Miércoles 22 de Noviembre del 2017

Negociaciones de paz: de mal en peor

Publicado en:

Periodismo Sin Fronteras  | 

Autor(a): Miguel Posada Samper  |

Fecha: 16/08/2014

 

Para colmo del cinismo, pretende representar a las víctimas el hijo de un senador que fue el máximo proponente de la combinación de las formas de lucha, Manuel Cepeda Vargas, en cuyo honor las FARC bautizaron a una de sus más sanguinarias cuadrillas.

Las únicas víctimas que deben ir a La Habana son las víctimas de las FARC. Las víctimas de las autodefensas están siendo atendidas, desde hace 10 años, en el proceso de Justicia y Paz.

¿Es lógico y posible que una organización criminal derrotada ponga de rodillas a un Estado que representa a la mayoría de los ciudadanos de un país? No debiera ser así, pero con muchos pequeños triunfos de las FARC, con el apoyo de mamertos internacionales y nacionales, con audacia y con un gobierno que no parece entender con quién está tratando, se puede llegar a ese resultado. Con cada punto que se negocia en La Habana, las FARC ganan terreno que el Estado cede sin darse cuenta de las consecuencias de cada pequeña derrota o concesión. ¡Todo por la paz! Parece ser la consigna de los negociadores del Estado. Y poquito a poquito se va entregando todo.

La cosa empezó mal aceptando discutir una agenda compleja con un grupo terrorista que no representa sino a una ínfima minoría de ciudadanos. Es cierto que era una agenda más restringida que la que se discutió en el Caguán, que era todo. Pero aún así, demasiado amplia. El gobierno también puso a los terroristas en plano de igualdad, algo inexplicable. Y así han seguido las cosas. No se entiende que se negocien asuntos agrarios con quienes han martirizado el campo colombiano durante 50 años. ¿Acaso las FARC que han desplazado cientos de miles de campesinos, que los han asesinado, secuestrado y extorsionado ahora representan a sus víctimas? Eso, frente al primer punto de la agenda, punto que no ha debido estar en la misma. Quedó sin aclarar el tema de las Zonas de Reserva Campesina, que no son otra cosa que territorios donde las FARC sustituyen la autoridad del Estado. ¿Cuáles serán?

En el punto de representación política hay otros horrores. Uno por ejemplo es que ciertas regiones tendrán más poder electoral que otras. ¿Cuáles? Las que dominen las FARC a punta de fusil. Además tendrán otras curules en las corporaciones públicas sin necesidad de votos. No tendrán que competir por los votos de la izquierda con congresistas del Polo o del Progresismo. Se establece por otra parte una censura de prensa y un delito de opinión que no caben en nuestro orden constitucional, porque quedó establecido que no se podrá estigmatizar a las FARC. Tendrán privilegios en medios de comunicación, por cuenta del erario público, por supuesto. Las facultades del legislativo quedaron eliminadas en una serie de temas que serán tratados por unas misteriosas comisiones cuya integración no ha sido revelada. Ya podemos ver que el tema de elegibilidad de los delincuentes también va a ser resuelto a favor de los criminales.

El tema del narcotráfico es un chiste malo. El Estado se compromete a perseguir a los carteles de la droga que compitan con las FARC en este negocio. Las FARC solo se comprometen a “influir” para que haya sustitución de cultivos.

Pero salen a cada paso otras cosas que espantan. Habrá una comisión paritaria que escribirá la historia del conflicto. ¿Por qué es paritaria? ¿Acaso la mitad de la población respalda a las FARC? Además, Timochenko ya dijo que el proceso no va a terminar este año, porque no se puede seguir adelante con otros puntos hasta que esa comisión no rinda su informe. Habló de que ya hay acuerdos “parciales” sobre tres puntos, pero que lo que queda es muy difícil. En otras palabras, no hay nada, y lo que hay, los acuerdos “parciales”, son un desastre para la democracia. El jefe terrorista insiste en que para que se llegue a algo tiene que haber profundas transformaciones en el país. O sea que las FARC son las que definen que país tendremos. ¿Que quedó de la negociación rápida que ofreció el presidente Santos a los colombianos? También dijo Santos que el modelo de país no cambiaría, pero “Timo” dice que sin esos “profundos cambios” no habrá nada.

