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Viernes 15 de Diciembre del 2017

El esperpento del proceso de paz en Colombia

Como conocen, el esperpento es un género literario introducido en el teatro y la novela en España, por el ilustre erudito y escritor Ramón María del Valle Inclán,

Con dicha palabra que se introdujo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua allá por el año 1914 y con la acepción teatral, a partir de de los años 20 del siglo pasado, se quiere referir a situaciones grotescas casi inverosímiles, rayando en el absurdo que se producen en el acontecer diario de la vida social.

Pues bien de esperpéntico se puede calificar, sin ningún género de dudas, lo que se está viviendo en el mal llamado Proceso de Paz de La Habana.

Este humilde observador de lo que pasa en mi querida Colombia desde la atalaya que me concede el conocer cómo se desenvuelve la vida en mi país de adopción, a pesar de ello no acaba de agotar su capacidad de sorpresa.

Normalmente siempre estamos en la creencia, que los procesos de paz con grupos terroristas y por tanto las conversaciones llevadas a cabo con dicha finalidad, aparentemente  loable, deben llevarse guiados de la premisa de la discreción y de la prudencia.

En este proceso de La Habana, se han introducido unas variables, que pueden convertir al mismo en un instrumento inservible para lograr el objetivo que se persigue, la paz en Colombia.

El espectáculo grotesco de que al parecer cualquier político de turno, puede entrevistarse con los representantes de las FARC, al igual que el particular que se lo proponga, no deja ser mas propio del contenido de una novela del género literario referido que de un serio, meditado y posibilista proceso para que un grupo armado terrorista, cuyos negociadores deambulan, hablan y reciben a quien estimen pertinente con la misma facilidad con la que cualquier ejecutivo celebra una reunión de negocios con un cliente, abandone las armas y se ponga a disposición del pueblo colombiano para rendir cuenta de los atroces crímenes efectuados sobre  miles de personas.

Sin perjuicio de analizar desde un punto de vista jurídico la legalidad de dichas actuaciones, es evidente que desde un punto de vista político la imagen que se está dando no solo al paciente pueblo colombiano sino a la opinión pública internacional, que al parecer tanto preocupa, es bastante mediocre.

Pero ya no es sólo la profunda carga negativa que dichos hechos tienen desde un punto de vista político, lo peligroso es que se está interiorizando tanto en la “psique” del sufrido ciudadano colombiano como en la de los integrantes de la clase dirigente de las FARC, una sensación de conseguida impunidad, donde son ellos los que marcan los tiempos, al ver un total descontrol e inusitada impaciencia por los políticos de turno de ser protagonistas del “exiguo éxito” que ellos le atisban al hecho de sentarse a “charlar” con dichos dirigentes terroristas.

El resultado de esa sinrazón, de que todo el mundo, al parecer quiere sacarse la foto con los representantes de las FARC, es que uno de ellos sin que eso supusiera sorpresa alguna al menos para los escépticos en la bondad de esas conversaciones, reclamaba la desmilitarización del país imputando al Estado la culpabilidad del conflicto y reclamando como “conditio sine qua non” para lograr cualquier mínimo acuerdo, el que ningún dirigente de las FARC tuviese que entrar en prisión para cumplir pena alguna.

Pronto también los veremos sentados en sus curules en el Congreso.

Es una pena, pero de ser cierta esa situación de que todo político o interesado, puede participar en reuniones con los negociadores de los terroristas, el proceso, ya de por si devaluado, entraría en una senda peligrosa de humillación del Estado de derecho.

De esperpento “valleinclaniano”, sin lugar a dudas.

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