Sábado 18 de Noviembre del 2017

Los resultados del plebiscito como consecuencia de un espíritu y estilo de negociación

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 10/10/2016

Exclusivo para FCPPC
 

Juan Manuel Santos presidente de Colombia - Foto: rcnradio.com

No podemos negociar con aquellos que dicen, 'lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable. John F. Kennedy 

Ganarle a Santos y al Sí era una estrategia insuficiente de sumar votos más lo impredecible. Lidiar con la dura escuela soviética de negociación utilizada por las Farc y respaldada por estructuras políticas de movilización, es otra cosa. Crear y utilizar el descontento es una estrategia que ya vemos en la Plaza de Bolívar. 

Las Farc se quieren adueñar del clamor dirigido de los jóvenes. Ahora a esos jóvenes les hablo y a los viejos que lo han olvidado. Esta es la parte más dura de la Pedagogía de Aprender Haciendo para la que se necesita un corazón grande, armado de la afilada sabiduría que discierne el error del engaño, la necesidad verdadera de la truculenta, la inocente prepotencia del bien intencionado y el cálculo político del prepotente con intereses ocultos. La lucha, no es entre los del Sí y los del No. Es con las Farc. Es el primer encuentro de ideas antagónicas. El ‘campo de batalla’ es el Acuerdo Final y ¡OJO! EL ESTILO SOVIÉTICO DE NEGOCIACIÓN del que las marchas son una estrategia de presión. Y este es el núcleo de lo que pasó en La Habana bajo la premisa de parar un baño de sangre:

Para negociar las Farc apostaron su capacidad de terror y destrucción. Nada les cuesta, a excepción del dinero mal obtenido para comprar los elementos. Las vidas no les importan, pues son reclutables, descartables. Nosotros pusimos la creatividad de la sociedad, el costo del dinero honesto y nuestras vidas fueron paridas y lloradas por gente que conocemos. Ellos lo querían TODO, les dimos algo. Lo que OBTIENEN, no lo sueltan y aprovechan la disputa para obtener más. ¿Cómo lo hacen? Mediante su estilo de negociación, suave o duro, según el marrano. Conózcanlo leyendo las recomendaciones que encuentren en internet y después evalúen. Busquen: La escuela de negociación soviética y comiencen con “10 mandamientos para negociar con la Unión Soviética”. Si manejan inglés busquen “Soviet negotiation style”. Ahora les traduzco un poquitín para que el Señor Presidente Santos y los colombianos entienda por qué en vez de meses se demoraron cuatro años, Santos fue el que quedó mal y ahora se usa la estrategia de querer algo ya. Por eso el resultado se ve en el Plebiscito.

1. Dejar plantada a la novia en el altar. Tirofijo lo hizo con Pastrana para debilitarlo; de igual manera procedió Timochenko.
2. Al inicio adoptan posiciones extremas y van cediendo milímetros. De ahí los pendientes que después se desecharon porque eran ‘estrategia’. 
3. Renegociar el asunto para ganar tiempo. Eso dio origen a los pendientes que debilitó la seguridad de los negociadores oficiales. Pero todo karma se devuelve. Como conocen la estrategia, se oponen a renegociar y esa es la presión de los marchantes: ¡Acuerdo ya!
4. Dicen siempre, para lo que les conviene, que tienen una autoridad limitada.
5. Usan tácticas emocionales como exasperarse, enojarse, salir de la habitación, acusar, promover marchas. 
6. Conciben las concesiones del adversario como un signo de debilidad. Así se lo vendieron a sus tropas y a los jóvenes marchantes. Lean algunas pancartas acusatorias: “Acuerdo entre las élites.”
7. Lo retrasan todo. Hacen concesiones y luego dan muy poco, como agua vertida en un colador. 
8. No prestan atención a los plazos, solamente cuando les conviene.

