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Martes 23 de Enero del 2018

El archivo ‘Tirofijo’
 

"1998 fue el año estelar de 'Tirofijo'; el único momento en que estuvo a punto de realizar su sueño de alcanzar el poder. Colombia era una barca a la deriva."

1998: el año de gloria de Manuel Marulanda

1998. Revista Semana declaró a 'Tirofijo' el hombre del año, "por su capacidad de influir en la vida nacional". Le reconoció haber sido el factor que decidió la elección de Pastrana. Semana tenía razón; le sobraba razón. El libro de Marulanda -1.203 páginas- lo demuestra.

Marulanda fue un sobresaliente 'líder negativo'; simbiosis inédita de un príncipe del Renacimiento -eficaz, cruel, sin escrúpulos-, combinado con un burócrata comunista de los años sesenta. Su escritura es corta, precisa; sus instrucciones, tajantes; cero especulación; sensibilidad de robot (dos o tres renglones, apenas, dejan traslucir algo de corazón y piel). Su poder era omnímodo, pero trabajaba en equipo. Sus órdenes no parecían órdenes sino deducciones provenientes del estudio de documentos previamente aprobados por todos. Esa, tal vez, la razón para que no se observe una sola huella de disensión en la cúpula 'fariana'. Las instrucciones al secretariado las revestía con lenguaje "democrático": "Creo conveniente (…) dar de baja al gobernador (Álvaro Uribe)" o "en tal consejo de guerra salió fusilamiento", o "lo de la muerte del señor de las 'Repúblicas independientes', creo que podemos estudiar cuándo conviene hacerlo saber". Queda claro que todas las acciones militares de las Farc pasaron por su mesa. Las describe como tareas tácticas dentro de un plan estratégico (cuya existencia nunca le parecía ocioso recordar).

1998. Ese fue el año estelar de 'Tirofijo'; el único momento en que estuvo a punto de realizar su sueño de alcanzar el poder. Colombia era una barca a la deriva; 'Tirofijo' se refiere al régimen de Samper con sarcasmo. En carta a Leyva, hace mofa de Serpa, Molano, García-Peña y José Noé Ríos. Encuentra ridícula su obsesión por acercarse a las Farc para "adelantar diálogos de paz" (p. 1.101). Con la aparición del archivo secreto vinimos a entender qué era lo que pasaba: 'Tirofijo' ya tenía un socio político, un nuevo mejor amigo, Juan Manuel Santos.

'Tirofijo' había puesto sus ojos en Santos desde enero de 1997. En carta a Leyva le pidió que lo animara a buscar "salidas a la confrontación armada". "Si los meten a la cárcel, mejor, porque de allí saldrán triunfantes", les dijo (p. 818). El 28 de octubre, 'Tirofijo' ponderó un material-proclama que envió Santos a los "interesados en cambiar las estructuras del Estado y su régimen político". Pero le recomendó que "mejor buscara la candidatura oficial del liberalismo" para no aparecer como conspirador. En la página 960 hace referencia expresa a una asamblea constituyente y al despeje de cinco municipios. 'Tirofijo' le reconoce a Santos la autoría intelectual de esas propuestas.

Como comprobarán los estudiosos (el archivo se encuentra en pensamientocolo…), Marulanda trazó, para 1998, un plan combinado de ofensiva militar y participación electoral. Santos es su carta guardada. Cuando 'Tirofijo' confirmó que el candidato liberal sería Serpa (15/1/98), instruyó a Leyva: "Me parece de vital importancia lograrnos entrevistar con usted y Juan Manuel Santos (…) para tratar muchas cosas de interés general (…) En este vaivén de cosas (Samper) es capaz de encarcelar a Santos, lo difícil es saber qué pasará después" (p. 1.012).

De las cartas de 'Tirofijo' a Leyva se deduce que Santos decidió endosar a Pastrana su plan de despeje y asamblea constituyente. Las páginas finales del archivo dejan saber lo que nunca soñamos que llegaríamos a saber: lo que pensaba y lo que hacía la contraparte de Pastrana en el Caguán. ¿Y Santos? El 22 de octubre del 98 vuelve a aparecer en la pluma de 'Tirofijo', esta vez para lo del "acuerdo humanitario" (p. 1.175).

Artículo de José Obdulio Gaviria
Publicado en El Tiempo, 24/07/2012

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