Viernes 20 de Octubre del 2017

El espejismo de la paz

Mientras continúa el show a la espera de la liberación de secuestrados por parte de las Farc, las Fuerzas  Armadas le acaban de propinar dos golpes contundentes en Arauca y Meta con un saldo superior a los 70 guerrilleros muertos. Esto ocurrió justo después de que la guerrilla masacrara a 11 soldados en Arauca, pero se ha dicho que no se trató de una reacción a esas muertes sino una acción que venía siendo planeada de tiempo atrás.

Aún así, todo parece indicar que el gobierno de Santos está preocupado no tanto por el deterioro del orden público como por la insatisfacción que ello viene causando entre la ciudadanía, lo cual se refleja en las encuestas. Para Santos, nada podría ser más lesivo ahora que poner en juego su gobernabilidad justo cuando los rumores sobre diálogos con las Farc han avanzado al punto de creerse que ha habido contactos con otros países (Cuba y Suiza) para que presten algún tipo de cooperación bien como mediadores, garantes o anfitriones de una negociación.

A una mesa de diálogo hay que llegar fortalecido, pero no deja de ser paradójico que sea Santos quien haya tenido que recomponer sus cartas ante la arremetida guerrillera de los últimos meses y el descontento popular consecuente. Hasta hace un par de semanas las Farc se mostraban con posibilidades de hacer exigencias de peso frente a un gobierno que se veía muy dubitativo y tremendamente ansioso de pasar a la Historia como el que le puso fin a esta confrontación sin importar mucho el precio. Por eso tuvo que implementarse la operación Espada de Honor, de cuyo éxito depende que la balanza vuelva a estar claramente de parte del Estado y así convencer a las guerrillas de que es mejor aceptar un buen acuerdo que seguir con sus infructuosos intentos de imponerse por la vía armada.

Sin embargo, hay hechos recientes también que demuestran que terminar el conflicto mediante acuerdos de paz puede ser apenas un sueño bienintencionado. Mientras las guerrillas sean solo la expresión armada y violenta de una avanzada ideológica con tentáculos en universidades públicas, ONG, partidos políticos, sindicatos, entidades del Estado y otros sectores de la sociedad, las firmas de paz serán solo un saludo a la bandera que les permitirán fortalecerse a la vez que el Estado baja la guardia adelgazando las Fuerzas Militares con el argumento de usar esos recursos en temas sociales.

Lo que hay que entender aquí es que la extrema izquierda propugna por una visión de la política que es contraria a la democracia y mientras esas fuerzas que son la retaguardia civil de las Farc no renuncien a su intención de convertir a Colombia en un paraiso comunista, no hay diálogo que valga ni habrá acuerdo que se cumpla, todo esto no será más que una estación forzada en el camino de alcanzar el poder para imponer su fracasada doctrina.

Hace rato que la infiltración guerrillera en las universidades es palpable -no solo por los incidentes con papas-bomba-. Ahora se acaba de conocer que jóvenes universitarios capacitaban a los comandantes de frentes de las Farc que estaban haciendo curso de ascenso en el campamento que fue bombardeado en Vista Hermosa (Meta), donde se dieron de baja a 36 guerrilleros. Por otra parte, hay ocho niños entre los 37 guerrilleros abatidos en el bombardeo ocurrido en Arauca, en marzo 20. Y, como si fuera poco, según el Ejército, la masacre de los 11 soldados en Arauca, el 17 de marzo, fue posible gracias al trabajo de inteligencia hecho por milicianos que se hicieron pasar unos como evangelizadores y otros como simples interesados en comprar gallinas.

Es decir, francamente no se ve que esta guerrilla esté interesada en la paz. El reclutamiento forzoso de menores, la incorporación de universitarios y el fortalecimiento de milicias, son tareas para el largo plazo, no para la reconciliación sino para cumplir un plan estratégico que no contempla la paz.

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