt por parte de sus iguales y el Fiscal, que nada tiene que ver con la fementida integridad que entonan de manera educada.

En ese contexto de engaño suena entonces ‘normal’ declarar: "La Unidad para las víctimas se siente muy ilusionada con este acuerdo de la mesa de negociación y con los diez puntos que marcan la base para unas conversaciones en donde las víctimas van a ser exaltadas, dignificadas y reconocidas", según manifestó la directora de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, Paula Gaviria Betancur, al inicio de las acuerdos. En otras declaraciones y en la Ley de Víctimas se habla de REPARACIÓN INTEGRAL. Pero veamos qué significan dignidad e integridad para saber qué capacidad tienen el gobierno o la guerrilla para ‘dignificar’ a las víctimas de manera ‘integral’.

La dignidad se refiere al que sabe y puede gobernarse a sí mismo. ¿Pero qué sucede si la presencia de un grupo armado no lo permite? En la democracia se es libre cuando podemos regular nuestro comportamiento por normas propias que no dañen a los demás; es decir, si somos autónomos. Pero en muchos poblados de Colombia sus habitantes son súbditos de las Farc. Entendemos que NO SER SÚBDITO DE NADIE ES AUTONOMÍA O DIGNIDAD; por lo que esa autonomía o dignidad son un derecho inviolable de la persona que nadie otorga.

La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, para que se sienta digna y libre. La dignidad es el resultado del buen equilibrio emocional. A su vez, una persona se vuelve digna cuando puede sentirse orgullosa de las consecuencias positivas de sus actos y de quienes se han visto beneficiados por ellos; o cuando se siente culpable, si ha causado daños inmerecidos a otros. El arrepentimiento y reconocimiento de nuestros errores y crímenes hacen parte de nuestra dignidad. Pero esa misma dignidad nos ayuda a ponernos por encima de la naturaleza, al transformarla en nosotros mismos, conteniéndola, cuando es inapropiada, o regulándola, para hacernos responsables y dignos de vivir en sociedad, porque podemos honrar nuestra condición de seres racionales, autónomos, en el ejercicio de nuestra voluntad y libre albedrío. ¿Cómo pueden las Farc, el Gobierno, las Cortes, la justicia en general, contribuir a la dignificación de las víctimas y personas objeto de violencia? Comportándose ellos, como negociadores o representantes de la sociedad, como personas dignas e íntegras, mostrando esas características en sus actuaciones y palabras. ¿Cuál es el papel crítico de la dignidad e integridad en el escándalo de la Corte Constitucional? Ninguno. Sólo se habla de intereses políticos.

¿Y qué es la integridad de una persona? Se traduce como ser honrado, honesto, con respeto por sí mismo y los demás , directo, apropiado, responsable, con control emocional, siendo puntual, leal, pulcro, disciplinado, congruente y firme en sus acciones. En general es alguien en quien se puede confiar. La integridad es retomar el camino de nuestra verdad, es hacer lo correcto, por las razones correctas, del modo correcto. Se relaciona con el derecho de no ser objeto de vulneraciones en la persona física, como lesiones, tortura o muerte; o en la persona moral, intelectual y psíquica. Entonces tolerar o promover la deshonestidad, el irrespeto, la impuntualidad, la deslealtad, la falta de pulcritud, la indisciplina, la incongruencia, la veleidad, la desconfianza, la incorrección, etc. ES IR EN CONTRA DE LA INTEGRIDAD DE LAS PERSONAS. ES UN CRIMEN SOCIAL INPERDONABLE. Por eso la integridad ES UN DERECHO FUNDAMENTAL que es violado todos los días. ¿Actúan las Farc y quienes se erigen en jueces del caído en desgracia con integridad? Todos los días con sus actuaciones destruyen LA INTEGRIDAD MORAL, INTELECTUAL, Y PSÍQUICA del país, pero solo tenemos conciencia de la integridad física.

En la Sentencia C-651/11 la Corte Constitucional dice sobre los derechos de las víctimas:

“Los derechos de las víctimas y perjudicados por un hecho punible gozan de una concepción amplia, no restringida exclusivamente a una reparación económica, sino que incluye garantías como los derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación integral de los daños sufridos. Esta protección está fundada en los derechos que ellas tienen a ser tratadas con dignidad, a participar en las decisiones que las afecten y a obtener la tutela judicial efectiva del goce real de sus derechos.” Y cuando defiende la Corte “el derecho a que la víctima sea escuchada cuando se negocie la condena o se delibere sobre una medida de libertad condicional;” y las Farc a duras penas reconocen a las víctimas y su condición de victimarios; y cuando Santos, los negociadores y asesores se plantan ante la comunidad internacional tratando de favorecer a las Farc ¿Dónde están los derechos de las víctimas a que se les imparta justicia como parte de su dignificación? ¿No se burlan Santos y las Farc de la Corte? ¿No ofenden la dignidad del país, destruyendo u ofendiendo su integridad moral e intelectual? ¡Y cuando la Corte Constitucional promete ‘ponerle la cara al país’ Santos la disuade, la Corte acepta y nos quedamos mudos, en dónde están la dignidad e integridad de un país?

