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Lunes 22 de Octubre del 2018

LA SORPRESA ZULUAGA: COLOMBIA FRENTE AL FUTURO

Autor(a): Antonio Sánchez García  | 

Fecha: 14/05/2014

Exclusivo para FCPPC
 

La reciente información de la revista semana, Zuluaga puntea por primera vez en las encuestas (http://m.semana…), asoma apenas la punta de un iceberg que se hunde en las profundidades de las querencias de la sociedad civil colombiana: la decisión de rectificar la grave opción asumida hace cuatro años, con el concurso de todos los demócratas de la región que temieron un giro a la izquierda de su principal contrincante, AntanasMokus,  de elegir en la Presidencia de Colombia al ex delfín de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, confundida por la insólita capacidad de mimetismo político de la mano derecha de Uribe en la guerra frontal contra las narcoguerrillas de las FARC, que galopó en la campaña montado en políticas ajenas, como si hubieran sido propias, con el fin de alcanzar el poder y torpedearlas para mal de Colombia, de Venezuela y de América Latina. Con ello los electores parecen recordar el tango del admirado Carlitos Gardel, caído en sus tierras hace 77 años: “un tropezón, cualquiera da en la vida”. La hora de la rectificación habría llegado.

Difícil confirmar y dar por buenos los resultados que plantea la encuesta reseñada por Semana, teniendo en consideración la experiencia de los pasados comicios presidenciales, cuando a semanas de los comicios Santos perdía por una considerable diferencia, para terminar ganándolas por un amplio margen. Recuerdo el llamado desesperado que recibiera de mi amigo Fernando Londoño pidiendo consejos para enfrentar esa eventual catástrofe. Hombre cercano al líder indiscutido de la democracia colombiana, Álvaro Uribe, su preocupación expresaba un sentir compartido por la sociedad civil, atosigada por décadas de guerra civil y oscurantismo guerrillero. Hoy cabe preguntarse si no hubiera sido preferible que Santos jamás hubiera entrado al Palacio Nariño. Es lo que vuelve a plantearse con particular dramatismo.

Afirma Semana que “según el sondeo del Centro Nacional de Consultoría difundido en el noticiero CM&, Zuluaga obtendría en primera vuelta el 24% de los sufragios, mientras que su competidor más cercano, Santos, se quedaría con el 22%.” Y para aclarar cualquier duda nos confirma que, según la misma consultora “en la hipotética segunda vuelta Zuluaga obtendría el 42% de los sufragios, ocho puntos más que Santos, que se quedaría con el 34%.” Siendo ésos los resultados previsibles en una tendencia que los observadores veníamos constatando  desde hace por lo menos un mes – el rápido crecimiento de Zuluaga en las simpatías del electorado colombiano cruzado con un aún más rápido descenso de las favorables a Santos – todo hace presumir que mientras más se acerque la crucial fecha de los comicios, mayor reforzamiento encontrarán dichas tendencias. Siempre con las naturales reservas de la experiencia de las anteriores elecciones presidenciales.

Lo que sí es perfectamente legítimo afirmar es que, gane o pierda Santos, sus veleidades y traiciones frente a la política de seguridad democrática impulsada por Álvaro Uribe, que le asestara un golpe demoledor a las FARC, le pasarán una pesada e impagable factura. No se puede llevar adelante una política de diálogo contra los principales enemigos de la paz colombiana en territorio cubano, legitimando de paso a la peor tiranía de América Latina en sus quinientos años de historia, con un frágil respaldo popular. Lo que verdaderamente hace más que deseable, para los colombianos, nosotros sus principales vecinos y la región entera es que en las horas que restan las preferencias se decanten definitivamente a favor de Zuluaga y sea electo Presidente con un respaldo suficiente como para volver a enrumbar a nuestros vecinos por la senda de la Paz, la prosperidad y la seguridad democrática.

Siendo más que previsible un dramático cambio en las coordenadas políticas de Venezuela y el regreso a la plenitud de la democracia en esta porción del subcontinente, el triunfo de Zuluaga sería una importante señal de que América Latina estaría iniciando un dramático y beneficioso giro hacia un futuro libre de los nubarrones de la tiranía castrista y la obsecuencia de UNASUR y la OEA frente a las dictaduras bajo el parapeto de las izquierdas. Colombia ya sería otra.

LAS CUATRO FALACIAS

Digo cuatro falacias, por retórica. Pues son incontables. Constituyen una trama de mendacidad y engaño, densa, difusa y persistente, nociva y asfixiante como los mismos gases lacrimógenos a los que justifican con su avieso y venenoso reparto de responsabilidades: 50% a la dictadura y 50% a la Resistencia. Quienes las difunden, irresponsablemente, aún no se enteran de que la verdad tiene su hora. Ya está sonando. Nada ni nadie podrá impedirla.

"La voz de un pueblo es peligrosa cuando está cargada de ira."

Esquilo

La verdad, como se ha convertido en lugar común, es la primera víctima de la guerra. Y que no es necesario que las pasiones se hayan desbordado al nivel de las tragedias para que la mentira encuentre libre cauce, ha quedado más que demostrado al fragor de estos meses de rebeldía. Si la verdad ha terminado por imponerse, falsearla ha sido uno de los primeros objetivos no tanto ni principalmente intentados por la dictadura, lo que no sólo parece lógico, sino necesario a sus fines manipulativos. Lo ha sido por quienes, tan interesados como el régimen en refrenar la insurrección democrática en curso, pues en ello les va la vida, agotan sus esfuerzos por construir su propio discurso de los sucesos. Nos referimos a quienes, sin haber soltado una sola gota de sudor, tragar gas, recibir palos, ir presos, ser torturados, secuestrados y asesinados, malversan la verdad para convencer a sus desorientados seguidores y compañeros de ruta que vivimos un mundo al revés, como poetizaba José Agustín Goytisolo, quien soñaba con ovejitas malvadas, lobitos buenos, piratas honrados, brujas hermosas y príncipes malos.

La primera falacia, impuesta por el régimen y asumida de inmediato por los voceros de AD a la cabeza de los restantes partidos de la MUD, asomaba el espantajo de la guerra como única alternativa al sometimiento. O diálogo o balas, dijo en su momento Edgar Zambrano. “O diálogo o nos matamos todos” replica Henry Ramos, asumiendo esta vez la vocería de la cohabitación. Poco importa que no hayamos disparado una sola bala y todos los muertos nos los hayan matado ellos. Miente, miente, que algo queda.

