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Miércoles 19 de Septiembre del 2018

Emanuel Swedenborg: escoger entre el cielo y el infierno

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 14/01/2018

Exclusivo para FCPPC
 

Emanuel Swedenborg - Pintura: wikimedia.org

“Así como es imposible para Dios condenar al que conduce una buena vida y cree la verdad, así es también imposible para Él salvar al que vive en la iniquidad y cree en falsedades; porque esto es igualmente contrario a Su Orden y por consiguiente contrario a Su Omnipotencia, la cual sólo puede operar con justicia, y las leyes de la justicia son verdades, que no pueden sufrir modificación alguna.“ Emanuel Swedenborg

Este es un testimonio sobre un libro fundamental en la formación adulta de cristianos para orientar de manera honesta y radical sus acciones en la vida: “El cielo y sus maravillas y el infierno” por Emanuel Swedenborg, Editorial Kier, 1991. Es un escrito difícil en medio de un mundo materialista e incrédulo, escenarios de guerra, corrupción, narcotráfico (el mal) y aspiraciones de paz para una vida digna (el bien). Como no es fácil escoger en un mundo confuso, en nuestra conciencia se debaten las soluciones de fuerza, (castigo militar, pena de muerte, cadena perpetua) vs. Las soluciones de conciencia, opinión y democracia. A veces los malos dan la impresión de ir ganando, siendo los menos; pero olvidan que hemos aprendido una lección con las cucarachas: nos pueden obligar a abandonar la casa, si no las fumigamos. Pero los ‘malos’ son seres humanos; en la China no los consideraron así y Mao solucionó el problema del narcotráfico y la corrupción en tres años, lo que ha permitido el desarrollo de la opción capitalista y hacer de ese país una potencia mundial. En ese contexto Emanuel Swedenborg, un escritor que ha influido a líderes mundiales, nos presenta un viejo pero verdadero escenario de conciencia radical: escoger entre el cielo y el infierno; y siendo que el dilema comienza aquí en la tierra, ese planteamiento es políticamente incorrecto para el exquisito ateísmo del siglo 21.

Sin embargo ¿Puede haber aceptación social, convivencia y perdón de las Farc, el ELN, las BACRIM o los corruptos que agobian al país, si no hay arrepentimiento genuino de sus crímenes y delitos? El propósito de este escrito es liberarnos de la manipulación de la culpa que el gobierno y sus aliados manejan en la actualidad en relación con la paz, el perdón, la reconciliación para hacer posible un genuino camino hacia el arrepentimiento o cambio de esa vida y modo de pensar que dan origen a lo que nos agobia y aparta de Dios. Este camino no es posible sin un referente necesario, presente en todos los aspectos de nuestra vida, menos en el proceso de paz: los diferentes escenarios de la trascendencia que, querámoslo o no, de manera expresa u oculta, permean los sentimientos de justicia y convivencia necesarios en toda sociedad.

Los escenarios del más allá han sido validados por la ciencia, la tradición, las experiencias de místicos y personas que dan testimonio de ellos. ¿Por qué son importantes? Porque cada hombre en algún momento de su vida se plantea lo que debe hacer, en su libertad, frente a las preguntas fundamentales de la vida y su actividad como persona: ¿Por qué sufrimos y morimos? ¿Y después qué? ¿Por qué existe el mal y la contradicción? ¿Ese mal y contradicción provienen solamente de mí y los otros, o hay algo desconocido que lo origina? ¿Vale la pena vivir? ¿Tiene todavía sentido amar, trabajar, hacer sacrificios y esforzarse? ¿Dónde terminará mi vida y la de las personas amadas? ¿Qué cosa hacemos en el mundo en relación con el juicio verdadero e inapelable de nuestros actos? ¿Cómo son el cielo y el infierno?

