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Lunes 11 de Diciembre del 2017

Entre el maestro de la verdad y la duda

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 19/11/2017

Exclusivo para FCPPC
 

Rodrigo Londoño Echeverri, alias "Timochenko" - Foto: lasillavacia.com

Hay muchos ejemplos en el mundo de comisiones de la verdad que por querer abarcarlo todo, no dieron resultado. Por eso tenemos que diseñar muy bien y de manera acotada la Comisión, de tal forma que lo que de allí surja sea verdaderamente útil. Así mismo, la selección de los comisionados tendrá que garantizar su absoluta independencia e integridad ética. Ha habido experiencias recientes de procesos muy complejos de selección de comisionados que –aunque participativos–han terminado en la escogencia de personas que luego han sido tachadas por su falta de idoneidad y por su parcialización. ¡Eso no nos puede suceder!

Juan Manuel Santos, Foro sobre Cultura de Paz y Justicia Transicional, 23 de julio de 2014

Compromisos de contribución al esclarecimiento: “Tanto el Gobierno Nacional, como las FARC-EP se comprometen a contribuir decididamente en el proceso de esclarecimiento de la verdad y a reconocer sus respectivas responsabilidades.”

Fuente: ABC Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición.

Dijo en la cruz el Maestro de la Verdad: “Perdónalos porque no saben lo que hacen.” Buscó Jesús una excusa para perdonar y clamó al amor superior del Padre, ante la inconsciencia de sus enemigos que no sabían que asesinaban al Hijo de Dios. Uno queda admirado y conmovido; eleva a Jesús al sitial de Héroe Moral, Dios Salvador y Misericordioso y nos sentimos seguros porque nos sabemos perdonados al creer comprender ese sacrificio y confiar en Él. Sin embargo, en ese sacrificio hay un misterio. El equivalente de esa relación espiritual y cotidiana en la sociedad profana es la del Papá Estado que nos perdona los impuestos e infracciones. Eso quieren las Farc por lo que eliminan los cuestionamientos de un nivel superior de conciencia.

Pero si somos honestos, en la edad adulta no podemos pretender esa estúpida inocencia a nombre de lo que nos dé la gana. Porque si nos hacemos esa reflexión en relación con un Ser Superior y si por responsabilidad con ese Ser, digo: “Perdóname porque no sé lo que hacía” y sigo haciéndolo, ¿Quién soy? En el comunismo, el partido y la ideología son su ‘dios.’ Aunque parecido a la confesión católica, los comunistas soviéticos llamaban a ese proceso de toma de conciencia, autocrítica ante el partido. La diferencia es que no hay arrepentimiento genuino ante Dios, propósito de enmienda ni reparación. De ahí que se creyera que uno era un traidor ante el común, al no tomar en serio su reflexión o ‘confesión’, por lo que se declaraba a la persona un detestable burgués al intentar imponer su falsa ‘superioridad’ al mundo, siendo consciente de su ignorancia, lo que lo convertía en un delirante peligroso, digno a veces, del manicomio o el Gulag.

La ‘confesión’ a las buenas o las malas era en la URSS el amedrentamiento político ante la posible disidencia. Y se atrevían a decir, por ello, que las lacras del capitalismo se habían eliminado; obligando a creerlo y confesarlo políticamente. Las Farc ‘creían’ que no eran narcotraficantes hasta cuando las evidencias y las pruebas dijeron lo contrario. Uno de los intentos de la JEP es que ‘confesemos’ lo que no hemos hecho para estar de acuerdo con la versión proletaria de paz, la eliminación de la burguesía por cualquier medio. ¿Será la Comisión de la Verdad del mismo talante intelectual en su selección de textos que apoyen los testimonios de las víctimas desde qué perspectiva? He notado que mucho se habla de para política, pero poco de Farc política, y estamos enfrentando ese proceso.