La segunda de las falacias afirma que el diálogo es la única alternativa, lo impuso la MUD, que obligó a la intervención de la UNASUR y constituye, por lo mismo, la primera victoria de la oposición oficialista. Detrás de esta flagrante falacia cuelgan otras más pequeñas o aparentemente más inofensivas, que cumplen con el mismo propósito: desbancar a los verdaderos protagonistas de estos dos meses de luchas heroicas, como las describiera el Nobel Mario Vargas Llosa, para atribuírselas a los burócratas que corrieron a montarse en el Barco del Amor requeridos por el castrismo reinante. Sin los millones de venezolanos luchando en las calles y regando de sangre las calles de Venezuela, no se entera ni se asoma la UNASUR, no se espabila Lula da Silva y la MUD estaría preparando las elecciones del 2019. La verdad, lo dijo Esquilo, es la primera sacrificada en el altar de los combates.

La tercera falacia exige calma y paciencia. Si las conversaciones de Paris – podrían afirmar los dialogantes de marras respaldando su propuesta de dialogar ad infinitum – tardaron cinco años con todos sus días y sus noches en dar sus frutos con la humillante derrota de los Estados Unidos y la gloriosa victoria del Vietcong, ¿a qué tanto apuro de radicales y extremistas que salieron a las calles para despertar la conciencia libertaria? Lo del reclamo por nuestras urgencias ya se lo había oído a otros compañeros de ruta, si bien antes del 12 de febrero, cuando predecían el fracaso total del llamado de Leopoldo López a coger la calle y no esperar por tiempos mejores. Tanto se equivocaron, que el llamado fue seguido por millones de venezolanos. Los únicos, los verdaderos, los auténticos dueños de esta rebelión que conmoviera – y seguirá conmoviendo – al mundo. No los descendientes de Alfaro Ucero, Rafael Caldera y Teodoro Petkoff que pretenden escamotearla.

Toco el tema, por una tercera falacia que se une a la de la apropiación indebida de la rebelión estudiantil y popular: Leopoldo López no sería su principal, ni siquiera su más destacado propulsor. Como tampoco María Corina Machado ni Antonio Ledezma, todos los cuales se habrían montado en el carro de la insurgencia por puro oportunismo, dándole codazos y echando por la borda los acuerdos ya establecidos en el Sanedrín de la cohabitación, consistentes en no precipitarse en acciones inconsultas, que la idea era obedecer a pie juntillas la cartilla del CNE y seguir el almanaque de las calendas griegas.

Las falacias no requieren respuestas estrictamente ceñidas a la verdad, porque entonces dejarían de ser falacias. Requieren adentrarse en el sórdido y nebuloso territorio de las medias verdades. Y al escamoteo del legítimo liderazgo de quien está pagando con prisión su derecho a ejercerlo y quien ha sido inhabilitada por no hacerle asco a decir la verdad con todas sus aristas, se suma una retahíla de falacias menores. Me dicen: el movimiento estudiantil no es movimiento ni es estudiantil. A se odia con Zeta, Alfa con Gama y Épsilon con Omega. Lo cual viene a significar más o menos lo siguiente: Leopoldo está preso por echón, María Corina perdió su silla por ir a Sevilla y Antonio Ledezma podría perder la alcaldía por su obstinada porfía.

O si se lo prefiere, quien no se eche a dormir la siesta en los chinchorros del diálogo y “las conversaciones de paz” – así desde sus inicios ya cuente con varios cadáveres – que lo vaya sabiendo: no cuenta con los partidos del establecimiento. Que aquí, los que más orinamos – hipérbole o rodeo de una expresión mucho más grafica y rotunda habitual en uno de sus capitostes – somos nosotros: yo en AD, él en PJ y aquel en UNT. Que aquí mantuanos y falsos descendientes de Bolívar no corren.

La falacia que a mí más me ha conmovido tiene que ver con el trastrueque de valores, aquel del que Brecht se burlaba en uno de sus poemas dirigidos a los nazis cuando les decía: “Así, como que la lluvia cae de arriba hacia abajo, que tu eres mi enemigo de clases.”  Pues en tiempos de tenebrosas confusiones y ganancias de pescadores, como los que vivimos, sobran “de lado y lado” aquellos que quieren convencernos que llueve de abajo hacia arriba. Que a los asesinos no se les encarcela, sino que se los invita a compartir una amena conversación en una mesa redonda y a los asaltantes de caminos no se les pone en chirona sino que se les sienta en la silla de al lado. Un whisquisito mediante. Que a los tiranos se les convence con buenas y santas palabras y que expulsar a los fariseos del templo es una falta de respeto cristiano. Pon la otra mejilla y ve a planchar tu mortaja. “O conversamos o nos matamos todos”.

Como la guarimba ha sido la prueba de fuego de la contestación, apenas un asomo de la insurgencia que se anida en las profundidades de nuestra indignación, como el 12F cortó de un solo guamazo la cuerda de la sinvergüenzura estirada durante 14 años por el chavismo y puso al régimen a llamar a gritos a sus compinches de la UNASUR – que no fue ni una imposición ni una victoria de los apaciguadores, sino una maniobra extrema de quien los ha mantenido pegados a la teta de la vaca petrolera – y a los mismos apaciguadores para que le sacaran las patas del barro, que ya les llegaba a las rodillas, la más divertida de las falacias afirma que hay que ser un líder de tomo y lomo para afirmar pública y desafiantemente que se está de frente contra las guarimbas. En su mundo al revés los valientes no son quienes han montado las trincheras y enfrentado a los mercenarios, esbirros y asesinos a sueldo del régimen llevando gases, perdigones, balas dumdum, palo, patadas, fracturas, pedradas, cascazos, conmociones craneanas, violaciones con fusiles, prisión, desaparición forzosa y otras linduras, a pesar de lo cual no se arredran y vuelven a la calle, sino quienes tienen el coraje de manifestarse en contra de la violencia – “venga de donde venga y sea del lado que sea”. Me los imagino diciéndolo y lavándose las manos.

En el rechazo a la violencia “venga de donde venga y sea del lado que sea” – un lamentable y patético despropósito pues quienes lo afirman saben perfectamente que la violencia proviene de un solo lado, el del Estado, que además de poseer el devastador poder de sus fuerzas armadas, tanques, aviones, barcos, miles y miles de efectivos policiales y parapoliciales, ha invertido los millones y millones de dólares que no invierte en medicinas y en alimentos en la compra de bombas lacrimógenas, fusiles lanza lacrimógenas, pistolas y metralletas de última generación, escudos, uniformes blindados, tanquetas especialmente acondicionadas para reprimir manifestaciones, carros lanza aguas y todo un siniestro arsenal sin otro propósito que amedrentar, aplastar, reprimir, sofocar, aterrorizar y asesinar a quienes obedeciendo a sus más nobles impulsos libertarios arriesgan sus vidas por la libertad de todo un pueblo. ¿O las más de cuarenta víctimas mortales, que hasta hace unas horas continúan cayendo, fueron asesinadas por extraterrestres o deben endosarse a la cuenta de la decencia nacional que ha salido a la calle con sus manos vacías?