Todo lo anterior tiene relación con una trascendencia, por lo que buscando pruebas del más allá, en la edad de la responsabilidad me encontré con “El experimento Delpasse” por James Bedford y Walt Kensington, Ediciones Martínez Roca, S.A., 1976, en donde un grupo de científicos visionarios logran demostrar y controlar científicamente una comunicación con el más allá con personas que habían sido entrenadas para llevar a cabo esa prueba después de fallecidas. En años recientes “Consciencia más allá de la vida” por el cardiólogo ateo Pim Van Lommel, Ediciones Atalanta, 2012, me presentó las pruebas irrefutables, desligadas de un contexto religioso. Por lo tanto creo poder compartir y asumir que las personas creyentes y no creyentes que razonablemente admitan las llamadas ‘pruebas científicas’ no tengan problemas con validar esa POSIBILIDAD y hacer algo al respecto. Sin embargo, el lío surge con las aseveraciones teológicas de lo que ocurre después de la llamada muerte. Aquí se entra en el terreno de la especulación, la fe, la creencia, el mito y los testimonios verdaderos. Discernir entre esas posibilidades es el reto. ¿Es esto admisible o deseable? Sí lo es, siempre y cuando estas presunciones funcionen como parámetros que determinen conductas sociales generadoras de comportamientos positivos y constructivos. También debemos aclarar que de esas presunciones se puede abusar resultando en un rechazo de la religión o cualquier esfuerzo serio por validar la experiencia trascendental.

En los últimos años ha habido una proliferación de historias, películas, experiencias y propuestas sobre los ángeles, hasta el punto que se ha convertido en un negocio. Sin embargo muchas antiguas tradiciones culturales y experiencias en los siglos 20 y 21 avalan la existencia de esos seres. Pero hay una persona que verdaderamente ejerció y sigue ejerciendo una influencia mundial importante en ese tema: el místico sueco Emanuel Swedenborg. (1688-1772) ¿Quién fue ese hombre?

Hasta la edad de 56 años dedicó esencialmente su vida a investigaciones científicas que lo llevaron a numerosos países. Publicó un gran número de libros sobre matemáticas, geología, química, física, mineralogía, astronomía, anatomía, biología, psiquiatría, en los cuales se contiene el germen de numerosas ideas brillantes asignadas más tarde a otros investigadores.

Hizo los planos de un avión, de un submarino, descubrió la función de las glándulas endocrinas, el funcionamiento del cerebro y el cerebelo. Sus obras se utilizan hoy día en los EE.UU. en institutos de investigación en psicomotricidad, probando así clínicamente el fundamento de descubrimientos hechos hace cerca de tres siglos. Inventó un sistema decimal monetario que sirve también para el estudio de la cristalografía.

Fue el primero en desarrollar la hipótesis sobre la formación nebulosa del sistema solar, considerando la naturaleza de la vía láctea. Efectuó también un estudio avanzado sobre la circulación de la sangre y sobre la relación del corazón y los pulmones.

Sin embargo, a los 56, abandonó sus investigaciones científicas para dedicarse enteramente a la investigación teológica, psicológica y filosófica con el fin de hacer descubrir a los hombres una espiritualidad racional. Murió en 1772 después de haber escrito más de un centenar de obras sobre todos los temas enumerados. Algunas traducidas al castellano.

En 1744, en Londres, recibió la visión que le orientó hacia la actividad religiosa: "Yo soy el Señor, Creador y Redentor; te he escogido para que des a conocer a los hombres el significado interior, espiritual, de las Sagradas Escrituras." Ese conocimiento se le dio mediante un intercambio especial con los ángeles, al igual que muchos dicen hacerlo hoy en día.

