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Jueves 18 de Enero del 2018

¿Por qué una constituyente ahora?

La propuesta de convocar una constituyente siempre es polémica, y no hay manera de evitar que se vea con el lente de la confrontación entre pasiones políticas antagónicas.

De hecho , ya se están lanzando dardos contra la iniciativa de convocar una nueva asamblea ahora .

De un lado, porque se estaría buscando la reelección del expresidente Uribe y, de otro, toda vez que serviría de escenario para elegir a voceros de la izquierda.

Pues se equivocan los unos y los otros.

Hoy, es necesario interpretar este momento con verdadera visión institucional.

El día que la indignación de la ciudadanía obligó al Gobierno y al Congreso a archivar un acto legislativo que ya había sido aprobado, cambió el país.

Como si fuera poco, los colombianos volvieron a reiterar su insatisfacción castigando severamente en las encuestas a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

No se trató solamente de una expresión de malestar contra el Congreso y el Presidente.

El castigo lo recibió también, y no de cualquier manera, el Poder Judicial, que tradicionalmente ha gozado del respeto de la gente. Lo que hubo fue un levantamiento pacífico contra los poderes, cuya obligación es colaborar armónicamente para cumplir los fines del Estado.

Me atrevo, incluso, a creer que el episodio de la mal llamada reforma a la justicia fue la gota que rebosó la copa, y que en realidad se está frente a un descontento en proceso de gestación desde hace varios meses.

Algo de mucho fondo, que reclama atención urgente y serena, está sucediendo.

En las circunstancias actuales, sería un grave error permitir que se imponga la idea de que hay que dejar que baje la marea para manejar las cosas. Ahora, la respuesta no puede ser la parálisis hija del desconcierto, ni la expedición de unos decretos a la carrera para aparentar que se están corrigiendo los errores.

Lo que debe entenderse es que los colombianos se pusieron de pie para reprochar la actuación de todos los poderes.

Esta nueva realidad social no es pasajera, porque existen los medios para repetir, cuando se quiera, movilizaciones como la que se realizó.

Por fortuna, hoy se tienen todas las herramientas para que el deseo de los ciudadanos de pronunciarse y decidir directamente pueda hacerse a través de canales institucionales. Como se hizo evidente de nuevo que la reforma a la justicia no la hará el Congreso, la convocatoria de una constituyente con ese propósito es un camino deseable.

Y lo mejor es que sea fruto de un acuerdo promovido por el Gobierno, por cuanto lo que en realidad causó el levantamiento de los ciudadanos fue el asunto de la mala actuación de los poderes, con ocasión del trámite de dicha reforma.

Entiendo que haya voces señalando que la convocatoria de una asamblea nacional constituyente sería una vía riesgosa, pero tengo la convicción de que se equivocan.

En las democracias lo peligroso no es acudir a la Constitución en búsqueda de legitimidad social, es dejar de hacerlo.

Carlos Holmes Trujillo García
Exministro y exembajador
carlosholmestrujillog@gmail.com

 

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