Digo cuatro falacias, por retórica. Pues son incontables. Constituyen una trama densa, difusa y persistente, nociva y asfixiante, como los mismos gases lacrimógenos a los que justifican con su avieso y venenoso reparto de responsabilidades: 50% a la dictadura y 50% a la Resistencia. Quienes las difunden, irresponsablemente, aún no se enteran de que la verdad tiene su hora. Ya está sonando. Nada ni nadie podrá impedirla.

LOS SIBILINOS

Tengo sobre mi escritorio: Los jefes, la Casa Verde, la Ciudad y los perros, Conversaciones en la catedral, La Guerra del fin del mundo y otras obras del Nobel peruano Vargas Llosa. Que precisamente por haberle declarado su amor incombustible al Perú de Los ríos profundos y a la América sideral de nuestros desvelos, con marchas y contramarchas, afectos y desafectos frente a todos sus avatares políticos desde la Universidad de San Marcos de los años cincuenta, ha dedicado su vida al Arequipa de su entrañas y a esa Lima la horrible que contaba Salazar Bondy. Sin duda el peruano más universal, como sería indiscutible negar que Borges no lo fuera de Argentina, Neruda de Chile y Lezama Lima de Cuba. Así las circunstancias los hubieran obligado a nacionalizarse imaginariamente uno en Suiza, otro en la Unión Soviética y el de más allá en los Estados Unidos.

Pues los caprichos de la globalización mediática y mi pésima costumbre de leer todas las mañanas la prensa española, entre otras,  me obliga a enfrentarme a un reportaje de su maravilloso paso por Caracas de estas últimas horas en las que el corresponsal venezolano de uno de los más importantes medios impresos en nuestra lengua se sienta en la obligación de definir al más peruanos de los peruanos como "Nacido en Perú y de nacionalidad española", cosa que, la primera, pudo suceder a meses de haber sido parido y la segunda cuando a su capricho le vino en ganas. Sibilinamente, como para dejar en suspenso la definición axiológica sobre los compromisos existenciales del Nobel y sembrar la duda sobre su vinculación con su patria de nacimiento y su patria de adopción. Sibilinamente pero tan irresponsablemente pergeñado, como para que un par de frases después dejara colar, en el clásico entrecomillado de la cita textual, vale decir en palabras del propio nacido en el Perú y nacionalizado español: “Vengo a decir lo mismo que digo en mi país o en España”. Por lo visto, al corresponsal de marras no le bastó la aclaratoria del reseñado, de modo que se vio en la obligación de decir que él nació en el Perú, pero tiene la nacionalidad española. Albricias: una mosca en la leche. Digno de Aporrea (http://www.apor…).

Si la izquierda castrista no se hubiera dedicado a tratar, inútilmente, por cierto, de sembrar cizaña con lo de la nacionalización de Vargas Llosa, cuya nacionalidad a estas alturas es un grano de arena en un desierto, como que él mismo a estas alturas se declara poco menos que venezolano – “he recibido la bandera de Venezuela con más emoción que el Nobel de literatura” – no le hubiera prestado mayor atención al sibilino comentario. Con lo que tampoco vengo a decir, sibilinamente, que el corresponsal de marras debe pasar por caja de El País los quince y últimos con la misión cumplida de haberle dado un tirito al régimen y otro tirito a la oposición. Que cada empresa es dueña de cuidar sus intereses crematísticos y empresariales como mejor le convenga.

No es la primera vez que encontramos estas perlas en el pajar venezolano de El País: ya me referí críticamente en un artículo anterior a otro envío de su corresponsalía caraqueña en el que a la regenta del prostíbulo judicial del chavismo, la señora Ortega Díaz, reconocida y fichada policialmente como dura y extrema militante de la ultraizquierda desde los tiempos del castrismo universitario en que era llamada “la China” y de los subterráneos de cuya Fiscalía General de la República salieran los asesinos de los tres muertos del 12 de febrero, súbita y sibilinamente atemperada ante la opinión pública española y latinoamericana que consideran a El País la biblia del periodismo hispanoamericano como mera y poco menos que casual, discreta y azarosa “simpatizante del gobierno”.

Si, como dijera Esquilo en la antigüedad clásica y se le citara hasta la saciedad en estos siglos de mortíferos enfrentamientos bélicos, la verdad es la primera víctima fatal de las guerras, las medias verdades son su quinta columna. En estos tiempos en que entre la dictadura y la resistencia cruza una difusa línea de sombra – como la que le da título a la excepcional novela de Joseph Conrad que describe las angustias y adversidades existenciales del ingreso al definitorio mundo de la madurez – sobran los sibilinos que en sus columnas, sus programas de opinión o sus horas de radio y televisión cruzan las talanqueras como los contrabandistas que van de un lado al otro de la frontera entre Venezuela y Colombia: cada tantos minutos y  varias veces al día.

Contrabandean mentiras o medias verdades, que son peores. Los escucho o veo sobándoles el lomo a los capitostes de la dictadura y tratando de poner en aprietos a los líderes estudiantiles y a los políticos opositores que asumen sus responsabilidades en las filas de la resistencia. “Si, claro, desde luego, el gobierno debiera autorizar la protesta, pero ¿no crees tú que las guarimbas propician el caos, el terror y la violencia? ¿Tú estás de acuerdo con las guarimbas? ¿Apruebas que haya habido muertos por guayas puestas por los guarimberos?” Ante lo cual el entrevistado se ve de pronto entre la espada de decir lo que realmente piensa – “SÍ, COÑO, ESTOY DE ACUERDO. ESE MUERTO BIEN MUERTO ESTÁ!” – o caer en la celada del sibilino y buscar excusas, rastrojear legitimaciones, pedir disculpas y responder con un patético, “bueno, es lamentable, en realidad, etc., etc., etc.” O esta otra: “todos los procesos de tal polarización causada por los extremismos de lado y lado” – Capriles ama la fórmula, porque mata dos pájaros de un tiro: descalifica a todos sus competidores y se auto eleva al altar de la santidad supra espacial – “han sido resueltos mediante el diálogo, pero vemos que tú te has mostrado en desacuerdo con el diálogo… Tu ¿estás de acuerdo con una salida violenta que podría conducirnos a la guerra civil? ¿No crees que debemos aplaudir el esfuerzo del gobierno y de la MUD por convocar a una mesa de diálogo?”. Recuerdo a una vecina que detestaba ver aparecer visitas a la hora de la merienda y recibía con un “¿Usted no quiere servirse un cafecito, no es cierto?”. ¿Quién se atrevería a contrariarla?