Escogí a Swedenborg como un referente especialmente para aquellos intelectuales poco dados a los asuntos del cielo y el infierno, por lo que valdría la pena que le echaran un vistazo a la entrevista de Christian Wildner con Jorge Luis Borges sobre el científico y visionario sueco: “Borges y el misterio de Swedenborg.” Es importante el libro de Swedenborg sobre el cielo y el infierno porque las referencias que se hacen en las sagradas escrituras se vuelven comprensibles. Y esa falta de discernimiento en las operaciones del nivel mental y físico en lo concerniente a nuestro destino postmortem es lo que crea la confusión básica de todas las manipulaciones, en este caso sobre la experiencia religiosa que subyace nuestra cultura en relación con la paz, el perdón, la reconciliación, el arrepentimiento, por lo que escogí algunos hallazgos del místico sueco. Veamos uno de ellos sobre la paz.

“He hablado también con los ángeles acerca de la paz y he dicho que en el mundo se entiende por paz, cuando cesan guerras y hostilidades entre reinos, y cuando cesan enemistades y discordias entre hombres, creyéndose que la paz interna es un reposo de ánimo a consecuencia de alejamiento de preocupaciones , y sobre todo una tranquilidad y bienestar a consecuencia del éxito de los asuntos; pero los ángeles dijeron que el reposo del ánimo, la tranquilidad y el bienestar a causa del alejamiento de preocupaciones , por más que parezcan relacionarse con la paz, no pertenecen a la paz , sino en aquellos que se encuentran en el bien celestial; siendo así que no hay paz sino en este bien, y que la paz fluye del Señor en lo más íntimo de ellos, y desde lo más íntimo desciende e influye en sus cosas inferiores, ocasionando el reposo de la mente, la tranquilidad del ánimo, y el gozo a causa de ellos; pero en aquellos que viven en el mal no hay paz; hay apariencia de reposo, de tranquilidad y de bienestar, cuando les va según su deseo, pero esa paz es exterior y no interior; porque interiormente arden en enemistades, odios, venganzas, furor y varias malas pasiones, hacia las cuales su ánimo también se inclina tan pronto como ven a alguien que no les favorece, manifestándose cuando no hay temor; y de ahí es que su gozo habita en la locura, pero el gozo de aquellos que se hallan en el bien, habita en sabiduría; la diferencia es como entre el cielo y el infierno.” Fuente: “El cielo y sus maravillas y el infierno” Nº 290, pág. 158, Editorial Kier 1991.

Ahora bien, si queremos conocer un testimonio actual de lo que sucede en el más allá en el que se ve involucrado Hugo Chávez, busquemos en internet: [VIDEO] ESPELUZNANTE: Hugo Chávez se comunica con un …https://ar01b22… ago. 2017 – Hugo Chávez se comunica con un Psíquico y envía un impactante mensaje desde el más allá. YouTube.

En contraste con lo anterior, al hablar del infierno, Swedenborg registra lo siguiente: “También hablaré de qué manera esto tiene lugar. Cuando el hombre entra en la otra vida es primeramente recibido por ángeles, quienes le prestan todos los servicios posibles, y hablan con él acerca del Señor, del cielo, de la vida de los ángeles, y le instruyen en verdades y bienes. Pero si el hombre, que en ese momento es un espíritu, es de los que en el mundo tuvieron conocimiento de semejantes cosas, habiéndolas, sin embargo, negado o rechazado en su corazón, se aparta, después de alguna conversación, y procura alejarse. Al observar esto los ángeles se retiran. Después de algún trato con otros espíritus similares, se une finalmente con los que se hallan en un mal parecido al suyo (véase arriba n. 445-452) y cuando esto se verifica se aparta del Señor, y dirige su rostro hacia aquel infierno con el cual se hallaba unido en el mundo, en donde se encuentran los que están en un amor al mal, parecido al suyo. Por esto es claro que el Señor conduce hacia sí a todo espíritu, mediante los ángeles, y también mediante un influjo del cielo; pero los espíritus que se hallan en el mal se oponen totalmente, y como si dijéramos, se desprenden del Señor, siendo atraídos por su propio mal como por un imán, por consiguiente hacia el infierno; y puesto que son atraídos por el amor al mal desean seguirlo; es evidente entonces que se echan al infierno, por su libre albedrío. En el mundo no se puede creer que esto sea así, a causa de la idea que se tiene del infierno; y en la otra vida a los ojos de los que se hallan fuera del infierno pareciera como si hubieran sido arrojados (Así lo percibieron los pastorcitos de Fátima), pero no es así para los que se echan allí, porque, ellos entran libremente, y los que entran por un amor ardiente al mal parecen precipitarse de espalda, la cabeza abajo y los pies, al aire. Por esta circunstancia resulta que parece como si fueren precipitados por la fuerza Divina. (Sobre este particular se puede ver más detalles en el Nº 574). Puede por esto constar que el Señor a nadie echa al infierno, sino que cada quien se arroja al infierno por afinidad, no solamente mientras vive en el mundo, sino también después de la muerte, cuando entra en medio de los espíritus.” Fuente: “El cielo y sus maravillas y el infierno” Nº 547, pág. 307