Y es la misma estrategia de las marchas estudiantiles. ¿No se les parece esa estrategia a la de Trump? Por eso desconcierta. Despertemos. A esa escuela se enfrentó la de Harvard, que los soviéticos manejan, y que toma en consideración:

1. Posibles alternativas al no acuerdo. Los farianos pretendieron bloquear las alternativas con el Acuerdo Final que no admitía discusión, la incorporación constitucional y la estrategia internacional de Berna. Es lo que está en juego ahora. Por eso patalean.
2. Intereses y posiciones. El Interés es todo aquello que no podemos intercambiar con las otras partes. Y las posiciones es la actitud que tenemos acerca del tema a negociar. Los intereses gobiernistas, modelo económico, político, propiedad privada, etc. no negociables, se han respetado aparentemente. Pero en el tema de las ACTITUDES la sociedad civil no podía estar presente, porque ahí se quemaban las Farc. Eso se bloqueó con el secretismo de La Habana. Pero las actitudes de las Farc fueron evidentes. Eso explica, en parte, los resultados del plebiscito.
3. Opciones. Identificar toda la gama de posibilidades en que las partes pudieran llegar a un acuerdo y satisfacer sus intereses. Por eso De la Calle vendió el “Mejor Acuerdo Posible.” ¿Pero dónde están los intereses de la sociedad colombiana? Justicia, verdad, reparación arrepentimiento, pedir perdón, NO SON SOLAMENTE ESTÁNDARARES ÉTICOS Y MORALES, SINO PARÁMETROS DE CONVIVENCIA. Aquí han fallado y el resultado se ve en el plebiscito.
4. Criterios Los criterios tienen que delinearse perfectamente para que el acuerdo al que se va llegar deba ser con prudencia y justo para ambas partes. Es importante para nosotros que la otra parte tenga la sensación de habernos «ganado», aunque ello no sea cierto y nosotros hayamos conseguido nuestros objetivos. Este ejercicio ayudará además a descubrir nuevos intereses y opciones útiles a la negociación.
El único objetivo explícito que Santos anunció fue “Parar un baño de sangre”; eso se ha cumplido y se puede extender, pero los jóvenes dicen que paren una guerra que en la realidad no existe. Mientras tanto lo que ‘aparentemente ganó’ la otra parte a cambio, es lo que incomoda porque se percibe como injusto. Esa injusticia estaba prevista, pero se la disfrazó con una cortina de humo estética, tragar sapos, lo que dio una aparente aprobación social, a disgusto. SI ESTO NO ES EMBAUCAR, ¿QUÉ ES? Me preocupa que haya otros OBJETIVOS COLATERALES que no conocemos. Si se revisa a fondo la cuestión del narcotráfico quizá podamos tener criterios.
5. Relación Las negociaciones más importantes se hacen con las personas o instituciones con las cuales hemos negociado antes y negociaremos de nuevo. Para una buena relación no se deben mezclar problemas de relación personal con problemas esenciales de la negociación.
En la mesa seguramente se limaron asperezas personales. PERO ESA NO ERA LA RELACIÓN IMPORTANTE QUE HABÍA QUE CUIDAR, SINO LA RELACIÓN CON LA SOCIEDAD COLOMBIANA. Y ahí, tanto las Farc como el Gobierno fallaron. Las consecuencias se ven en el plebiscito.
6. Comunicación La forma que se utiliza para comunicar tiene un impacto crítico en el resultado de la negociación, especialmente cuando las dos partes no se conocen. El beneficio puede ser mucho mayor para ambos cuando se negocia cara a cara porque sólo de esta forma es posible compartir información vital. La confianza y la aportación se establecen mucho más fácilmente cuando las partes se conocen, lo que sería imposible hacer por teléfono o e-mail entre extraños.
Sin embargo, LA COMUNICACIÓN CON LA SOCIEDAD COLOMBIANA, OBJETO PRINCIPAL DEL PROCESO DE PAZ, FUE INEXISTENTE. En la comunicación no solo transmitimos conceptos, sino actitudes, es decir, POSICIONES EMOCIONALES CON RESPECTO A ALGO. Y la ideología marxista y sus experiencias ciertamente COMUNICAN lo suficiente para desconfiar DE TODO LO QUE TRANSMITEN TEXTUALMENTE. Por ese motivo el ÚNICO GESTO DE COMUNICACIÓN, un incomprensible texto de 297 páginas, no ESTABLECE UN VÍNCULO CONFIABLE con los negociadores, PUES LA ACTITUD es el aglutinante esencial que CREA EMPATÍA EN LA COMUNICACIÓN EXITOSA, ausente en este proceso. Los resultados se vieron en el plebiscito.
7. Compromisos. Los compromisos son planteamientos verbales o escritos que especifican lo que una parte hará o no hará. Podríamos llamarlos el «borrador del contrato». Pueden hacerse en el curso de una negociación. En general, un acuerdo será mejor en la medida en que las promesas hayan tenido: planteamiento, estructuración y hayan sido diseñadas para que se conviertan en acuerdos duraderos, de fácil comprensión y verificables.
En nuestro escenario el problema es LA INTENCIÓN ÉTICA DIVERGENTE DEL COMPROMISO. Lo acordado es para establecer una paz duradera, pero la intención de las partes es diferente. La de la sociedad es la convivencia; la de las Farc es la toma del poder. La gente lo presiente, pero no lo sabe explicitar conceptualmente. Eso no ha impedido que los resultados del plebiscito hayan sido los que son. 
Sin embargo, muy humildemente sugiero, para los que actualmente quieren renegociar el Acuerdo y desean optimizarlo, que a las personas se les va a presentar una optimización que, sin ellas proponérselo, perciben como contrato, cuyas características son diferentes a las de un acuerdo. Vean por qué.