Y llegamos al tema de las víctimas. Las únicas víctimas que deben ir a La Habana son las víctimas de las FARC. Las víctimas de las autodefensas están siendo atendidas, desde hace 10 años, en el proceso de Justicia y Paz, y las víctimas del Estado, que en la mayoría de los casos son falsas, son atendidas en los procesos que día a día se llevan en los juzgados del país. Ahora resulta, que con el apoyo de la oficina de la ONU, va a La Habana una representación de víctimas en la cual los menos son los que han sufrido a manos de las FARC. Para colmo del cinismo, pretende representar a las víctimas el hijo de un senador que fue el máximo proponente de la combinación de las formas de lucha, Manuel Cepeda Vargas, en cuyo honor las FARC bautizaron a una de sus más sanguinarias cuadrillas. Quienes escogen a las víctimas son un mamerto de la ONU y un “académico”, Alejo Vargas, cuya afinidad con la ideología de las FARC es bien conocida.

Mientras tanto, continúa el inclemente ataque de las FARC al medio ambiente y a la infraestructura, así como el despiadado asesinato de civiles. Eso para no hablar de soldados y policías, que para Santos son ciudadanos de segunda clase. Se siguen sembrando minas y reclutando niños. El presidente Santos les hace advertencias, pero las FARC no le creen. Lo ven, como se dice, “jugado” por la paz. Santos alienta, en los discursos, a las tropas para que combatan a las FARC con energía. Pero sabemos que se han parado operaciones militares en ciertos momentos. Va a paso de tortuga coja el restablecimiento de la Justicia Penal Militar y se supone que se va a establecer un mecanismo de defensa técnica de los militares. Nada de eso es creíble mientras el Fiscal General esté empeñado en meter a todos los soldados presos, al tiempo que dice que los jefes de los terroristas no tienen que ir a la cárcel. El Coronel Plazas está preso, mientras el director de Anncol está libre. Eso lo dice todo. Los mandos, obedientemente, dicen que la moral de las tropas está en alto. ¿Qué otra cosa pueden decir? Pero la burguesía se tranquiliza con ese cuento.

El problema no es sólo el lento avance del proceso y su incierto final. La situación de orden público empeora cada día. Ello afecta las industrias que producen las regalías, especialmente la petrolera, y detienen el avance de la infraestructura. Ya la Asociación Colombiana de Petróleo, pronosticó que habrá una reducción gradual de la producción. Las FARC, y estructuras afines, organizan las “comunidades” para paralizar las obras, así como la exploración extracción y transporte de petróleo. Los escollos para la construcción de la infraestructura eran tres: el lento trámite ambiental, la adquisición de predios y la consulta de las tales comunidades. En algo se arreglaron los dos primeros escollos, pero el gobierno no tuvo el coraje de medírsele a hacer nada frente al bloqueo de las comunidades, que usualmente es una simple extorsión. Una pregunta suelta cuya respuesta nos dice todo: ¿Cuántos días ha transportado crudo el oleoducto Caño Limón- Coveñas en los últimos seis meses? ¿Serán 30 días?

La clase política, mientras el país se descuaderna poco a poco, está pendiente del reparto de la mermelada, que no alcanza para todos. ¡Qué triste espectáculo!

Pero para aclimatar el incierto final del conflicto que requiere, recordemos, un referendo y de paso lograr la reelección del Presidente se lanzó un “slogan” idiota: “Mi aporte es creer”. Lo que pasa ahora, según las encuestas, es que parece que los colombianos estamos creyendo menos. No somos bobos del todo. Es que algo sabemos de fútbol y sospechamos que de autogol en autogol, no se gana un partido.

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