Lo que registró Swedenborg en el siglo 18 lo corrobora en nuestros días Gloria Constanza Polo. Ver “Testimonio completo de la Dra. Gloria Polo” en YouTube. Finalmente algunas de las malas artes de la política las sitúa Swedenborg en el infierno así:

575. “El "crujir de dientes," por otra parte, es una continua lucha de las falsedades entre sí, por consiguiente entre los espíritus que se encuentran en falsedades; cuya lucha va asimismo unida al desprecio de los demás, a las enemistades, a la mofa, la burla y la blasfemia, las cuales también exploten en desgarramientos de varias especies; porque cada uno lucha por su falsedad sosteniendo que es verdad. Estas disputas y luchas se oyen fuera de estos infiernos como crujir de dientes, y se convierten también en crujir de dientes cuando las verdades del cielo influyen allí: En aquellos infiernos están todos aquellos que han reconocido la naturaleza de lo divino y la han negado; en lo más hondo están los que se han confirmado en ello. Puesto que estos no pueden recibir luz alguna del cielo, y por lo tanto nada pueden ver en su interior, son por la mayor parte sensuales y estos son los que nada creen más que en lo que ven con los ojos; y tocan con las manos; por esto mismo todas las falacias de los sentidos son para ellos verdades, y con base en estas discuten. Por esto sus disputas se oyen como un crujir de dientes, porque en el mundo espiritual todas las falsedades crujen, y los dientes corresponden a las cosas extremas de la naturaleza, y también a las cosas extremas del hombre, las cuales son las cosas senso corporales. (Que un crujir de dientes existe en los infiernos puede Verse en Mateo 8: 12; cap. 13: 42, 50; cap. 12: 13; cap. 24: 51; cap. 25:30; Lucas 13: 28.) Fuente: “El cielo y sus maravillas y el infierno” Nº 575, pág. 324.

Me encontraba recordando ese escenario trascendental cuando empecé a oír en la W el 5 de enero de 2018 hacia el mediodía, el testimonio de una mujer violada por un guerrillero de las Farc, víctima cuya madre y familia fueron asesinadas por reclamar. Pensaba yo al comprender el sufrimiento moral, psicológico y social de llevar encima ese acto contra la integridad de la persona, que a esa tragedia se agregaba el otro peso de pedirle a la víctima, mediante alguno de los mensajes ‘pacifistas’ que abundan en esos casos, de asumir el tormento de su propia curación mediante el perdón del agresor para lo cual se necesitaría un milagro de transformación proveniente del cielo. Si San Pablo decía “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Romano 7:19 ¿qué nos espera a los simples mortales?

