Jueves 19 de Octubre del 2017

EL CLAVO ARDIENTE

Fue elocuente el silencio de la Casa de Nariño cuando Uribe afirmó que se adelantan diálogos con las Farc.

Callaba y otorgaba. Más costoso hubiera sido mentir y que después se descubriera que sí se conversaba con la guerrilla.

Mejor fue el agache. Pero después de Uribe vinieron Chávez, a través de Telesur, y Pacho Santos, con la chiva del preacuerdo con las Farc, y al presidente Santos no le quedó sino reconocerlo.

Pero no faltaban sino semanas para el anuncio. Aunque sea un clavo ardiente, el Presidente no tiene más de donde agarrarse si quiere la reelección. Y la desea con el alma. La reelección, la maldita reelección, acabó convertida en un parámetro: si un presidente no se reelige es por “malo”. Santos, caído en las encuestas, no quiere “pasar a la historia”, su obsesión, mal calificado.

De manera que hay que hacer lo que sea para llegar al segundo período. Y como en estos doce meses lo que viene en relaciones internacionales, gobernabilidad, economía y seguridad será, en el mejor de los casos, regularcito, lo único que podría asegurarle el camino al Presidente es la expectativa de la paz.

El proceso se lanza ahora, sobrevive durante unos meses sin que la finalización del conflicto se concrete, y las expectativas hacen lo demás.

Se reelige a Santos porque empezó el proceso y la gente mantienen la esperanza de que pueda terminarlo bien. Si antes era difícil, porque competir con quien gobierna es siempre cuesta arriba, ahora será verdaderamente complicado ganarle al Presidente.

Desde una perspectiva electoral, la carta está bien jugada. Pero políticamente es un all in , un movimiento en que el jugador de póquer se restea, pone sus fichas en la mesa, apostando el todo por el todo.

Si las Farc dejan las armas y se reinsertan no cabe duda de que Santos obtendrá un éxito inmenso, suficiente para grabar su nombre en relieve. Ojalá sea así.

No por Santos, sino por Colombia. La paz es el sueño de todos menos de quienes se lucran de la guerra.

Pero si fracasa, Santos será otro Pastrana, quemado en la hoguera de improvisación y vanidades del Caguán. La ciudadanía no valora las buenas intenciones, sino los resultados.

Soy escéptico. No creo que estén dadas las condiciones para que las Farc se desmovilicen.

Primero, la guerrilla tiene en Venezuela un refugio, una retaguardia, un espacio de aprovisionamiento, un apoyo político y, caído el muro de Berlín y sepultada la utopía comunista, un referente ideológico incomparables.

Son ventajas estratégicas invaluables. Mientras ellas se mantengan, las Farc no podrán ser lo suficientemente presionadas como para obligarlas a una negociación seria.

Segundo, su control de las rentas ilegales las hacen muy ricas y esa riqueza les da una enorme capacidad logística, de reclutamiento y de financiación de sus acciones.

En esas circunstancias, dudo mucho que las Farc hagan nada distinto de aprovechar los beneficios que el diálogo les generan.

Por un lado, de legitimidad. Cuando un gobierno negocia con insurgentes, los valida. Si, además, como en este caso, el gobierno está dispuesto a conversar sobre temas distintos a la desmovilización, el desarme y la reinserción, acepta que hay motivos políticos y económicos que justifican la violencia.

Por el otro, les da espacios políticos internos e internacionales. Las Farc tendrán interlocución, so pretexto del proceso, con gobiernos y organizaciones internacionales y con actores políticos y sociales en Colombia. Además, pueden conseguir otras ventajas.

Todavía no se ha lanzado el proceso y ya obtuvieron, por ejemplo, unas valiosísimas de impunidad y de posibilidad de acceder a cargos de elección popular, en el “marco jurídico para la paz”.

Y tienen al Gobierno exculpándolos de sus crímenes, como ocurriera con el atentado a Fernando Londoño . Más lo que viene…

El problema no es, pues, sentarlos a la mesa. El diálogo siempre les es útil. El desafío es llevarlos a la desmovilización y el desarme.

Y estamos lejísimos de eso.

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