Nunca en Venezuela se había refinado tanto el arte de la mentira en bruto o la aviesa tecnología de lo sibilino. Navegar en el piélago de la mentira, el engaño, las medias verdades se ha hecho tan propio del régimen, que proclama que llueve de la tierra al cielo, sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. De un lado, la mentira en bruto. Con todos los medios a disposición o en vías de ser adquiridos o saqueados por sus administradores. TV, prensa y radio gritan a voz en cuello: “Capriles asesino…” y Capriles, sin arrugarse, responde: “mentir no es propio de una auténtica izquierda. Este gobierno es de extrema derecha”. Mentiras tan colosales y afirmaciones acomodaticias tan absurdas, que ni siquiera el piadoso espíritu que las anima puede quitarle su fetidez de coprofagias. Al extremo de preguntarnos si las piadosas mentiras del candidato obedecen a una maquiavélica maña de sus asesores de izquierda, que le compran a Lula la idea de ir a cogobierno con la dictadura y repartirse las ganancias, o si se debe a una cierta debilidad intelectual suya y de su más íntimo entorno. Comprobada la sabiduría gallega del “piensa mal y acertarás” no dudo un segundo en pensar en la granuja pillería de la primera de las opciones y su perfecto complemento: la bobalicona y menguada ambición intelectual de la segunda.

Pero de que estamos cercados por pillos, granujas, gestores y candidatos, no me cabe la menor duda. Alimentan a sus sibilinos. Merecen buenos salarios.

LA COMISIÓN DE LA MENTIRA

"Solo la verdad es revolucionaria" afirmó Antonio Gramsci. Se verifica en los hechos, en la calle, en los anhelos de nuestros jóvenes libertarios, en los cientos de miles que salieron a las calles un 11de abril para impedir la tragedia que a su pesar lleva 12 años consumándose desde entonces. Llámenla Comisión de la Mentira, y no tendremos nada que objetar: sería una verdad del tamaño de una catedral."

Mientra el régimen y su oposición cantan albricias por disponerse a constituir una comisión de la verdad – como si nadie supiera en Venezuela quién devasta, saquea, entrega la soberanía, reprime, encarcela y asesina en este país – 57 cadáveres fueron ingresados a la morgue asesinados en el fin de semana más sangriento del año. Contribuían a elevar la cifra de homicidios del mes a 375 asesinados, con un plus de trascendencia digno de llenar no sólo las páginas de sucesos sino las de todos los editoriales del país: el cadáver irreconocible del más significativo esbirro del régimen, Eliécer Otaiza.

Anticipándose al más que improbable veredicto de la comisión que promete resultados tan concluyentes como los del Santo Tribunal de la Inquisición que condenara a Galileo Galilei por propalar la falacia heliocentrista – ¡sostener que no era el sol el que giraba en torno a la tierra, sino la tierra la que lo hacía en torno al sol! – la madre de un adolescente asesinado a balazos en Petare, sin necesidad de recurrir a un sanedrín de políticos "de lado y lado" sentenció: "el caso no será resuelto. En este país no hay justicia, Señor".

Si del cálculo somero de los más de 25.000 asesinatos ocurridos bajo el gobierno de Nicolás Maduro en 2013 más del 90% ni siquiera ha sido investigado, al igual que por lo menos 180.000 de los más de 200.000 ocurridos durante el reinado del socialismo bolivariano todavía hoy imperante, tras 3 lustros, valga decir: tras tres gobiernos completos y sucesivos que en el pasado, por ejemplo, ocuparan Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, o Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, resulta obvio que para que esa comisión de la verdad llegara a elementales conclusiones tendría que prolongarse durante varias décadas, si no siglos. Y ello suponiendo que sus miembros fueran independientes, expertos y probos, lo que, todos lo sabemos, no fue, no es ni será el caso.

Escarbe entre comisionados "de lado y lado" en una montaña de basura – por cierto: provocada por uno de los dos grupos de escarbadores – durante el tiempo que quiera tras la búsqueda de un diamante rosado y puedo asegurarle que terminá exhausto con una sola verdad maloliente y putrefacta en sus manos vacías: escarbaba en una montaña de basura. Y asi se haya comprometido Usted a no revelar la verdad de la que estaba perfectamente consciente antes de entrar a formar parte de esa rimbombante "Comisión de la Verdad": el basural es de propiedad exclusiva del bando que aceptó constituir tan inútil comisión.

Hay algo de aviesa hipocresía y de burda y cómplice obsecuencia en quienes se vanaglorian de tal "Grupo Mud-Miraflores". ¿Necesita un venezolano mínimamente consciente de lo que sucede en su país comisionarse para saber que Simonovis, los comisarios, la jueza Affiuni, Leopoldo López y los cientos de muchachos detenidos e inculpados por la sra. Ortega Díaz – que nos diera la noche de este martes 28 de abril de 2014 por CNN una de las más bochornosas representaciones de "nuestra" Justicia del Horror – son absolutamente inocentes y de que sus sufrimientos son causados con el propósito de marcar a sangre y fuego las ansias de libertad de todo un pueblo por ellos representados?

Digámoslo sin ambages para ver de frente la humillante función que Capriles, Ramos Allup, Borges, Aveledo&Cia. han optado por asumir: ¿necesitamos una comisión de la verdad para establecer fehaciente, meridiana, cartesianamente, que se dialoga con una dictadura que devasta, oprime y traiciona al país? ¿Y que ella y sólo ella es responsable de los cientos de presos políticos, alguno, como Simonovis, prácticamente condenado a muerte, que escandalizan al mundo, así la misma sra. Ortega Díaz tenga la insolente desfachatez de afirman sonriente urbi et orbe que en Venezuela" no hay un solo preso político"? Dicho, por cierto, en los mismos momentos en que Aveledo se ufanaba de los avance en la conformación de la tan mentada comisión de la verdad.

"Solo la verdad es revolucionaria" afirmó Antonio Gramsci. Se verifica en los hechos, en la calle, en los anhelos de nuestros jóvenes libertarios, de sus familias, en los cientos de miles que salieron a las calles un 11de abrl para impedir la tragedia que a su pesar lleva 12 años consumándose desde entonces. Llámenla Comisión de la Mentira, y no tendremos nada que objetar: sería una verdad del tamaño de una catedral.

EL NORTE

La perfecta respuesta del perfecto idiota latinoamericano: culpable por todos los estropicios que causan no puede ser otro que “el Norte”. Responsable por los dos meses de las manifestaciones más conmovedoras, sacrificadas, efectivas y llevadas al extremo del martirio por cientos de miles de estudiantes universitarios y liceanos venezolanos no fue la indignación que bulle en sus entrañas, conscientes de que la dictadura les cercena el pasado, el presente y el futuro de sus vidas, sino “el Norte”. Más que un punto cardinal, el pretexto perfecto de los idiotas de la izquierda latinoamericana para explicar todas sus falencias, su incapacidad, su proverbial indigencia mental y su bíblica acumulación de torpezas y errores.