Me dio rabia y quise saber la razón. Se han convertido los propagandistas del perdón en ciudadanos de primera, y los que no podemos hacerlo solamente tenemos la defensa de que el pacifista se avergüence de pedir lo que para otro es un imposible sin saber por qué debe hacerlo, ni cómo se hace. Porque, como dije, en ese escenario la víctima debe llevar dos cargas: la del crimen que sufrió y la de la exigencia social del perdón. Quizá esta estupidez se deba a que lo que consideramos ofensa, daño, dolor, violencia moral y física, tienen lugar en el campo físico y el de la siquis de la que sabemos poco, y que es la dimensión en que para siempre, consciente o inconscientemente, vivirá ese crimen; por lo que pongamos un ejemplo de discernimiento entre lo material y lo síquico a ver si entendemos.

Digamos que empujo a mi compañero de trabajo quien se cae y se disloca el hombro (escenario material); entonces le pido un perdón social, le ofrezco disculpas, una explicación y le digo que calme su dolor, (escenario físico) y sane su sufrimiento (síquico) sin asumir los costos médicos (escenario material y síquico). ¿Cómo se sentiría usted, la víctima, cuando esos escenarios sencillos se trastocan o consideran equivalentes, iguales? Si esto que es sencillo, causa un trauma importante, ¿qué pasa con la mujer a la que violan y le matan la familia?

Veamos otro escenario más complejo en el que usted hará el ejercicio de discriminar la naturaleza de las acciones. En un área conflictiva del país se organizan charlas sobre el perdón en medio de disputa de tierras que están trastornando la paz individual, familiar, comunitaria y política. Y a la gente se le tacha de intransigente porque nadie le resuelve, al campesino que no es bobo, este dilema: “Usted dice que el perdón es bueno, pero ¿cómo recuperaré mi tierra? No podré hacerlo. Por lo tanto, el perdón es débil e ineficaz. No me hablen de eso.” Es decir, ¿cómo puede resolver el campesino un problema físico y de confusión sicológica con una herramienta mental que no sabe cómo utilizar? ¿Entienden, señores perdonadores, que para que haya perdón tiene que haber justicia social? La esperanza de los despojadores es que, para su provecho, las víctimas acepten vivir en una paz, pero sin tierra, hablándole bellezas del perdón. Ese cuento se lo traga un letrado, pero no un campesino, porque ese planteamiento es deshonesto.

Me detuve entonces en un escenario que nadie quiere ver. Si usted le pregunta a alguien por la justificación del comunismo o la izquierda, va a recibir una cátedra que puede durar toda la vida por lo que necesita afiliación a un partido. Yo la resumo en lo siguiente. En esencia, se trata de individuos que se esfuerzan por recopilar y coleccionar desaires sociales, agravios históricos, injusticias, trato desigual, errores, ya sean reales o imaginarios. No saben perdonar, ni olvidar; ni tampoco quieren salir de ese pantano del odio de clases (El infierno). Se revuelcan en las transgresiones reales o percibidas de los demás y permiten que los sentimientos de animosidad y venganza se mantengan vivos en el escenario político. Para eso no necesitan armas. Como se puede usted imaginar, en un mundo imperfecto donde hay injusticias reales, donde la gente comete errores y se dicen y hacen cosas estúpidas, esos recolectores de heridas nunca tienen que llegar lejos para sentirse victimizados y siempre tendrán vigencia social. Pero cuando usted les pide soluciones no saben darlas. ¿Cómo puede darse el perdón y la paz en semejante terreno? ¿Si esa persona no cuestiona sus íntimos motivos creyéndolos verdades inamovibles, cómo podrá progresar?

Pero pongámosle sentido común a las cosas. Si la razón lógica y objetivamente probada del comunismo o la izquierda fueran la de dar cuenta de las heridas sociales y solucionarlas, el mundo sería comunista desde sus inicios. Pero resulta que como todos las hemos sufrido desde el comienzo de la historia no podíamos esperar al ‘mesías’ Marx para solucionarlas; por lo que desde hace tiempo decidimos ‘adaptarnos’ de manera inteligente, no entreguista, buscando defendernos de aquellas situaciones que sabemos que no se curan fácilmente como un régimen político injusto.