En un contrato hay un acuerdo de voluntades. La paz es un asunto de la voluntad, no de conveniencia política. En un contrato hay oferta y aceptación. ¿Qué me ofrecen las Farc? ¿Me es conveniente, indiferente, trágico, beneficioso, aceptarlo? Hay clientes para todas esas motivaciones. ¿Se puede hacer un contrato / acuerdo que las satisfaga todas? ¿Los ausentes y distantes de un acuerdo no deben dar su aprobación al igual que lo hacen los contratantes? La sociedad colombiana estuvo ausente. Esa aceptación plebiscitaria ignoró el respeto al discernimiento que se ejerce con la presencia del contratante al forzar un plebiscito. Cuando consiento a algo, mi consentimiento puede estar viciado porque no entendí, fui coaccionado, engañado, o porque me lavaron el cerebro con propaganda engañosa. Eso se aplica a los contratos, pero no a los plebiscitos que suponen la buena y consciente información del actuante. Esta confusión pretenden usarla ahora porque las Farc parece que quisieran un Contrato Eterno en el que ni Dios puede controlar la libertad humana, de honrar, rescindir, ignorar.

¿Qué tenemos que ir haciendo para aprender a manejar la paz civil en medio de movilizaciones que hay que respetar y con un ditirambo informativo que ignora ser parte de un tinglado? En “El día que votamos poquito, pero mal” dice Vladdo: “Era tan fácil ponerle punto final a esta guerra.” Culpabilizar al otro es una estrategia soviética de negociación, pero Vladdo no lo sabe. Sin embargo, el sentido común nos pregunta: ¿Debemos incluir a los demás en nuestras culpas o desengaños? Creo que no, porque estamos viendo que los hombres libres le ponen punto final a las guerras, sencillamente dejando de apretar el gatillo; pero parece que no es fácil, mientras no nos distanciemos de una ideología o no asumamos nuestra responsabilidad de objetividad como comunicadores. Este estilo de comunicación lo evaluaron los firmantes del No.

Si Vladdo usa el mayestático plural quiere decir que él también se equivocó, pero sólo identifica a los del NO, a su promotor, y al resto del país que ve televisión. ¿En vez de acusar a los abstencionistas de vergonzantes, por qué no les pregunta sus razones para no votar? La OEA también está preocupada, pero no acusa; dice que investiguemos. 

Siendo objetivos, señor Vladdo, otra compañera columnista, dice que el Sí perdió por la mala imagen de Santos y Timochenko, por el huracán Mathew, y por un detallito: el Señor Presidente Santos olvidó 47 millones de colombianos. Entendemos que no quería repetir la experiencia de El Caguán, pero la primera lección del aprendizaje de la paz, es hablar con la gente en los consejos comunitarios que abandonó. Creo que está aprendiendo a no olvidar. Y eso es muy difícil porque no tenemos un telepronter en la conciencia. 