Hasta la caída del muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, que arrastrara en su agonía a todas sus dictaduras satélites – salvo las inefables tiranías antediluvianas de Cuba y Corea del Norte – sin que “el Norte” hubiera disparado un solo tiro, “el Norte”, más que la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Pentágono, era la CIA. Si la CIA hubiera tenido la cantidad de agentes que los Castro le atribuían, hubiera estado en perfecta capacidad de ganar todas las elecciones celebradas en el hemisferio. Pero haberla convertido en el epitome de la injerencia del Imperio servía a tapar todas las barbaridades causada por la inveterada estupidez de las izquierdas. Nada, ningún fracaso de mucha o poca monta – el desastre de las guerrillas venezolanas o la caída de Salvador Allende – hubieran acontecido sin la intervención de la mano peluda del gorilaje de la CIA.

Lleva cincuenta y cinco años legitimando a la tiranía castrista. La izquierda chilena o argentina, boliviana o ecuatoriana, nicaragüense o uruguaya no cree ni en el desastre castrista – “la más grande tragedia de la historia de Cuba”, en palabras de Carlos Franqui, uno de sus creadores – ni que las tribulaciones que sufren sus habitantes, esclavos inconscientes de su propia esclavitud,  se deban a los desastres de una revolución fracasada: culpable es el bloqueo, culpables son los Estados Unidos. En una palabra: la CIA. O, en lenguaje folklórico del inefable dictador de Venezuela: el Norte.

Si la UNASUR y la MUD le han servido de salvavidas de ocasión, con no poca eficacia, por cierto, legitimando la brutalidad policial, militar y para militar causante de cuarenta y un muertos, cientos de heridos y miles de presos, le faltaba ese algo que un izquierdista – en este caso un izquierdista de la extrema, la castrista – necesita como el oxígeno: la justificación ideológica. Maquiavélicamente incapaz de reconocer su gigantesca, su colosal responsabilidad – tema que no parece formar parte del temario de los diálogos que se celebran en Miraflores entre el régimen y su oposición – dio por fin en el clavo, seguramente inspirado en algún consejo de Raúl Castro, Ramiro Valdés o el general Cintra, que comanda a las fuerzas armadas de Venezuela – decir “venezolanas” sería un oxímoron – : el Norte. Vale decir: el Imperio, la CIA, el Departamento del tesoro. Y sin que se le arrugue la cara ha afirmado, lo que constituye el titular de primera plana de algunos periódicos de la región, como La Tercera, de Chile: "Nicolás Maduro asegura que dinero del "norte" financió protestas en su contra".

Calza como anillo al dedo a la opinión pública chilena que sigue las orientaciones de una militante socialista dura como Michelle Bachelet, criada en la llamada República “Democrática” Alemana (RDA), la más servil, obsecuente y estalinista de las dictaduras satélites. Y a todos los socialismos de la región, que no saben, no quieren, ni tienen por qué saber, que las barricadas fueron hechas espontáneamente por muchachos y vecinos con bolsas de basura, troncos de árboles, colchones usados, muebles viejos y hasta sanitarios rotos, para lo cual no necesitan de un solo bolívar – la moneda más devaluada del Hemisferio – ni muchísimo menos de un dólar, que sólo están en las exangües arcas del Banco Central o en las suculentas cuentas de la nomenklatura chavista, que los tienen por miles y miles de millones en todos los paraísos fiscales del planeta.

Como me provoca recordar a cada paso dado por la estulticia (des)gobernante de Venezuela, vuelvo a citar a Antonio Gramsci, el gran pensador y dirigente del comunismo italiano a quien desgraciadamente sus bastardos herederos desconocen: “Sólo tú, estupidez, eres eterna”.

ND El horror al K.O. 3 Mayo, 2014

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.” Bertolt Brecht

Alguna vez le leí a Fausto Masó afirmar, palabras más, palabras menos, que la oposición boxeaba excelentemente bien, pero no sabía rematar. A la hora de dar el puntillazo, como los toreros al toro herido de muerte, o el boxeador su uppercut terminal, se le nublaba la vista, le temblaba el pulso y erraba el golpe. Jamás noqueaba. Desde el 11 de abril.

opinan los foristas

Comparto su opinión, así las consideraciones que me llevan al mismo diagnóstico difieran, como es natural. Atribuyo las causas del fracaso en el remate a la clasificación que estableciera Bertolt Brecht a la hora de la verdad, cuando los alemanes se vieran puestos entre la espada de la rebelión o la pared de Auschwitz. A la hora de la verdad, sólo quedan los imprescindibles. Que son los menos.

Lo que en nuestro caso es una verdad a medias: quedan los imprescindibles, que parecen mayoría activa y combatiente, que sostienen el fulgor de la Resistencia, y que entretanto han muerto, son perseguidos, desterrados o están presos. Sobreviviendo, a su sombra, los perfectamente prescindibles, que fueron buenos, pero llegado el momento de la verdad carecen de la lucidez, la grandeza y el coraje de asestarle el puntillazo al toro malherido. Son los que fueron buenos un día, un año, muchos años, pero dejaron de ser imprescindibles.

Sólo un ciego o un cínico podría negar la inmensa, monumental importancia de estos dos meses de vibrante Resistencia. Que tuvo un doble valor: demostrar que sólo la calle era capaz de poner a tambalearse a la dictadura y obligarla a mover cielo y tierra para evitar lo que amenazaba con convertirse en su puntillazo final: la subordinación de todas las fuerzas opositoras a la dinámica de la resistencia. Que además se ganó, de paso y sin buscarlo, el favor de la opinión pública internacional que comprendió la naturaleza dictatorial y tendencialmente totalitaria del régimen, mostrándola proclive a respaldar con alma, corazón y vida, a las fuerzas de la Resistencia, avalando la salida democrática que a bien tuviera imponer. El puntillazo. O si Ud. prefiere, el K.O. Por forfait o en una democrática competencia. Arrodillar a la dictadura y obligarla a medirse en comicios limpios, justos y transparentes. El único instante en que las elecciones volverán a tener sentido en la Venezuela de la decadencia.

Jamás comprenderé las razones del rechazo de las direcciones de los partidos políticos a sumarse a la Resistencia – y me refiero concretamente a los secretarios generales de AD, PJ, UNT y COPEI – y la insólita obsecuencia con que aceptaron, por el contrario, sumarse a los esfuerzos por llevarla al fracaso emprendidos por el Gobierno y UNASUR mediante un diálogo sin otro verdadero propósito que impedir el puntillazo, el K.O. Esfuerzo relativamente exitoso, aunque sólo por ahora, pues ninguno de los presupuestos de la grave crisis han sido ni serán solventados, Y no lo serán ni siquiera con el insólito auxilio del gran empresariado nacional, que sumándose a la MUD prefiere medio sobrevivir a media máquina, a la rastra de CADIVI, limosneando divisas, sin ninguna certidumbre a futuro, que reconquistar el Estado de Derecho y hacer reinar en nuestro país el pleno derecho a la propiedad privada, la libertad de empresa y el libre mercado.