Pero para el colector de agravios tal lógica no existe; pues no solo se aferra a las heridas que percibe, sino que sale y recoge más heridas buscando selectivamente aquellas cosas que respaldan sus creencias arraigadas. Y eso se convierte en dogma. A través de observaciones, lógica, o razonamientos defectuosos, sin información adecuada, el colector de heridas se siente enfermo por una "adicción de confirmación" que sistemáticamente refuerza una creencia o posición preexistente. Convencidos de sus creencias, incluso a pesar de la evidencia contraria, se saturan y se obsesionan con la bebida tóxica del sesgo irracional que ellos mismos han creado. Esta irracionalidad a su vez engendra odio y desprecio por los demás, dos características preexistentes que abundan en todos los escenarios políticos en donde se pavonea la izquierda. Esos son los que más hablan de paz y perdón como una terapia de racionalización en la que no creen, porque están dispuestos a tirarla por la borda mediante las disidencias políticas armadas. ¿Puede existir el perdón y la paz ante semejante incoherencia social?

Por lo que me propuse buscar una pregunta clave para detectar el fondo real de un criminal y encontré esta joya: “¿Se ha perdonado usted por sus crímenes o malas decisiones en perjuicio de muchos?” El perdón de sí mismo es un problema moralmente complejo. Hay ejemplos de crueldad humana como el de los dictadores que se complacen en torturar víctimas inocentes o armar tramoyas judiciales, por lo que sería éticamente imposible promover un camino de auto perdón. En general, el perdón de sí mismo debe dirigirse a personas buenas y decentes que tengan la capacidad de sentir empatía, pues cuando lastiman a otros, los agobia la culpa y la vergüenza. Por ese motivo muchos criminales esconden esa incapacidad con desplantes, insultos, amenazas, cinismo, etc.

La falta de perdón o arrepentimiento conduce a la plaga de emociones negativas y la supresión del crecimiento psicológico y espiritual; y si esa condición mental está sustentada por las armas, es fácil dirigir hacia los otros el enojo propio de sentirse un bandido. ¿Cómo puede un bandido con o sin armas perdonar a otros, si no puede perdonarse a sí mismo, y menos sentirse capaz de pedir perdón o arrepentirse? Y no es fácil para quien busca perdonarse y ser perdonado y al mismo tiempo aspira a una imposición del comunismo, como es el caso de las Farc y el ELN.

Porque para perdonarse a sí mismo no es suficiente decir que usted se perdona. El genuino perdón de sí mismo es un proceso de transformación muy difícil. Si en lo personal implica hacer las paces de la manera que sea posible mediante actos que eliminan el daño, la práctica de bondad hacia el otro, la apertura genuina hacia el perdón cuando los otros lo ofenden o victimizan; si el perdonarse y perdonar implica un alejamiento del rumiar obsesivo de la autoincriminación o acusación que promovió la transgresión o el crimen; si todo lo anterior significa cultivar la empatía hacia uno mismo y los otros, si ese es el proceso que en lo personal reconocemos como perdón, si somos seres racionales ¿podemos cerrar los ojos cuando no vemos ese mismo escenario en el contexto social? Sencillamente no podemos. Por lo que pretender obligarnos a cerrar los ojos de la razón y el sentir es una bobalicona astucia que se percibe como una gran ofensa social. ¿Es posible el perdón y la paz en ese escenario? No podemos evitar que al presidente Santos y a las Farc se les asocie con ese escenario ofensivo. El problema colombiano es que uno de los actores de este drama, las Farc y muchos otros, no creen en el amor, ni su fuente que es Dios.

Además de los razonamientos anteriores creo que se hace necesaria una pequeña ADVERTENCIA de Swedenborg para salir de la indecisión a la que hemos sido inducidos al pretender manipularnos la culpa. Usted sabe lo que le dicen los sentimientos, pero debemos expresar ese conocimiento en palabras claras para entender lo que está en juego.