También se aprende paz hablando con el dueño del producto original. No sé a quién le rezaron los santeros cubanos y criollos por el Sí para que hubiera paz. Y si bien es cierto que protocolariamente consignamos esa realidad que llamamos Dios en el Preámbulo de la Constitución, y de manera increíble esa realidad se hace presente en los hechos del 5 de octubre de 2016 en la Casa de Nariño, esa oración que invoca a Dios “con el fin de fortalecer la unidad de la Nación” alrededor de la paz, no debe ser hecha en vano, haciendo que se admita a los del NO para negociar porque representan la otra cara de la moneda que se llama Colombia, sino que si esa moneda se mantiene sólida y esa oración constitucional se toma en serio, podremos confrontar a la otra, la falsa, la que quiere la paz como una estrategia de poder. Así se aprende paz, admitiendo lo imposible que es correcto. Este aspecto cultural desestabiliza a los camaradas y preocupa a los del No.

Pero la paz también se aprende no ahorcando al otro para sacarle un Acuerdo Final Imposible ignorando los parámetros que rigen la nación. Porque la verdad de lo posible no depende de nuestras malas prácticas, preferencias, gustos o prejuicios, sino de lo que en realidad somos, podemos, sabemos y tenemos. Así que podemos llorar, equivocadamente, porque triunfó el No; pero esta negación, en un día, mostró la posibilidad de estar unidos. Así se construye paz, de a poquito, entre todos, como es la vida real, una maravillosa paradoja. Esto desconcierta a los soviéticos.
¿Y qué les pasa a las Farc, por qué sufren?

Se aferran al ‘juguetito' parcialmente incorrecto que por apaciguamiento bienintencionado, pero poco sabio, les regaló Santos, pues no les costó nada, apoltronados, bebiendo mojitos, pidiendo y paseándose en catamarán. Como niños no se daban cuenta que negociaban, jugaban, con lo que no era de ellos, respaldados por la gavilla internacional y nacional que fue derrotada y no saben cómo, ni por qué, por un invisible ‘Supermán’ que salió de la nada, como en las peleas del barrio en las películas. Pero este proceso no es un comic. Esta gavilla no entiende que existe otro nivel que nos está enseñando una lección a ellos y al país; que la paz de Colombia no es la de Sudáfrica, Irlanda o El Salvador. Ahora los de las Farc le hacen fieros al papá cuando este dice que se acabó el recreo el 31 de octubre porque hay que trabajar y gobernar. 

Dentro de las dificultades de la “Pedagogía del Aprender Haciendo”, la natural, la de la vida, está la de superar nuestras limitaciones, si se piensa en un bien mayor. Esa es la lección que Uribe nos enseña sin proponérselo. Se le hacía difícil ver a Santos y viceversa. Pero surge una realidad por encima de ellos que confronta sus responsabilidades como líderes y los pone a prueba, al igual que a nosotros y alas Farc, para ver si es verdad que queremos la paz, estando a la altura de ese reto, siendo esta la primera lección de política seria, noble, para el grupo guerrillero: perder, encajar, trabajar sin agendas secretas ni pretensiones descabelladas, asumiendo errores, así como los asume Santos sin decirlo (lo entendemos), o los que abandonan la beligerancia del Sí y del No en bien del país.

Pero nada es gratis en esta vida; y esta lección nos cuesta mucho. Santos quería que el país tragara sapos, pero él suspiraba por el Nobel, vestido de frac y el besamanos de reinas y reyes Y SE LE CONCEDIÓ; pero si de verdad las víctimas son el CENTRO DEL ACUERDO, ¿les donará Santos la platica para darle un ejemplo a las Farc y a muchos otros? ¿O compartirá ese premio con los negociadores que trasnocharon en La Habana, sacrificando familias? De todos modos, felicitación.