No se me ocurre otra razón – pensando desde el mercantilismo empresarial de quienes han sido los principales financistas de la Mesa de Unidad Democrática – que la de evitar un período de caos y disgregación que pudiera afectar la buena marcha de sus negocios. Tanto los crematísticos de quienes confunden la prosperidad de sus negocios con la buena marcha de la República, como las ambiciones políticas de los protagonistas, que se consideran insustituibles como para volver a ser lo que fuéramos. Y darle, con buena fe, el beneficio de la duda: esperar por una precipitación del régimen en los abismos arrastrado por su propio peso, como una fruta podrida, y convertir así la obtención del Poder en mero trámite de rapiña utilizando la vieja sabiduría caudillesca del “mango bajito”. Algo así como la ley del chinchorro esgrimida por el golpismo vernáculo a la hora de los preparativos del 4F. Viene a decir algo así como que cuando esté en su punto más bajo, no importa quién estuviera en la presidencia, lo tumbamos. Obvio: electoral, pacífica, constitucionalmente. Los 3 mitos de la pusilanimidad política nacional.

Ni ese liderazgo, ni ese empresariado de postín, ni esa teoría del chinchorro y el mango bajito toman en consideración un hecho tan palpable, obvio y evidente, que da vergüenza volver a recapitularlo para que terminen de asumirlo gentes sin ninguna duda de destacada inteligencia: éste no es un mal gobierno, como los que Chávez y sus comandantes pretendieron agarrar durmiendo hundidos en el chinchorro o colgando de las ramas a centímetros del suelo. Ni está hundido en las contradicciones de sus hienas y pirañas internas, como CAP en manos del CEN de AD, los rencores del calderismo y la cizaña de los Notables. Ni tiene a sus espaldas unos ejércitos golpistas y traidores. Esta es una dictadura de tomo y lomo, castrocomunista, proto totalitaria, dispuesta a despellejarnos si no nos arrodillamos. Lo acaba de afirmar Maduro diciendo: si la oposición no se pacifica, la revolución dejará de ser pacífica. Si te dejas por las buenas, no te violo. La vieja dialéctica de los filibusteros y asaltantes de camino: la bolsa o la vida.

Lo dice cuando el agua, que tenía hasta el cuello, comienza a darle un segundo aire, escapándose por los sumideros de la MUD. Y no se dirige, obviamente ni a CaprilesRadonsky ni a Ramos Allup, que los sabe incapaces de agarrar una botella, meterle un cuarto de gasolina con un pedazo de trapo y quemar algunos de los instrumentos represores de la amenaza del sátrapa, por cierto: en legítima auto defensa. Antes fenecer que perder la vida. Se lo dice a esos miles y miles de muchachitos que luchan por su futuro y la dignidad de una Patria que ven aherrojada, humillada y pervertida, ante la preocupación de los empresarios que temen por sus stocks, no se les vayan a quedar fríos, se entibien y estropeen. Dizque defendiendo miles de puestos de trabajo, pero al costo de la desaparición de la República, incluidos esos miles de puestos de trabajo. Y de los políticos, que ya calculan cuántos diputados obtendrán en su larga marcha a las elecciones presidenciales del 2019: cien pájaros volando.

Yo me quedo con el certero y atinado viejo diagnóstico de Fausto Masó. Pero veo, con grandes esperanzas, que el sector que ansía el puntillazo y quiere verlo noqueado o arrastrado por una cuadrilla sacándolo de la arena ha aumentado en progresión geométrica. Porque además son los únicos que combaten. Mientras los prescindibles de siempre, causantes en gran medida de esta tragedia – ¡si hasta tumbaron a Carlos Andrés Pérez! – se aferran a los últimos salvavidas. Los comparten con el dictador y sus esbirros. No cabrán todos.

Y así, no podrán evitar el hundimiento. Ni el puntillazo. Ni el K.O. Es un imperativo de la historia.

LA MUD Y EL DESAFIO DE LA HISTORIA

Cuando la MUD se vuelva sin temores, resquemores ni reservas hacia el futuro y las fuerzas de la rebelión se fundan con ese reservorio de nuestro pasado sin dudas ni sospechas, habremos creado una fuerza irresistible que derribará todos los diques y abrirá, por fin y definitivamente los portones de la historia. ¿Es posible? No hay respuesta sin intentar encontrarla. Es el desafío de la historia.

Carl Schmitt, el gran teólogo de la política al que suelo citar como base categorial de muchas de mis apreciaciones críticas, solía centrar el cambio histórico en dos actitudes existenciales fundamentales de la conciencia política: la voluntad y la decisión. Pues la historia, así sea la expresión de las corrientes profundas que empujan en determinada dirección, no puede fijar por sí misma su propio rumbo: para ello depende de la conciencia activa de sus protagonistas.

Hugh Thomas, el gran historiador inglés, supo comprender ese papel de la conciencia activa del liderazgo en un hecho que le parecía contradictorio: enfrentados a dos dictaduras como las de Batista y Pérez Jiménez Cuba, que parecía contar con condiciones mucho más proclives a una transición democrática – había vivido mucho más tiempo y de manera aparentemente mas profunda largos ciclos de convivencia democrática – desembocó en una dictadura infinitamente más perversa, ruin y devastadora que la de Batista. Mientras que Venezuela, que a lo largo de todo el siglo XX no había contado más que con un breve período de libertades democráticas, aunque cauteladas por las fuerzas armadas, supo dar un salto descomunal hacia la plena democracia. Al extremo de convertirse en la antípoda paradigmática a la tiranía cubana. Responsables por ese quid pro quo no fueron sus pueblos: fueron dos de sus más excelsos líderes: Fidel Castro y Rómulo Betancourt.

Castro tuvo la infatigable voluntad de apoderarse y dirigir el giro de las circunstancias, decidiendo apostar por la construcción de una dictadura de corte marxista leninista. Rómulo, que había vivido la experiencia de la III Internacional y conocía al monstruo por dentro, tuvo la infatigable voluntad de crear un partido y aglutinar a su generación tras un objetivo común, con una sola y suprema decisión: construir la República Liberal Democrática, apostar a la conquista del gobierno y echar a andar el ciclo más provechoso y admirable de la historia moderna venezolana.