En esa situación ¿Cómo sería la resurrección de una víctima? Rescatándola del TERREMOTO MORAL en el que vive al devolvérsele SU DIGNIDAD, INTEGRIDAD MORAL, INTELECTUAL Y SÍQUICA de tal modo que verdaderamente sea EXALTADA, DIGNIFICADA Y RECONOCIDA. Ese ‘milagro político’ no ocurrirá si solo se le da una compensación económica y las Farc reconocen sus atrocidades; no, eso no sería suficiente, pues se trataría de un negocio político de conveniencia.

Si he dicho que las víctimas y el país vivimos en un TERREMOTO MORAL PERMANENTE, al que nos hemos acostumbrado, (Muy bien lo describe Carlos Castillo Cardona en “Tuve una pesadilla” El Tiempo, 23.3.15) como lo han hecho los habitantes de La Mesa de los Santos con los sismos físicos… ¿Qué hecho portentoso se necesitará para que Colombia vuelva a CREER CON EL CORAZÓN Y EL CEREBRO en el sistema democrático y estado de derecho DE TAL FORMA QUE PRODUZCA UNA TRANSFORMACIÓN SOCIAL? Sencillamente LA RESURRECCIÓN MORAL DE LAS FARC que sería un gran ejemplo para muchos, incluidos sus enemigos, y desde luego para la RESURRECCIÓN ANÍMICA DE LAS VÍCTIMAS. ¿Por qué? Porque así como la resurrección de Jesucristo EMPODERÓ ESPIRITUALMENTE a los apóstoles hasta el punto de realizar milagros, al devolverles la fe, así ese hecho portentoso le daría a las víctimas y al país la fuerza para sostener la paz; para creer que el castigo justo no le pertenece a nuestras manos, Y PARA DARLES LOS MIEMBROS DE LAS FARC LA OPORTUNIDAD QUE MERECERÍAN COMO SERES HUMANOS. Pero no solamente la ‘resurrección’ de las Farc, sino la de toda la sociedad, comenzando por la ‘Cortes Ejemplares y el Congreso.’

¿Por qué le he dado a la Resurrección del Señor Jesús un sentido político? Porque Él hizo una propuesta de vida que hemos rechazado. Cada acto de su vida es un ejemplo de resurrección moral para la humanidad que culmina con el Triunfo sobre la muerte. El cristianismo, que ha modelado la cultura occidental por más de dos mil años, nació de esos ejemplos sencillos sobre una ‘víctima’ que demostró dignidad e integridad, entre otras cosas. Jesús fue zarandeado por un terremoto de dos días que afectó su dignidad e integridad moral, intelectual, psíquica y física de una manera letal. Pero no claudicó en su misión.

Colombia ha sido zarandeada durante 60 años; pero la ‘pasión y muerte’ de millones de colombianos ha sido diluida en pequeñas dosis, aceptada, menospreciada, estudiada, olvidada, hemos aceptado ser víctimas; por eso las Farc se burlan de nosotros. Por el contrario, con el ejemplo de asumir libremente su experiencia, nos enseñó Jesús la libertad con la dignidad no violenta del que es objeto de violencia, y no se considera víctima. La Resurrección es precisamente la victoria de quien nunca se consideró víctima. En medio del dolor y la alegría, instauró una cena de amistad que debería durar para siempre mediante la memoria del amor, no la de las históricas atrocidades que vendrían; nos enseñó a llorar por los sufrimientos propios y de los otros en el Huerto; aprendimos perdón y arrepentimiento con la traición de Pedro; honramos la dignidad con el silencio ante los sacerdotes acusadores y Pilatos; nos advirtió de las consecuencias de tomar la justicia en nuestras manos cuando Jesús le ordenó a Pedro que envainara la espada; nos conmovió al dar la vida por los amigos y rescatarlos mediante la muerte en la cruz; mostró cómo sufrir con paciencia las adversidades, mediante la obediencia al Padre; ejemplificó el ‘desprecio’ por las glorias terrenales (la política, entre otras); enseñándolo con el significado de la desnudez en la cruz, el ser despreciado, azotado, escupido, coronado de espinas, ahogado en hiel y vinagre, traspasado; al ser despojado de la dignidad del vestido, al feriársela en un juego de dados; al hacernos ver que las treinta monedas de plata no pudieron ocultarle la Verdad a Judas ante su conciencia acusadora. Todos estos son ejemplos de dignidad e integridad RADICALES.