“551. Todos los que están en los infiernos están inmersos en el mal y sus respectivas falsedades, y allí nadie puede asumir al mismo tiempo verdades y mentiras. La mayor parte de los hombres malos en el mundo conocen las verdades espirituales, que son las de la iglesia, porque las han aprendido en la infancia, mediante sermones y por la lectura del Evangelio, hablando después con base en esas verdades; algunos consiguen hacer creer a otros que son cristianos de corazón, pues lo hacen mediante la habilidad de la palabra, pero con una falsa intención, en relación con las verdades, pretendiendo obrar sinceramente como si lo hiciesen por una fe espiritual. Pero los individuos de esta índole, para sus adentros, son contrarios a estas verdades y de acuerdo con sus pensamientos se han abstenido de malas obras únicamente a causa de las leyes civiles, o por resguardad su reputación, los puestos de honor, las ganancias; son todos malos en su corazón, y se hallan en verdades y bienes tan sólo con respecto al cuerpo, no con respecto al espíritu. Por lo tanto, en la otra vida, cuando pierdan la forma externa se descubrirá su ser interno que es su espíritu. Se verán entonces expuestos completamente en sus males y falsedades, y de ninguna manera podrán hablar verdades porque estarán bajo el influjo del mal, pues allí su espíritu no es más que su propio mal. Cuando tales espíritus son expuestos en su estado interior, por consiguiente en sus males, no pueden ya decir verdades, sino solamente falsedades, puesto que hablan mediante el mal que no se puede ocultar, pues allí el espíritu no es más que su propio mal, y la falsedad procede de ese mal. Todo espíritu malo es introducido en ese estado antes de ser echado al infierno.”Para traducir a términos del siglo 21 la conducta a seguir en vista de las revelaciones de Swedenborg, consideremos lo siguiente:

1. El buen motivo de la paz no quiere decir que los actos malos de las Farc y el ELN, los engaños y manipulaciones del gobierno se vuelvan buenos. Esto se puede fingir aquí, pero no allá. Para que un acto que no es malo como desear la paz sea ESENCIALMENTE bueno, ha de hacerse con un fin honesto; es decir debe haber coherencia en el bien interno y externo de las personas y sus actos. ¿Cree usted que el Acuerdo Final de la Habana, a pesar de ser conocido por todos, sea honesto? No lo es, porque no se entiende, asusta, amenaza, da ventajas injustas, a pesar del ropaje jurídico que ostenta.

2. Un mal motivo corrompe una acción esencialmente buena. Pretender imponer el comunismo en Colombia bien sea por vía electoral facilitada por un proceso de paz, es malo. Ese mal motivo corrompe la paz.

3. Los discursos de moral y de paz no hacen necesariamente confiables a esos voceros.

4. El presidente y las Farc, como hombres, como personas, pueden equivocarse de manera involuntaria por su ignorancia moral, por su falta de inteligencia; pueden sentir pesar, disculparse, reparar el daño, enalteciendo de esa manera sus personas. Eso hizo Pastor Alape ante la comunidad de Bojayá. Pero la decisión voluntaria y consciente de no decir toda la verdad sobre el proceso de paz, ni hacerse responsables por ese ocultamiento; la decisión CONSCIENTE de utilizar el poder presidencial para manipular el libre desacuerdo del pueblo como fue el plebiscito, no son actos involuntarios de personas, sino actos ‘plenamente humanos’, es decir, realizados con la autoconciencia, nuestro terreno para decidir sobre nuestra salvación eterna, que es lo que nos diferencia de los animales y demonios.

5. Al ir conscientemente en contra de los valores de justicia, honor y respeto, esos actos se vuelven inhumanos; y con su tolerancia se empieza a recorrer el peligroso camino de la deshumanización, es decir, dejar de ser seres humanos para convertirnos en demonios aquí, o en el más allá . Ese ha sido y es el temor permanente sobre las Farc, el ELN y el conjunto de personas que abierta o de manera oculta agobian al país. Como organización terrorista, partido o posible gobernante. El ejemplo es Venezuela que está experimentando el infierno en la tierra.