Ese ciclo se ha agotado. Y como producto de ese agotamiento histórico ha surgido la crisis existencial que estallara cuando frente a adversas circunstancias, fallara el liderazgo y fracasaran sus hombres. Para verse el país entrega al voluntarismo y al decisionismo de un hombre que supo cortar, en su momento, el nudo gordiano de la crisis, osar un golpe de Estado y empujar con toda su voluntad a quienes quisieran seguirle tras el asalto al Poder. Ese interludio de 14 años llegó a su fin con la muerte de su único sosten, el caudillo, quien, además, no fue capaz de construir instituciones y fundamentar un proyecto viable de país, y en lugar de dar nacimiento a un nuevo ciclo histórico ha venido a terminar de enterrar el que se arrastra desde la ruptura del Pacto de Punto Fijo, la debacle de su liderazgo y la traición de sus partidos y personalidades.

Se equivocan quienes creen que ese fracaso es reversible. La incapacidad intelectual y moral de Hugo Chávez como para darle coherencia y consistencia a su proyecto histórico y la ruindad que ha provocado, han terminado por arrastrar ese proyecto – el llamado socialismo del Siglo XXI – hasta el abismo. Agoniza. Nada ni nadie puede rescatarlo.

Es la dramática situación en que nos encontramos. Precipitada hacia su definición final por las fuerzas más conscientes, decididas y voluntariosas de la sociedad, brotadas del fondo de nuestras tradiciones – el movimiento estudiantil, exactamente como en 1928 y en 1958 – han mostrado la voluntad de enfrentarse al régimen agonizante y han asumido la suprema decisión de cortar por lo sano, llamando a la insurgencia, el desalojo y la construcción de una Nueva Venezuela: exactamente como se lo planteara en las dos grandes crisis del siglo pasado. Es el momento en que los líderes políticos capaces de atender al reclamo de la historia se ven enfrentados a los dos grandes elementos existenciales que se complementan para permitir la apertura hacia una nueva realidad histórica: la voluntad y la decisión.

Frente a esta grave, acuciosa y determinante circunstancia, las fuerzas políticas democráticas se enfrentan a lo que el mismo Carl Schmitt llama “el milagro”: ese momento único, específico, irrepetible en que se abren los cortinajes de la historia y ve la luz un nuevo ciclo histórico, hecho posible por la profundidad y naturaleza excepcional de la crisis. La Nación ha perdido pie, ha quedado al garete, sin anclaje institucional y a la deriva, a la espera del soberano: será aquel, serán aquellos que puedan cortar el nudo gordiano de la crisis y asentar una nueva soberanía.

Es el umbral de la nueva Venezuela en que nos encontramos. Las fuerzas democráticas, nuestras fuerzas, como el Dios Jano, tienen dos rostros: el que mira al pasado, dialoga, intenta salvar y rescatar lo insalvable y ya definitivamente perdido. Y el que mira, sin miedo ni angustias al futuro, seguro del porvenir que nos espera, así ese futuro se nos muestre lleno de riesgos e incertidumbres. Exactamente como sucediera tras el 23 de enero de 1958, nuestro modelo rector. Fundir ambos rostros en una fuerza capaz de dar el paso, cortar los puentes y hollar la terra incógnita del porvenir, he allí nuestra tarea. La misión que la historia nos ordena.

Cuando la MUD, ese nuestro rostro que mira al pasado, se vuelva sin temores, resquemores y reservas hacia el futuro y las fuerzas de la rebelión se fundan con ese reservorio invalorable de nuestro pasado sin dudas, prejuicios ni suspicacias, habremos creado una fuerza irresistible que derribará todos los diques y abrirá, por fin y definitivamente los portones de la historia.

¿Es posible? No hay respuesta sin intentar encontrarla. Es el desafío de la historia.

LA MUD EN LA ENCRUCIJADA

El incidente suscitado este jueves en el Senado norteamericano reviste una gravedad extrema, que afecta a la estrategia misma de las acciones de los partidos de la MUD, pues revela una voluntad inequívoca de evitar todo enfrentamiento con la dictadura que no sea la participación en comicios electorales. Y consiguientemente servirle de sostén institucional hasta, por lo menos, el 2019. ¿Por qué razones y con qué objetivos? ¿En qué lado de la historia se encuentran la MUD, su coordinador y su candidato?

La sesión sostenida este jueves 8 de mayo  en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano interpelando a una alta funcionaria del Departamento de Estado sobre la política del gobierno Obama frente a Venezuela ha desatado honda preocupación en sectores de la oposición venezolana, a los que ha salido al paso un “desmentido” de Ramón Guillermo Aveledo rechazando las inculpaciones de Roberta Jacobsen, subsecretaria a cargo de los asuntos del Hemisferio Occidental, quien afirma que su gobierno no ha tomado las medidas destinadas a frenar las acciones forajidas y violatorias de los DDHH cometidas por la dictadura venezolana y solicitadas con urgencia por congresistas demócratas y republicanos, obedeciendo  al pedido expreso de funcionarios de la MUD, que la habrían interpelado en dicho sentido, con el fin “de no entorpecer el diálogo”. Un diálogo que, en lugar de poner fin a la represión la ha acrecentado y en lugar de contribuir a la paz ha desatado una brutal guerra asimétrica: el Estado con toda su parafernalia bélica contra un pueblo desarmado. Un diálogo que, más allá de la buena fe de la oposición participante, si la tiene, ha rescatado a Maduro del colapso dándole un segundo aire a un régimen que boquea en medio de una crisis terminal.

La afirmación de la Sra. Jacobsen reviste extrema gravedad, pues de ser efectiva tal solicitud, la MUD estaría procediendo objetivamente en contra de los intereses de la oposición venezolana mayoritariamente decidida, como lo revelan las encuestas,  a enfrentar frontalmente al régimen, sirviendo, en cambio a los intereses de los promotores de dicho diálogo: el gobierno de Nicolás Maduro, el Foro de Sao Paulo y los gobiernos que lo respaldan, en consonancia con la línea estratégica de la tiranía cubana. Habría decidido, en los hechos, amparar al régimen dictatorial causante en sólo estos últimos dos meses de 41 asesinatos contra jóvenes opositores, encarcelado a miles e hiriendo a cientos de ellos. Apretando aún más la soga con la que pretende ahorcar las escasas libertades públicas que aún nos restan y sentando las bases de la entronización de un régimen totalitario en Venezuela. En otras palabras: la MUD sería, poco más poco menos y posiblemente sin consciencia plena de tan grave hecho,  una suerte de auxiliar de la dictadura en los predios del generoso y combativo movimiento de resistencia venezolano. Renunciando, por razones desconocidas, al imperativo de combatirla en todos los frentes y precipitar su salida: “cuanto antes, en bien de Venezuela y de América Latina”, como lo señalara en su último artículo el Nobel peruano Mario Vargas Llosa.