Las Farc querían el regalito de impunidad, poder y billete, a cambio de nuestra resignación; y por ello, al oponernos, nosotros, los del NO, aguantamos palo. ¿Ellos qué van a poner, además de dejar de matar? Nosotros, los del Sí y los del No, como seres humanos frágiles, queremos la paz, pero sin la derrota de nuestro orgullo. ¿Qué vamos a aportar, a sacrificar? Y muchos del Sí, que no saben pasar el trago amargo de perder ¿Podrán entrevistar sin ser agresivos? La canciller que se salió por la tangente, pasándole la pelota a las Farc y al CD ¿Querrá seguir jugando en el Equipo Colombia? De la Calle que renunció ¿Ayudará a recomponer lo que armó? El Papa que no viene ¿Por lo menos nos bendecirá desde Roma? Los inversionistas petroleros que se agarraron el bolsillo, ¿Le dirán a las Farc que dejen de echarles carreta a los campesinos a ver si dejan explorar? Los antiuribistas mediáticos que no saben encajar lo que ellos toman como un golpe personal, ¿le bajarán a la agresividad estilo Ricardo Silva; Bejarano o Silva Luján? ¿Seguirán pidiendo las Farc el cierre de Voces del Secuestro? La comunidad internacional que no entiende que no todos se tragan su guión ¿Empezarán a jalarle al respetico? 

Por todo lo anterior la dura pedagogía de la realidad de “aprender haciendo” nos confronta con la posibilidad de perder el año porque la PAZ ESTÁ EN RIESGO DE QUEDARSE SOLA, dependiendo de que sus ‘fans’ aprendan la lección de no aplaudir antes de que termine el partido, según lo pedía el inflado ego. Y el partido, en este caso, no tiene ni fecha ni calendario como el amor en la hermosa canción de Caballo Viejo. Mientras tanto todos nos peleamos, y las Farc muertos de la risa, aprovechando ‘las contradicciones del sistema’ empiezan a preparar el morral, aferrándose a un Acuerdo Final que, jurídicamente no existe, porque fue rechazado. ¿Por qué no les dan a probar en la Casa Nari, como parte de la pedagogía, el agrio coctel de las equivocaciones del poder? Invítenlos.

¿Y cuál es la lección? La transformación interior. Tenemos que vernos como cultura para afrontar que somos desconfiados, sometidos al destino, orientados hacia el pasado, que sufre por la prepotencia de las élites, y en donde la jerarquía autoritaria pisotea los derechos individuales. El reto es también     que tenemos que darnos cuenta que hay que seguir los ejemplos de los que han superado semejante reto. Para ello hagamos las siguientes preguntas: 

1. ¿Pueden los integrantes de las Farc y sus líderes transformar el interior de su organización y confiar en la sociedad colombiana, superando el odio de clases? La misma pregunta juega para la sociedad colombiana.
2. ¿Pueden los señores de las Farc, libremente, asumir sus errores y pagar por ellos? ¿Puede la sociedad honrar ese gesto y, libremente también, hacer un esfuerzo en igual sentido?
3. ¿Podremos desprendernos del destino de auto flagelarnos con lo de ser un país violento? ¿Podremos creer en la generosidad callada y auténtica?
4. ¿Podrán las familias tradicionales del poder darle oportunidad a otros sectores sin caer en el populismo?
5. ¿Podrán convivir la jerarquía, el consenso y la individualidad?

El Pacto Nacional que parece estar abriéndose paso no puede ignorar la realidad cultural que fue lo que no se incluyó como Plan B en el Acuerdo que debería ser, creo, una descripción funcional para una metodología de la paz; y no una entrega de premios a las Farc, al estilo Hollywood, por el peor guión, el mejor director, los insuperables actores de reparto, la inexistente financiación, y la frustrada venta de boletas para el siguiente show. Definitivamente Dios es misericordioso, con la infinita paciencia que nos tiene para esta producción. Por lo que no debemos olvidar el Maravilloso Asombro que nos causa su imprevisible modo de actuación. Pero ante las marchas de jóvenes que gritan por la paz, las FARC ignoran ese clamor y persisten en que lo acordado es de ELLOS, sin discusión, ignorando las reglas del juego a las que se sometieron con el plebiscito, como lo auguraba Kennedy.

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