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Autor: Felipe García Echeverri

Fecha: 20/02/2013

Si Santos insiste en ver la inexistente voluntad de paz de las Farc a pesar de lo contraevidente de los hechos y los resultados de la encuesta, no habrá casas gratis, pantalones morados, regalías atrasadas ni tabletas que valgan para salvar su propio desplome. 

No sorprende la última encuesta de Datexco. Desde aquella que siguió a los primeros 100 días de gobierno, la popularidad del presidente Santos ha venido cayendo inexorablemente. La realizada cuando se  anunciaron los diálogos de La Habana fue la única que contradijo esa tendencia. Dijimos entonces, y hoy lo comprobamos, que era meramente circunstancial y respondía a la exacerbación colectiva del anhelo de paz con que hemos nacido y han muerto colombianos por más de 50 años.

Ni los decimales ni los márgenes de error pueden invertir una tendencia de más de dos años. Se requiere una ejecución excepcional o unos eventos extraordinarios que detengan esa inercia. El gobierno lleva más de un año alegando que es un problema de comunicación. Falso. En los últimos cincuenta años no se había visto tan desmesurada compra de conciencia editorial y periodística como ahora. El gobierno ha tenido toda la prensa que ha querido y sin ruborizarse ha sabido acallar las voces que le resultan molestas a su narcisista unanimismo.

Sin embargo, con la negación que produce la soberbia y convencido del cuento de la comunicación, el Gobierno preparó para el 2013 una nueva “Vuelta a Colombia” que viene ejecutando contra falsa pulmonía y marea. Le oí decir a uno de los ya muchos altos consejeros presidenciales que el gobierno sabía que necesitaba mostrarse en las regiones si quería parar esa tendencia, a tiempo para reelegirse.

Esta nueva gira se distingue de la anterior en que viene acompañada de tabletas para los niños, casas gratis y una alta dosis de disfraces y frases alegóricas a las costumbres de cada región. No me referiré a lo postizo y ridículo que se le ven a este gobierno esos “accesorios” culturales. Merece comentario más bien el velado chantaje que en esta gira representan las regalías y la anunciada “re-descentralización” con que el Ministro del Interior justifica entregar las retenidas y rescatar a Santos.

No puede el gobierno pretender, después de hacer pasar hambre a las regiones reteniéndoles sus regalías en Bogotá por dos años, que los cheques del 2013 que alcaldes y gobernadores recibirán con una sonrisa, sean capaces de cambiar la opinión de los electores. El daño está hecho y solo sería reversible si esos dos años de hambre hubiesen estado acompañados de ejecución. Pero no fue el caso porque las locomotoras nunca arrancaron.

Eso explica que la única novedad de la encuesta sea el notorio incremento del negativo. De paso sirve para demostrar, por las fechas de la encuesta, que esta nueva Vuelta a Colombia no le está funcionando, por lo menos en cuanto a ese vanidoso objetivo se refiere. Y no hay que ser Pitágoras para entender que la cuenta de cobro es por la seguridad. La mayoría expresada en la encuesta contra los diálogos de paz, contra las Farc y contra el manejo del gobierno en el tema de seguridad, serían bastantes para invocar el espíritu democrático y terminar los diálogos de La Habana. Sería de paso lo único que lo salvaría.

Pero este gobierno se ha caracterizado por obrar contra la evidencia, así sea camino al despeñadero. La única explicación para quedarse en la mesa le daría la razón a quienes han sostenido que existe un acuerdo cocinado desde el inicio de los diálogos.

Si Santos insiste en ver la inexistente voluntad de paz de las Farc a pesar de lo contraevidente de los hechos y los resultados de la encuesta, no habrá casas gratis, pantalones morados, regalías atrasadas ni tabletas que valgan para salvar su propio desplome.