Basta leer con atención el lamentable y patético desmentido del Sr. Aveledo (http://www.twit…) para constatar que tales sospechas son más que mera expresión arbitraria del extremismo  radical de quienes respaldamos la Resistencia y luchamos por hacer cumplir las determinaciones constitucionales que nos imponen la obligación de luchar contra un régimen violatorio de sus principios constituyentes. Va mucho más lejos: dibuja un escenario en que sanciones drásticas contra la dictadura podrían, supuestamente y en un extraño ejercicio de imaginación anticipatoria, llegar a afectar al pueblo. Una vaga y muy inoportuna e innecesaria declaración en la que resuenan los ecos de la solidaridad del progresismo latinoamericano filocastrista con la tiranía cubana y el rechazo al bloqueo. ¿Es lo que ya anticipa el coordinador de la MUD?

En efecto: para “no afectar al pueblo” pide Aveledo tácitamente que no se afecte al régimen, y más en concreto a miembros destacados de la Boliburguesía, uno de los objetivo de tales sanciones promovidas por representantes de la Cámara Alta de los Estados Unidos. Pero particularmente a los funcionarios del régimen causantes directos de las graves violaciones a los DDHH. Sin ninguna duda, los más graves que se cometen actualmente en el Hemisferio y, por lo mismo, susceptibles de ser analizados y respondidos por los gobiernos y organismos que hacen de los derechos humanos causa constitucional. Sorprendente lógica pacificadora la suya, que imaginamos es expresión fiel de la de los partidos y liderazgos que coordina. Pues no se entiende a qué sectores específicos de la sociedad venezolana se refiere el Sr, Aveledo cuando habla de “pueblo”: si a quienes constituyen la carne de cañón del régimen y le sirven de plataforma de respaldo social, a las fuerzas armadas, policiales y a los colectivos hamponiles que desatan el terror de Estado en nuestros barrios. O, por el contrario, a quienes lo sufren pues han decidido asumir en sus manos la lucha por la emancipación de nuestra sociedad frente a un régimen ya abiertamente dictatorial y despótico. ¿O es que en realidad por pueblo entiende Aveledo exclusivamente a “los pobres del chavismo” sin la inclusión de los cuales el candidato Capriles pide no cuenten con él para ninguna acción de salida y bajo ningún pretexto, así el precio sea la entronización de una tiranía?

El incidente suscitado este jueves en el Senado norteamericano reviste una gravedad extrema, que afecta a la estrategia misma de las acciones de los partidos de la MUD, pues revela una voluntad inequívoca de evitar todo enfrentamiento con la dictadura, que no sea la participación en comicios electorales. Y consiguientemente servirle de sostén institucional hasta, por lo menos, el 2019. ¿Por qué razones y con qué objetivos? ¿En qué lado de la historia se encuentran la MUD, su coordinador y su candidato?

El desmentido entero, en lugar de aclarar la insólita revelación de la Subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, da lugar a las más tenebrosas suspicacias. Cumple a cabalidad la trampa de todo desmentido sustentado en medias verdades y abre campo a nefastas interrogantes. Confunde y nubla en lugar de aclarar y definir. ¿Hubo o no hubo gestiones de personalidades de la MUD ante el Departamento de Estado? Si las hubo ¿tuvieron el propósito de impedir las acciones de los Estados Unidos contra la dictadura venezolana? ¿Participó el Sr. Aveledo o algún otro miembro de la MUD en alguna gestión diplomática a espaldas del pueblo opositor, como lo asegura bajo juramento la más alta funcionaria del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental? ¿Qué propósito real y qué fundamentación táctica y estratégica habría tenido esa gestión? ¿Estaba en conocimiento del régimen y fue aprobada por el Sr. Maduro?

Quede al arbitrio del lector revisar el desmentido y extraer sus propias conclusiones. Lo que resulta indiscutible es que la afirmación de un alto personero del gobierno de los Estados Unidos en la Cámara de Representantes, bajo obligación de juramento, no puede sino estar estrictamente apegada a la verdad. El Congreso norteamericano no es la Asamblea venezolana. No lo preside un forajido ni está constituida por esbirros de una satrapía. La gestión de la MUD existió, tuvo por objeto impedir las sanciones solicitadas al gobierno norteamericano por senadores demócratas y republicanos, y según confesión de la Subsecretaria Adjunta cumplió su cometido. En otras palabras: la MUD impidió que se procediera contra funcionarios del gobierno y empresarios corruptos. Permitió, objetivamente, que el régimen continuara su agudización de la represión, como lo demuestran los hechos registrados la misma noche de este jueves.

Si el objetivo de la gestión de la MUD ante el Departamento de Estado, – en medio de la grave e insostenible debilidad del régimen, mientras  extrema la represión, incendia universidades, asesina estudiantes  y encarcela a manifestantes inermes y pacíficos -, ha sido la de auxiliar a la dictadura mediando para entorpecer las gestiones de quienes se han puesto clara y decididamente de parte de la oposición democrática venezolana, pidiendo la aplicación de las sanciones que corresponden, estaríamos ante un claro deslinde de los partidos que la integran respecto de las luchas libertarias de nuestro pueblo. Dichos partidos habrían decidido volverle la espalda a las acciones de rebeldía contra la dictadura.

La clave del triste y lamentable desmentido del Sr. Aveledo, con el que quisiera salvar su responsabilidad moral ante un acto de tal gravedad, se basa en el revenido pretexto de las dictaduras de izquierda y derecha para impedir que la comunidad internacional husmee en sus sórdidos entresijos: la autonomía de los pueblos y la no injerencia de las naciones en sus asuntos internos. Toda su arquitectura conceptual pretende reivindicar el derecho de los venezolanos a resolver sus propios problemas sin verse suplantados por regímenes extranjeros: “La Mesa de las Unidad trabaja por un cambio pacífico, democrático y constitucional en nuestro país. Un camino en el cual los protagonistas somos los venezolanos.

La comunidad internacional puede ayudarnos en esta lucha, pero en ningún caso podemos aspirar a que nos sustituya.” ¡Como si el Departamento de Estado pretendiera sustituir a la MUD! En boca de Maduro, sano y bueno, así sea un vulgar sátrapa de la tiranía cubana. En boca de un respetable abogado venezolano que coordina al principal paraguas de la oposición, un absurdo despropósito sin pies ni cabeza. ¿Es injerencismo y sustitución de derechos congelar las cuentas bancarias de los gobernantes y empresarios venezolanos corruptos, violadores de los derechos humanos y responsables de los peores crímenes cometidos en la región? Sencillamente patético y muy lamentable. Me hace recordar a Insulza, canciller de Patricio Aylwin, exigiéndole a los ingleses la devolución de Augusto Pinochet para ser juzgado y castigado en Chile. Jamás lo fue.

¿Llegó el momento del deslinde de las fuerzas opositoras, en aras de preservar la integridad de la lucha contra la dictadura? ¿La MUD es compatible con las formas de lucha de la Resistencia? ¿Coadyuva o entorpece el movimiento social por el desalojo de la dictadura? Ser o no ser frente a la dictadura. Ese es su problema.

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