Sábado 21 de Octubre del 2017

Investigaciones y atentados

Se comprenderá que es un elemento de supervivencia el interés que tengo en las investigaciones que esclarezcan la tentativa de asesinarme y la muerte de mis dos amigos escoltas. Porque es obvio que los que fallaron en su intento del 15 de mayo, querrán ensayar de nuevo. Las causas siguen intactas, y los grupos asesinos también.

Me sorprendió la rapidez con que el presidente Santos y el General Naranjo quisieron desviar la investigación hacia hipótesis que saben imposibles. El viejo truco que se usó con los crímenes de Luis Carlos Galán y de Álvaro Gómez se puso en marcha sin tardanza. Cuando no me recuperaba de las cirugías a las que fui sometido por los excelentes médicos de la Clínica del Country, ya estaban los personajes de marras atribuyendo responsabilidades a los mismos imaginarios grupos de derecha que pusieron la bomba en el monumento levantado en Bogotá a la memoria de Laureano Gómez. Las Farc no podían quedar envueltas en estos actos de terrorismo, para no dificultar las "conversaciones" de paz que ya se habían iniciado.

El problema se les complicó porque el Fiscal, que de buena fe investigaba, propuso de inmediato la conclusión obvia de que mis frustrados asesinos eran los mismos que me estaban amenazando hace diez años, que me tenían instalado en todos sus computadores como su principal objetivo militar y que me hacían seguimientos permanentes. Era imposible ocultar y fingir más: eran las Farc.

Los autores materiales empezaron a caer y otra vez, sin asomo de pudor, el Presidente se refirió a ellos como delincuentes comunes. Que por una parte no lo son, pues una bomba que mata y hiere indiscriminadamente a persona protegida, es un acto terrorista y los que la ponen han cometido un delito de lesa humanidad, que en medio de conflicto armado es, además, crimen de guerra. Y por la otra, no puede el Presidente proponer como tesis sobre mi atentado el que me quisieran cobrar cuentas personales o que estuviera involucrado en malos comportamientos, o que tuviera dudosas amistades. No obraban por su cuenta los que querían matarme, señor Presidente.

Las Farc tenían que usar a alguien para seguirme y poner la bomba. Lo importante no son esos verdugos, la vieja ocupación que tiene tantos candidatos en miles de años de historia. Lo importante es saber quiénes los arman y con cuáles propósitos. Que es en lo que no avanza un ápice, porque no conviene. La verdad, en éste como en tantos delitos de su género, ofusca y daña, no solo a los que lo cometen, sino a los cobardes o perversamente interesados en mantenerla oculta.

¿Por qué me querían matar? Es verdad que como Ministro del presidente Uribe ayudé a rescatar este país de las garras de las Farc y de los llamados paras y del narcotráfico. Es verdad que defendí con éxito la Conmoción Interior que permitió armar un ejército adicional de cien mil hombres; es verdad que revivimos la extradición de narcos a los Estados Unidos y que lleva mi firma la orden consiguiente para más de 150 bandidos; es verdad que preparé la Ley de Extinción de Dominio y que nos incautamos de bienes y tierras que valían más de mil quinientos millones de dólares; es verdad que supervisé y ordené fumigaciones que redujeron a la mitad la superficie sembrada de cultivos ilícitos; es verdad que me negué rotundamente a conceder la famosa franja de diez kilómetros de profundidad en la frontera para limitar las aspersiones aéreas; es verdad que reviví y puse a funcionar el Consejo Nacional de Estupefacientes; es verdad que no dejé salir de la cárcel a los Rodríguez Orejuela, a costa de la sanción que me impuso un Procurador indigno. Todo eso es verdad. Pero 10 años después, la causa tiene que estar más próxima.

Y se me ocurre que a algunos no les interesa que en estas columnas que la prensa me ofrece y en mi espacio radial "La Hora de la Verdad" diga cosas que no convengan para oídas. Cuando están negociando la Nación, es mejor callar periodistas que lo digan y lo expliquen. ¿Sería por eso?

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