Por otra parte, ¿qué sucede al otro extremo del espectro moral cuando a nombre de la sociedad acepto la responsabilidad de conocer la verdad de ese tipo de persona para convertirla en un documento de memoria histórica cuando no puedo garantizar su verdad y además existe sobre mí la duda razonable de si actuaré con empatía, compasión o justicia, de acuerdo con mi ideología, o modo de pensar, en mis juicios de valor sobre los hechos? Desde luego que esta es una pregunta para los señores integrantes de la Comisión de la Verdad, pero también para nosotros como comunidad. Es la pregunta que se hace un juez responsable honrando una opinión pública respetable.

Un ejemplo. Actuar con empatía es ponerme en los zapatos del otro. Lo hicimos en el caso de Yuliana Samboní gracias a que los medios relataron los detalles de su asesinato, parte de su vida, la de su familia y la semblanza del asesino, Rafael Uribe Noguera. No nos queda duda de que los 58 años de cárcel son merecidos. ¿Sabemos lo que hacemos? Quizá respondamos que sí porque los hechos están claros, nuestra conciencia no duda, por lo que la sociedad tiene un consenso; se siente en paz con ese juicio. Estoy seguro que los de las Farc también estarían de acuerdo. Pero también puedo, basado en la empatía, actuar estúpidamente para ‘parar un baño de sangre’ o ‘conseguir la paz a cualquier precio’, porque no guardo una proporción sabia con la empatía que debo prospectar para quienes no estén de acuerdo con mis decisiones. Ese es un estadista. Pero su falta de sabiduría lo convierte en un presidente partidista.

Por otra parte, si Rafael Uribe Noguera fuera amnistiado ¿lo aceptaría usted como candidato presidencial? No; y los de las Farc quizá digan que tampoco, si están en favor de la niñez. Cualquiera sea la razón, ese NO está basado en un discernimiento ético. Ahora bien, ¿recibirían los que comparecen ante la ‘Comisión de la Verdad’ el mismo juicio ético por un crimen similar? No sabemos. ¿Recibirían un juicio justo de acuerdo con el abominable crimen al comparecer ante la JEP? No. Porque hay una excusa: el conflicto, el concepto de justicia transicional y el de víctima con enfoque regional; además, el Presidente lo negoció y la Constitución lo autoriza. Eso engendra, para efectos de impunidad ética y jurídica, que el comentarista de Semana (La Comisión de la Verdad, Edición 1854) diga:

“Es frecuente que los procesos de negociación política para terminar conflictos incluyan un mecanismo de esta naturaleza (Comisión de la Verdad). Así ha ocurrido en todo el mundo, porque las diferencias sobre la interpretación de la historia de la violencia son una de las causas mismas del enfrentamiento. En consecuencia, construir una narrativa unificada que reúna altos niveles de consenso se considera una condición necesaria para cambiar el curso de la historia. Las víctimas de la guerra, además, no van a ser resarcidas con justicia plena para los victimarios –porque se aplicarán penas reducidas dentro del concepto de justicia transicional–, y la construcción de una verdad compensa esa necesidad. Hay víctimas que prefieren el conocimiento pleno de los hechos sobre la aplicación de la justicia.”

Con ese modo de pensar la violencia es una INTERPRETACIÓN HISTÓRICA de aquel que la narra; y la justicia una opinión personal. Pero el dolor de las víctimas no cambia, según la interpretación de sus narradores. Por eso llama la atención que el mismo comentarista diga: “Estaba cantado que el sacerdote jesuita Francisco de Roux saldría elegido y que sería el presidente. Su trabajo en favor de los derechos humanos es ampliamente reconocido.”Yo pensé que elegirían a alguno de los directivos del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Por ello nuestra conciencia de empatía hacia la equidad, justicia, la historia, la política y el perdón queda destrozada. Frente a esa conciencia hecha añicos, Santos nos pide que seamos generosos con la Farc y con él, por supuesto. ¿Por qué no podemos? Porque Santos y sus amigos nos están pidiendo que seamos moral y éticamente estúpidos. Y para decirlo en la sabiduría coloquial quieren aplicarnos la LEY DEL EMBUDO, lo ancho para ellos, lo angosto para nosotros. Santos y las Farc no tienen conciencia del gana-gana ético, característica de una negociación justa.