Así la Resurrección no es solamente el triunfo sobre la muerte, sino la ALEGRÍA POR LA RESTAURACIÓN DE LA VÍCTIMA, con la que, libres de la culpa y exultados por el amor que todo lo puede, NOS VOLVEMOS AMIGOS PERMANENTES DEL EJEMPLO REDENTOR RADICAL; lo buscamos, lo escuchamos, lo seguimos, lo lloramos cuando se ausenta de los actos de la sociedad, la justicia y nuestros hermanos. Nos olvidamos que el ejemplo de la víctima ha sido glorificado porque triunfó. Y seguimos a la VÍCTIMA porque demostró el poder para dejar de serlo como derrotado, y asumir el PODER DEL PERDÓN de un ‘derrotado triunfante’, es decir, como una persona que sufrió violencia, pero no se consideró víctima. Ese es el misterio de la contradicción del verdadero cristianismo que transformó a occidente, al derrotar el significado del imperio romano y las componendas políticas que son victimizadoras, pero que sucumbren contra la dignidad e integridad del héroe.

No estoy diciendo con lo anterior que los farianos deban convertirse en nazarenos. Sería falso, pues Jesús tenía el poder para derrotar a sus enemigos y libremente escogió la disciplina del sufrimiento consciente, con propósito, para enseñar, de manera extraordinaria, el poder del triunfo moral, derrotando a sus enemigos con un arma que ellos no podían esgrimir: el amor extremo e incondicional hasta el sacrificio, seguido después por Gandhi, Martin Luther King, Israel Adam Shamir, y los que creemos en la no violencia. El triunfo moral es difícil, no porque no seamos capaces de pequeñas redenciones cotidianas, sino porque ese triunfo diario es despreciado. Mucho más lo sería UN TRIUNFO EXTRAORDINARIO. El de las Farc sería ‘sacrificar’ la ‘dignidad’ revolucionaria, que ellos han confundido con el derecho a la violencia, el engaño, la componenda, el bombardeo con tatucos, la extorsión, el secuestro, la violación, el fusilamiento de los indisciplinados, la expoliación de tierras, etc., para, en su lugar, resaltar la dignidad humana universal que todos compartimos y asumir la única garantía de la paz: la integridad moral, intelectual y psíquica. Ese sería el milagro político, la RESURRECCIÓN MORAL Y AUTÉNTICA DE LAS FARC, pues les daría el verdadero derecho a ejercer la política en bien del país. Navarro Wolf, Mandela, Mujica y otros lo han demostrado.
El Procurador le señaló oficialmente a la opinión pública y al gobierno los componentes básicos de dignidad e integridad en las negociaciones de paz con las Farc que yo he llamado el rescate moral del país. Los negociadores habaneros creen poder acordar todas las respuestas sobre la paz, pero han descartado las preguntas que les puedan hacer. El Procurador le entregó a Santos cuarenta y cinco de las miles que tenemos. Ese es el lío que ellos califican como enemistad. No sé cuántas haya incluido el Procurador sobre dignidad e integridad, por lo que aquí van algunas para el Presidente RELACIONADAS CON EL CONTROL ÉTICO DE LAS CONVERSACIONES DE PAZ, ya que en su alocución del 24 de marzo de 2015 sobre el escándalo de la Corte Constitucional habló de la relación entre la ética y el derecho.

1. Con frecuencia nos enfrentamos al dilema de tener que elegir entre lo que está bien para el país y lo que es mejor para el gobierno. Como representante de los negociadores en La Habana, Presidente Santos ¿Podría dar ejemplos de situaciones en las que enfrentó ese dilema y explicar cómo lo manejó?

2. ¿Cómo describiría los valores éticos de la mesa de negociación? ¿En qué áreas se siente cómodo o incómodo con ellos? ¿Por qué?

3. Deme un ejemplo de una decisión ética que haya tomado como máximo responsable de las negociaciones. ¿Qué factores consideró para llegar a esa decisión?

4. ¿Alguna vez ha sabido sobre algunos de los negociadores de las Farc o el gobierno que haya violentado las reglas acordadas. ¿Qué hizo al respecto?

5. Cuando ha tomado conciencia de que las conversaciones sobre el proceso de paz, debido a una excelente política de venta del mismo, aparece mejor de lo que en realidad es para el bien del país ¿qué ha hecho al respecto?

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