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Martes 12 de Diciembre del 2017

En el viacrucis del justo, tribunal de honor

"La democracia colombiana debe arrancar ese caso de las garras de los enemigos del Justo."

Hizo bien el Justo en clandestinizarse.

    Caifás, quien odia el pensamiento, la palabra, la obra del Justo, quisiera llevarlo ante Pilatos; le exige humillársele; muere por coronarlo con las espinas del desprestigio y clavar sus brazos en la cruz del deshonor. Qué vergüenza para Colombia que su suerte esté en manos de tal Caifás, miembro de un círculo que nunca sería capaz de sostenerle al Justo su mirada limpia. Ese círculo que hoy detenta la Fiscalía tiene comprobadas complicidades en 'ochomiles', asesorías 'mancusianas' y practica la displicencia frente a la 'farcpolítica'.

    El Justo es sabiduría, valentía, honradez y transparencia en estado puro. Caifás, en cambio, se refiere a él como si fuera uno cualquiera de los criminales que gozaron de la amistad y asesoría de miembros del círculo de la actual Fiscalía.

    Todos los matices de la izquierda antiuribista rumiaron la venganza, prepararon la celada. Una frase que descubrí en el blog de Darío Acevedo, el más ilustrado y agudo analista político de Colombia, lo resume todo: "(…) la consigna de la extrema izquierda y de no pocos bobalicones de la burocracia humanitaria indicaba que (las desmovilizaciones de paramilitares) eran falsas. Obsérvese no más lo que afirma Pedro Santana, uno de los líderes de las Ong colonizadas por el humanitarismo europeo:

    "Restrepo fue pieza clave del uribismo en el intento de lograr la impunidad para decenas de miles de crímenes de lesa humanidad, para la legalización del despojo de más de 6,5 millones de hectáreas y, en general, para intentar la legalización de los mayores narcotraficantes de la historia contemporánea de Colombia".

    Caifás utiliza esas mismas palabras para escarnecer al Justo; para desfogar su odio infinito a la política de Seguridad Democrática en la persona que es emblema de ella. Sin sonrojarse, pide que se le trate como "líder de una empresa criminal". ¡Qué bellaquería! El Justo bien podría creer que Colombia lo ha abandonado. ¡No! Que un sector de la Fiscalía asuma el punto de vista de las Farc y de la cúpula de las Auc respecto a su obra liberadora no quiere decir que ellos representen a Colombia toda. Solo unos cuantos 'colombianos por las Farc' creerían que era un imposible moral la desmovilización colectiva de una estructura de las Farc y de uno de sus capos mafiosos. "El comisionado necesitaba -dice Caifás- desmovilizaciones colectivas de las Farc para legitimar el proceso que se venía surtiendo con los grupos de extrema derecha".

    'Semana', ecuánime esta vez, riposta al Caifás: "(…) si los desertores gota a gota se habían convertido en una poderosa arma contra la guerrilla, la desmovilización de una columna entera era un golpe a la moral de los insurgentes en el corazón de la selva. En otras palabras, el montaje ("montaje", diría yo) de la Gaitana no era tanto un engaño a la opinión pública como un mensaje para las Farc".

    El Justo tiene sed de justicia; que se valore su obra desde la perspectiva de la política antiterrorista, no desde la de quienes llaman a las Farc "luchadores altruistas". Hizo bien el Justo en clandestinizarse, aunque Caifás, desesperado, amenace a la abogada, maniobre para ganar el testimonio de Olivo Saldaña, desacredite el derecho de asilo, busque coros que acoliten su torpe arbitrariedad.

    La democracia colombiana debe arrancar ese caso de las garras de los enemigos del Justo. Instalar un Tribunal ad hoc que conceptúe sobre la venganza criminal revestida de acción judicial. ¿Vamos a dejar abierta una tronera para que se empotre en Colombia el tipo de justicia que rige y sufren en Venezuela y Ecuador?

José Obdulio Gaviria
Artículo en El Tiempo, 14/02/2012

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