Porque los de las Farc aceptan y aplican el mismo concepto de justicia que comparten con la sociedad (en el caso de Yuliana Samboní) para sus enemigos, (castigo justo de acuerdo con el delito) pero no para ellos y sus amigos. ¿Qué hará entonces la Comisión de la Verdad como narradora del conflicto, si va a incluir esa verdad? Si Yuliana Samboní fuera la hija de alguno de ellos, ¿qué rasero de verdad le exigirían o aplicarían al asesino? La situación es improbable, pero la pegunta es válida como guía de evaluación ética de la tal comisión. Quizá por eso el Profesor Moisés Wasserman escribió: “Ética para la JEP.”
Los seres humanos buscamos certezas pragmáticas, materiales, de garantía de honestidad, etc.; y cuando no las tenemos entonces, in dubliis abstine, como dicen los juristas y la gente del común, aplicamos la sabiduría de: en caso de duda, abstente. Eso pasó con el No.

¿Cuáles son mis certezas? La verdad no se contradice entre lo que dice, hace y prueba; otros la dividen entre verdad jurídica y humana; la hay también corrompida, comprada o influida; por ese motivo la limitada visión que tienen el señor Santos y las Farc sobre la ‘verdad’ que se ha trasmitido al país, lleva al Presidente a decir, cuando firmó los decretos que crean la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y la Unidad Especial para la Búsqueda de Desaparecidos: “Eso (La JEP y la comisión de la verdad) no les gusta a ciertos sectores que pretenden que el proceso (de paz) se limite al desarme de las Farc, precisamente porque no quieren reconocer responsabilidad”. También dijo: “Algunos se han opuesto rabiosamente a la Jurisdicción Especial porque le tienen miedo a la verdad”, pero agregó que “no se trata de desatar una cacería de brujas”, sino de “alentar a quienes hayan tenido alguna responsabilidad por las violaciones cometidas en el marco del conflicto, a reconocerla.” Pero, con ese juicio tan ‘sabio’ del Presidente ¿por qué no se pregunta por qué a los miembros del Secretariado sí les gusta la JEP y su ‘verdad’? ¿Son más ‘valientes’ o tienen un as bajo la manga como su protector?

En cambio, la misión de la Comisión de la Verdad dice: “Busca esclarecer lo ocurrido en 52 años de conflicto entre el Estado y la ex guerrilla de las Farc, promover el reconocimiento de las víctimas y de las responsabilidades de los actores, y propiciar espacios públicos de reflexión.” Pero si esto es ‘verdad’ ¿contará Santos todo lo que ocurrió en La Habana al tenor de suscitas arriba mencionadas? ¿Tendría el país acceso a las cintas que, supuestamente, deberían haber grabado TODAS las sesiones de La Habana, si estamos hablando de una negociación transparente? Esa sería mi primera certeza de verdad sobre la que podría emitir juicios valederos. ¿Por qué no ofrecen esa verdad al país los señores negociadores de manera libre y espontánea y sí pretendían imponer a los civiles la comparecencia obligada?

Con el escenario anterior se me hace inocuo creer que con ese tipo de verdad se consiga algo, si tenemos en cuenta que entre los miles de promesas del Acuerdo hay una que se olvida: “garantía de no repetición.” Por lo que el señor Santos pareciera desconocer la naturaleza humana cuando cree que ‘confesar’ los pecados va a hacer que no se vuelvan a cometer. Eso no ocurre con los locos lúcidos que solo se curan cuando hay un VERDADERO ARREPENTIMIENTO, PROPÓSITO DE ENMIENDA Y CONTROL DEL ESTADO, es decir, cuando la persona posee, como dicen los sicólogos, un locus de control interno, conciencia moral y ética, en oposición a lo que la mayoría ejerce y asume: el control de la sociedad, de lo externo, o la conciencia de conveniencia. Sin embargo, la persona madura sana y equilibrada tiene ambos controles.

