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Miércoles 17 de Enero del 2018

La madriguera

Mil veces ha dicho el señor presidente Juan Manuel Santos, que los actos terroristas de las Farc, cada vez más audaces, dañinos e impunes, se deben a su debilidad y al hecho fundamental de que la fuerza pública las sacó de sus madrigueras, donde hasta ahora anduvieron.

 

Y como salieron de su madriguera, no han tenido más remedio que volver el Cauca un campo de guerra. Atacan Toribío y Caldono y Caloto y Argelia y Miranda, en la desesperación que les produce andar fuera de sus madrigueras. Como están lejos de sus madrigueras se han tomado el departamento entero, cayendo desde la cordillera al Océano Pacífico, desde donde exportan las muchas toneladas de narcóticos que siembran en asocio con los indígenas y campesinos de la región. Cuando vimos las escenas de Toribío, el Gobierno decía que armaban tanta bulla porque iban a sacar más de 30 toneladas de cocaína que tenían almacenadas. Si las hubieran interceptado, ya lo sabríamos. El silencio indica que, al fin, pobrecitos desterrados de las madrigueras, las pusieron en la "gofast" y los sumergibles y los otros buques de que disponen.

 

También por estar lejos de sus madrigueras, se han apoderado del Departamento del Putumayo, donde andan miles protestando porque los quieren volver mineros, cuando les gusta es la cocaína, como se comprueba por su exigencia de que se abandonen las fumigaciones con glifosato. ¡Es que hacen tanto daño en sus plantaciones de plátano y yuca!

 

En el mismo martirizado departamento, tienen casi extinta, o por lo menos paralizada, la producción petrolera, otrora, cuando estaban en sus madrigueras los bandidos, promisoria y próspera.

 

El Departamento del Caquetá trae el mismo camino. El secuestro del famoso Langlois, el despeje que se hizo para rescatarlo y el festejo por su liberación, bastarían para demostrarlo. Pero sumemos el atroz asesinato de la madre que daba a luz a una criatura que condenaron sin nacer; el dominio que ejercen sobre esas tierras; la insoportable presión sobre las petroleras que allá se instalaron atraídas por la seguridad que el gobierno del presidente Uribe les ofrecía, y la voladura del puente que comunicaba la zona agrícola más rica del departamento con el Caguán, y queda completo el panorama.

 

El Departamento de Norte de Santander se ha vuelto un infierno. Las voladuras del oleoducto se volvieron tan frecuentes como en la época más negra y los ataques a los civiles y los asesinatos de policías son de insufrible frecuencia. Todo eso pasa porque las Farc se sueltan de su madriguera mayor, cierto amplio espacio que se llama República Bolivariana de Venezuela. Por supuesto que "mutatis mutandis" es lo que acontece en Arauca y la Guajira y a todo lo largo de la Serranía del Perijá.

 

Escribimos estas líneas cuando recibimos pésimas noticias del Sur de Bolívar, por los lados de Santa Rosa. Por allá parece que se les metieron al Eln en su madriguera, y el pobrecito no tuvo más remedio que salir a demostrar su debilidad tomándose esa región. Como pasa con las Bacrim en el nudo de Paramillo, en el Bajo Cauca antioqueño, en el Guaviare y en el Meta. Y para cerrar el círculo, recordemos, por si alguien lo olvida, que también por desesperadas no tuvieron las Farc más remedio que venirse a poner bombas en Bogotá. Algunas no explotaron y de otra, en la calle 74 con Avenida Caracas, escapamos con vida por milagro de Dios.

 

La historia es bien sencilla. La Seguridad Democrática metió lo que quedaba de las Farc y del Eln en lo más profundo de la selva, huyendo como conejos de las Fuerzas Militares y de Policía. El presidente Santos, alma bendita, las sacó de la madriguera y se las trajo para los cuatro puntos cardinales de Colombia.

 

Y por eso andamos tan infinitamente cansados con el cuento. Porque al principio parecía un mal chiste. Pero se ha vuelto una agresión a nuestra inteligencia y a nuestra paciencia. Si algo quisiéramos pedirle al Presidente, es que ataque a las Farc y las obligue a meterse en su madriguera. Y que no las deje salir de allá.

 

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