Miércoles 22 de Noviembre del 2017

Los pozos de Santos

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El Tiempo  | 

Autor(a): Salud Hernández-Mora  |

Fecha: 10/08/2014

 

Pensar que a estas alturas del paseo, después de los cinco billones que La Guajira ha recibido de las regalías del carbón, gas y sal, tienen que mendigar unos carrotanques.

Si yo fuera Santos, me daría pena viajar a La Guajira para anunciar unos pinches pozos. Cuatro años después, lo que tiene para mostrar son unos pocos pozos que inauguró Iragorri con parafernalia y muchas promesas huecas. Dicen que son 3.000 los niños muertos de hambre. En otros parajes habría bastado para tumbar un gobierno o, al menos, un ministro. Aquí sirve para que los políticos saquen pecho con limosnas de última hora.

Por cierto, eché en falta en su discurso a los guajiros un elogio al senador de sus entrañas, Musa Besaile, al que otorgó más cupos indicativos que a nadie (dineros que deberían ir a obras y acaban evaporados). El cordobés obtuvo un buen caudal de votos en La Guajira y al Presidente le pareció estupendo. No se me borra la imagen de un Santos eufórico celebrando el triunfo de ‘la U’ en las legislativas de marzo.

Tampoco iría si yo fuese Vargas Lleras. Aunque se haga el de la vista gorda, el gobernador anterior era de su partido, así que le cabe responsabilidad como al resto.

Y qué decir de las autoridades de Uribia, pasadas y presentes. No sé cómo logran conciliar el sueño. Han recibido más regalías que nadie y han devuelto a sus conciudadanos miseria a raudales.

Cada vez que voy a Uribia me muero de la vergüenza y la rabia. Vergüenza de pensar que muchos extranjeros pasarán por el pueblo camino del Cabo de la Vela y serán recibidos por una alfombra de basura que adorna sus entradas. Y rabia al observar las huellas de la corrupción en cada esquina.

¿Y qué decir de los líderes wayús? ¿Acaso pueden evadir su culpa? La primera vez que estuve en una ranchería, hace ya 11 o 12 años, se me cayó el alma a los pies. Había escuchado tantas maravillas en las burbujas bogotanas sobre ellas, que creía que encontraría unos ranchos bucólicos, tradicionales, donde uno podía disfrutar los atardeceres en esas tierras desérticas.

Lo que hallé fueron niños desnutridos de caras tristes, falta de higiene absoluta y miseria comparable a la que vi en países paupérrimos africanos como Burkina Fasso. En los años sucesivos que he vuelto no he visto el menor cambio.

A mí que me expliquen los jefes wayús una cosa sencilla: si hay tanta hambruna, ¿por qué solo hospitalizan y mueren niños? ¿No estará pasando como lo que he denunciado que ocurre entre algunos emberas del Chocó, que la comida que mandan para los pequeños terminan en el estómago de los grandes?

Pensar que a estas alturas del paseo, después de los cinco billones que La Guajira ha recibido de las regalías del carbón, gas y sal, tienen que mendigar unos carrotanques. Díganme si no es para meterlos a todos presos, gobiernos local, regional y nacional, por pecado de omisión en la muerte de los infantes.

Tienen suerte de que unos miles de niños wayús valgan menos que diez o veinte mil chigüiros. Entonces hablaron, así fuera a media voz, de exigir alguna renuncia ministerial. Ahora ni eso.

Desconozco qué se puede hacer para desarrollar La Guajira. Sí creo que la minería a cielo abierto es un crimen de lesa humanidad, así lo practique El Cerrejón, la compañía más seria y juiciosa en un universo donde abundan los piratas tipo Drummond. Lo indudable es que el departamento no pasa sed por la sequía de este año, sino porque la alta Guajira es desértica y el Gobierno Nacional parece ignorarlo. Hay muchos países en la Tierra con climas semejantes que sobreviven en condiciones buenas. Podrían imitarlos. Claro que deberían comenzar por erradicar los ladrones del erario. Y no parece que quieran.

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