Más aterrizado y honesto me parece el editorialista de El Tiempo cuando se pregunta en “La comisión de la verdad” (Nov.11/17) “por qué el país tuvo que transitar por estos caminos de barbarie,” ya que al responder esa pregunta y actuar el estado en consecuencia, quizá se pueda encontrar una solución para la no repetición. La falta de una perspectiva estudiosa y objetiva ha llevado a la opinión sobre la guerra a lo que hoy llaman polarización; y con ello se pretende neutralizar la falta de certezas de lo ocurrido. El Padre De Roux dice: “Lo que me da miedo es no responderles al país, a las víctimas y a la gente que está tan dividida.” (Entrevista “Presidente de la Comisión de la Verdad quiere hablar asiduamente con militares” El Tiempo Nov.12/17)

Pero, Reverendo Padre de Roux es SU RESPONSABILIDAD trasmitir una historia OBJETIVAMENTE VERAZ, avalada con hechos y pruebas, o reconocer que no se puede hacer eso. No nos interesan pareceres históricos, para que esa verdad sea creíble, respetada, honrada. Lo que trata de hacer la justicia común y corriente, lo entendemos porque confronta verdades y hechos, para ello cuenta con el apoyo adecuado, y aunque se la denigre no es mejor ni peor que la ‘verdad humana’, pues ambas son el resultado de un ser con dos naturalezas enfrentadas permanentemente en el bien y el mal. Así que las ‘comisiones de la verdad’ son un invento político cuya contribución a la verdadera justicia está en duda. La división de las personas es un hecho real, pero no es caprichoso; además, el pueblo no tiene la preparación para escribir memorias históricas. Jesús dijo la verdad y fue asesinado. Y después de haber probado que era VERAZ Y FIEL, ha sido y será amado por los cristianos, no necesariamente por otros pueblos o etnias.
LA NO REPETICIÓN. ¿Cómo se garantiza? ¿Con la verdad? No lo creo; porque hay muchas formas de contar la verdad. En TV me presentan el prontuario de Timochenko y quedo informado. Hablo con él y, de pronto, al ‘comprenderlo’, puede haber compasión, hasta perdón, pero la sociedad necesita justicia. Como pasó con Juan Pablo II; perdonó a Alí Agca, pero tuvo que pagar su deuda con la sociedad. Mediante películas, fotos, testimonios directos de víctimas, puedo conocer sus crímenes. ¿Cuál será mi reacción? Odio, miedo, furia, asco, sentimientos primitivos, que finalmente evolucionan hacia el concepto de ENFERMEDAD que hay que eliminar por medios drásticos y efectivos. O, por la gracia de Dios, reconociendo mi debilidad humana le pido el milagro de Su Paz, más allá de toda comprensión. Por eso, en todo este escenario desesperado, debe entonces entrar en juego la realidad profesional del ‘control de la violencia’ generada por el narcotráfico, por ejemplo. Por eso son inefectivas, socialmente, los intentos de ‘paliar’ el sufrimiento de las personas mediante ‘predicadores empáticos.’ Perdonar, en esas circunstancias, requiere de otro nivel de experiencia poco accesible en nuestros días: la Fe que puede llevarnos a una consciencia diferente de trascendencia de las nimiedades humanas.

