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Viernes 15 de Diciembre del 2017

Mentir sobre la crisis no es patriotismo
 

En Colombia, los votantes que piensan como Aznar y como Uribe pusieron a la cabeza del gobierno a un clon de Zapatero.

Santos parece hechizado por sus nuevos y peligrosos 'mejores' amigos.

    Los colombianos, sumidos en el día a día de la política local, nos olvidamos en la campaña del 2010 de escrutar el verdadero pensamiento de los candidatos presidenciales.

    El ejercicio hubiera sido más bien simple, pues bastaba tomar una matriz ideológica de los grandes partidos europeos para saber qué era cada quién, si socialista (PSOE) o Partido Popular (PP) e, incluso, quiénes eran sus amigos, si los del Instituto Elcano (PSOE) y el juez Garzón o los de Faes (PP) y Rajoy.

    Álvaro Uribe es un eximio representante latinoamericano de la corriente PP europea; el más calificado ideólogo y el más eficaz ejecutor de un programa PP en nuestro medio. Pero Uribe, como no podía correr para un tercer mandato, en lugar de nominar y elegir a un PP, postuló y eligió a un PSOE. ¡Sí! En Colombia, ¡nueve millones de votos PP eligieron a un presidente PSOE! En Colombia, los votantes que piensan como Aznar y como Uribe pusieron a la cabeza del gobierno un clon de Zapatero.

    Aznar es un guía político que no se va por las ramas; que sabe mandar. En el Congreso del PP dio línea, puso límites; y todo su partido, desde el presidente Rajoy, hasta el último delegado, tomó nota de qué hacer. Su discurso definió el sentido del voto en las pasadas elecciones: reimplantar las políticas que Zapatero desmanteló y mantener la contundencia con los terroristas, contrario al dialoguismo y dubitaciones de los PSOE. "Nunca ha estado tan claro lo que se votaba. Nunca ha salido de las urnas un mandato tan nítido. Han votado para que nos enfrentemos a unas responsabilidades sin dudas y sin retrasos". Así habló Aznar.

    En su primer discurso como presidente electo, Santos dijo que el de Uribe era el mejor gobierno de la historia de Colombia. Aznar rubricaría esas palabras; Zapatero no. No obstante, Santos gobierna con los mismos criterios de Zapatero y, mucho me temo, Uribe tendrá que decir dentro de dos años lo que Aznar dijo del gobierno de Zapatero: "Ha sido el peor de la democracia".

    En su presidencia, Aznar siempre reconocía las debilidades de su política y los peligros del terrorismo. Y los enfrentaba. Nunca "doró la píldora" ni pretendió crear la dicotomía 'realidad' versus 'percepción'. Zapatero, en cambio, creía que "mentir sobre la crisis era patriotismo". Aznar, como Uribe, siempre ha dicho que "la negociación política con los terroristas no es un acierto estratégico para la paz". Tanto Zapatero como Santos no pierden ocasión de cantar loas al apaciguamiento y el dialoguismo.

    Aznar resumió así una idea que siempre predicó y practicó Uribe: "Destruir la política exterior y primar las amistades peligrosas no es construir un nuevo orden internacional sino dañar los intereses del propio país". En Colombia, Santos parece hechizado por sus nuevos y peligrosos 'mejores' amigos.

    Aznar es jefe -y ejerce-. "Nosotros ganamos, ellos pierden. Sin confusiones", dijo. Uribe, a pesar de que ganó, perdió. Y Colombia paga los platos rotos. Aznar les recordó a los dubitativos de su propio partido que "los españoles nos han votado para que apliquemos sobre los verdugos todo el peso de la ley. Todo el peso de toda la ley. Ese es el camino correcto. No hay otro".

    Uribe, en cambio, tiene que soportar que "su" presidente mantenga como Ministro de Agricultura al personaje que, siendo Ministro de Hacienda, reunió en el Caguán a los banqueros gringos con el verdugo 'Tirofijo' y que recientemente encomendó organizar una movilización campesina a un individuo en cuya autobiografía consta que fue verdugo y sigue aprobando el "secuestro de terratenientes" como política revolucionaria.

Madrid, febrero de 2011

José Obdulio Gavira
Artículo publicado en El Tiempo
21/02/2012

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