6. Ahora bien, si quien sospecha, pero no sabe explicarse cómo entró en ese camino y quiere recuperar su integridad, es necesario un arrepentimiento que lo lleve ya no a disculparse sino a pedir perdón además de reparar el daño, cosa muy difícil, pero no imposible. ¿Por qué? Porque además de haber quebrantado su consciencia moral, la decisión de ocultar y mentir sobre muchos hechos lo ha separado de la sociedad y de Dios porque quiere aparecer como quien no es.

7. Pero lo infinitamente más grave en el caso de las Farc, el ELN y sus similares es que se han apartado de Dios, y espiritualmente son como muertos en vida, aunque conserven la plenitud de sus funciones vitales; se han apartado de la posibilidad de volver a ser honestos, si alguna vez lo fueron. Esa es la terrible realidad que señaló Jesús cuando dijo: “Dejen que los ‘muertos’ (para la vida eterna) entierren a los muertos.”

8. El único camino para volver a una vida congruente y hacer saltar la dureza a la que se aferran, es el arrepentimiento que rompe la rígida estructura que mantiene la voluntad en el crimen y el delito. ¿Y cómo opera ese arrepentimiento?

9. Empieza por admitir, sin justificaciones, una falta, una norma rota correspondiente a un valor al que se puede faltar por los más diversos motivos y siempre por debilidad, malicia o cobardía; el admitir todos los crímenes y delitos de lesa humanidad y pagar por ellos. Al hacerlo con sinceridad y la ayuda de Dios se sufre con el dolor nacido del amor que nos hace reconocer que hemos sido injustos, malos, con los otros; y brota entonces en lo más íntimo del corazón el deseo consciente de reparar.

10. Es una vuelta a la orientación fundamental de la voluntad en cuanto a su fin natural y a los valores que la perfeccionan en el bien, porque DIOS ES EL BIEN, pero sobre todo, un regreso hacia el valor más trascendental que consiste en el cumplimiento de los deberes relativos a la relación con el creador, al caminar hacia la luz, confiando en el perdón y el amor del Padre. Mis deseos sinceros es que para el 2018 meditemos un poco en el siguiente pasaje evangélico:

Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."

Los festejos y celebraciones del Padre al recobrar al hijo perdido, los hermosos vestidos, el anillo de oro, etc., son analogías para indicarnos que Dios no está enojado, ni es vengativo para exigir una retribución por nuestros pecados al dejar nuestra amistad espiritual con Él para aventurarnos en la experiencia humana. La gracia de Dios no es algo que debemos ganar o suplicar. Es una energía infinita de amor que nunca falta, incluso cuando nos sentimos más separados de ella. Pero si el amor es un asunto de voluntad y no solo de sentimientos, tenemos entonces la libertad de regresar a ese Padre Amoroso o negarnos a hacerlo. Es un gran placer para Dios que avancemos a través de esta experiencia humana, aprendiendo valiosas lecciones para que regresemos a nuestra Fuente con una apreciación más profunda por el amor y la abundancia disponibles allí. Esa es la verdadera paz y reconciliación, la del Hijo Pródigo que somos todos.

Ahora bien, muchos ponen su propia conciencia como testigo de que obran bien. Pero las afinidades con el bien y el mal, de pensamiento, palabra, obra u omisión son los frutos que en realidad hablan y se ven en una dimensión en la que nada queda oculto. Por todo lo anterior el verdadero arrepentimiento y perdón no pueden ser manipulados políticamente, pues el bien y el mal no son una opinión, una abstracción política, social o personal, sino una realidad tangible con sus inevitables leyes que se reflejan en lo que llamamos Cielo e Infierno y que comienza aquí en la tierra en el continuum de la conciencia de cada quien que es la misma que se va con nuestra identidad al otro lado.

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