Y cuando no funcionan esos predicadores’ entran en escenas los defensores de Derechos Humanos a predicarles a las víctimas, no a los victimarios. VEMOS ENTONCES CÓMO SURGE LA POLARIZACIÓN; POR LA FALTA DE SABIDURÍA EN LA APLICACIÓN DE LA EMPATÍA Y LA COMPASIÓN CON UNOS GRUPOS Y NO HACIA TODOS POR PARTE DE LOS QUE SE SUPONE QUE TIENEN AUTORIDAD MORAL. Por ese motivo, ¿Qué hace la sociedad para evitar todos esos escenarios de confusión que terminan culpabilizando al inocente, buscando la certeza de la no repetición?
1. Lo que hicieron en Nuremberg, hacen en China y otros países: Ajusticiar a los máximos responsables y sus colaboradores para que haya certeza de que el mal no puede regir los destinos de la sociedad como se pretende en Colombia cuando las Farc postulan criminales para regir el país. No estoy de acuerdo con la pena de muerte, pero comprendo que es un recurso desesperado cuando el mal, de manera cínica, pretende sobrepasar al bien e imponerse en la sociedad disfrazado de política.
2. Concientizar a toda la sociedad sobre la atrocidad. ¿Qué hicieron los judíos? Expusieron el Holocausto de tal forma que hicieron esa conducta REPUDIABLE para toda la humanidad, a pesar de no haber estado involucrados todos los estados en la Segunda Guerra Mundial. El nazismo se convirtió en una vergüenza mundial. Pero parece que eso no sucede CON LA DROGA NI LAS ACTIVIDADES CORRELACIONADAS DE LAS FARC porque son un buen negocio.
3. Todas esas actuaciones de los nazis fueron elevadas a crímenes de lesa humanidad y no hay perdón. Lo mismo deberían hacer con la muerte lenta y despiadada del narcotráfico. En China, país comunista, lo es. Valdría la pena que se estudiara cómo ‘desmovilizó’ Mao a 70 millones de adictos. Solamente ejecutó 10 capos, pero concientizó a la comunidad de PRESIONAR PERMANENTEMENTE a los narcos de toda índole. El Papa Francisco cree que sin la comunidad es imposible acabar con esa plaga.
4. ¿Por qué no hay conciencia del ‘holocausto colombiano’? ¿Se establecerá esa conciencia con una Comisión de la Verdad? Quizá. Y no lo explicaré yo, sino que cedo este espacio para que lo diga el Centro Nacional de Memoria Histórica. Esa es la razón por la que el título de este escrito recoge la realidad de la duda. Ahora bien, si usted, amable lector, contrasta lo que dijo Santos en ese foro con la voz de los especialistas verá la visión de un político obsesionado, que vaticina su propio fracaso, con la voz de advertencia de los especialistas.

“El reto de la memoria histórica en una comisión de la verdad Gonzalo Sánchez dijo: “Hay un acumulado social e institucional que tienen que contar en una Comisión de la Verdad. Su función central puede ser la del reconocimiento de las víctimas, así como el espacio donde esas verdades producidas sean reconocidas como legítimas y públicamente transmisibles.”

“Aseguró, además, que aún hay deudas que en materia de verdad se mantienen en relación al período de la Violencia. “No se trata de hacer otra investigación, sino de llegar a acuerdos sobre los orígenes y las dinámicas. Cómo resolver esa pugna por el reconocimiento entre diferentes sectores de la sociedad.”

“A su turno, el director de Acuerdos de la Verdad del CNMH, Álvaro Villarraga, recordó que un ejemplo de la variedad de producción en memoria histórica es el caso de los procesos de desmovilización pero, debido a que se trata de procesos parciales, la verdad que se ha conocido también es parcial.

“A ello se suma un “maremágnum” de informes productos de ejercicios de construcción de verdad y memoria histórica originados en la sociedad civil, la academia y organizaciones de derechos humanos y de víctimas que se deben rescatar. “La gran sapiencia de una Comisión de la Verdad es unificar unos raseros básicos de interpretación en favor de las víctimas de los hechos protuberantes que nos una en un relato con mucho pluralismo a favor de unos objetivos reparadores”, detalló.

“Consideró, finalmente, que una Comisión de la Verdad deberá tener equilibrio y guía ética, además de tener cuidado de no caer en contradicciones pues las víctimas necesitan “respuestas fundamentales”.
EJEMPLOS DE PREGUNTAS FUNDAMENTALES PARA UNA VÍCTIMA LLAMADA PAÍS. En el 2017 la violencia colombiana la genera el narcotráfico y no conocemos muchas verdades. El 15 de noviembre de 2017 el General Naranjo fue entrevistado en la W por Julio Sánchez Cristo. Recuerdo que el asunto giró alrededor de las incautaciones asombrosas de droga. Sin embargo, la adicción se ha incrementado en EE UU y se asocia con el aumento de la producción colombiana. Una pregunta que NUNCA hacen sagaces entrevistadores es: ¿Qué pasa con la droga incautada? ¿Por qué no hay registros públicos de su destrucción avalados por la ONU? Pregunta fundamental. ¿Por qué las Farc no han ayudado a desmontar el negocio del narcotráfico si lo prometieron? Otra pregunta fundamental sin respuesta. ¿La conseguirá la Comisión de la Verdad?

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