Miércoles 22 de Noviembre del 2017

Ilegítimo por donde se le mire

Publicado en:

El Espectador  | 

Autor(a): Darío Acevedo Carmona  |

Fecha: 15/01/2017

 

Juan Manuel Santos presidente de Colombia - Foto: elheraldo.co

La decisión de la Fiscalía General de exonerar a Óscar Iván Zuluaga de toda responsabilidad en el escandoloso asunto del hacker Sepúlveda, podría, si este órgano se atreve a ir más allá en sus indagaciones, llevar a constatar que fue por una turbia jugada que el otro candidato, Juan Manuel Santos, obtuvo un triunfo que en franca lid hubiera perdido.

De suerte que el presidente en ejercicio tiene encima un manto de duda bastante razonable. El masivo fraude en algunos centros electorales de la Costa Atlántica, la compra masiva de votos y la infiltración de la campaña de Zuluaga deberían tenerse como hechos suficientes que configuran una situación de ilegitimidad tanto para el presidente como para todo su gobierno en ejercicio.

Hay que tener en cuenta que no fue un hecho aislado, pues de tiempo atrás el señor Juan Manuel Santos utilizó procedimientos indecentes para abrirse camino en la política y en su aspiración presidencial. Los hechos que de él se conocen dan para concluir que estamos ante una persona acostumbrada a artimañas y picardías, y que apela a métodos que nos revelan a un ser  dispuesto a arrasar con principios, valores, normas y leyes con tal de alcanzar sus objetivos.

Haber propuesto e intrigado con guerrillas, paramilitares y sectores políticos institucionales un golpe de estado contra el presidente Ernesto Samper no fue una ocurrencia. En 1999 en una entrevista en la que defendía las negociaciones Pastrana-FARC, reconoció que él y las FARC tenían muchas cosas en común.  No es cristalina su actitud en el tema de los llamados “falsos positivos” pero lo evidente es que sacrificó al comandante del Ejército, que está hoy contra las cuerdas, uno de los gestores de la Operación Jaque y a otros altos oficiales, para eludir sus responsabilidades como ministro de Defensa.

En 2010 esperó, agazapado, que su principal rival para suceder a Uribe, Andrés Felipe Arias, cayera víctima de una emboscada de la que aún no ha podido librarse, para lanzarse como el continuador de las exitosas y aprestigiadas políticas de Uribe. Quedó en evidencia que engañó a Uribe, al uribismo y a sus electores porque se hizo elegir con unas banderas para poner en ejecución las de los derrotados.

A lo largo de las negociaciones de paz, un proceso que inició con apoyo entusiasta de la opinión pública, él mismo, con una posición condescendiente y débil con las FARC y prometiendo cosas que después incumplía, fabricó el desprestigio de esas negociaciones: (habrá cárcel, las FARC entregarán las armas, responsables de crímenes atroces no irán al Congreso, ni la Agenda Nacional ni la Constitución serán negociadas, etc.).

Pero lo más grave, si es que es posible hallar conductas mucho más dolosas, no solo desde el punto de vista ético sino penal, fue lo hecho para forzar la aprobación del acuerdo de paz. Algunos demócratas de smoking, de esos que escriben en las columnas de los diarios disertaciones alambicadas para relativizar el alcance del mal causado, han sido incapaces de hacer la luz donde todo es oscuro. Y es que haber transformado la derrota del Acuerdo en el plebiscito del 2 de octubre a través de una maniobra engañosa, pérfida y temeraria, debería ser suficiente para encauzar al presidente por desconocimiento de la voluntad popular.

Y, para redondear la faena, propiciar el golpe de estado por medio del cual quedó suspendida o eliminada la separación de poderes, se le otorgó a una guerrilla terrorista sin haber entregado o dejado las armas la condición de constituyente, que lo dotó de plenos poderes por seis meses prorrogables, que sustituyó la Constitución reformando aspectos del bloque de constitucionalidad a través de métodos espurios y en cuanto asaltó el derecho exclusivo que al respecto le corresponde al constituyente primario.

El golpista frustrado de los noventa, hoy es “exitoso”. Su golpe no es visto por muchos como tal porque no hubo sangre y porque a la manera del de Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953, contó con el apoyo de los “altos poderes”. La comunidad internacional y organismos que se han desnaturalizado como la ONU y gobiernos que no saben el agua que los moja, han venido a aplaudir al ilegítimo.

Si a estas bajezas ha llegado este presidente y este gobierno y si tienen apoyos que ya darían para hablar de un “Régimen”, cosas peores pueden ocurrir en los días que vienen. Me pregunto si habrá garantías plenas en las elecciones de 2018 y llamo la atención para que se solicite la veeduría de organizaciones internacionales libres de mancha o sesgo ideológico.

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