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Autor: Jaime Jaramillo Panesso

Fecha: 10/02/2018

“Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando….” Así describe Calderón de la Barca, el dramaturgo español del siglo XVII, la ilusión del gobernante de la época. Hay escuelas o corrientes políticas que ofrecen paraísos terrenales por boca o escrito de sus predicadores que invocan el bondadoso trayecto de la transformación de la sociedad humana que parte de la crítica al modelo existente hacia un nuevo modelo que puede tener bases científicas o son construcciones ficticias llenas de utopía, esa materia “inmaterial” con que juegan los inspiradores (religiosos o civiles) que sirve de soporte para actos heroicos o depravados, dependiendo del desarrollo de la sociedad y el estado.

Según Marx y Tiro Fijo, las Farc, que nacieron como brazo armado del Partido Comunista, tenían como meta de su violencia política, fundar una nación nueva, de igualdad entre los ciudadanos, con las necesidades básicas satisfechas, con total soberanía sobre las riquezas naturales, con una paz basada en un partido único que regule o constriña a sus enemigos, los ricos y las clases medias (la pequeña burguesía) y de poder al proletariado y aliente una comunidad nacional a vivir (“el buen vivir”, lo dicen los acuerdos firmados por Santos y Timochenko) con los ideales del Socialismo del Siglo XXI. Para obtener ese resultado, todos los medios legales e ilegales, permitidos o criminales, deben utilizarse. Derrotadas “las clases dominantes”, las fuerzas victoriosas entrarían a la capital del país en medio de los aplausos, los vítores clamorosos del pueblo y la rendición de sus enemigos.

Parte de la victoria es el sueño de grandeza de sus “comandantes”, de los intelectuales y maestros clandestinos que los apoyaron y esperaron, de sus aliados de la “comunidad internacional”. Es la utopía del triunfo en todos los frentes de lucha.

Cuando se pisa la tierra del “común”, y despiertan los fantasmas de la realidad, entonces vienen los contrastes entre el sueño perdido y los hechos concretos. Como la memoria es retroactiva y coloca la historia en las dimensiones del dolor y el sufrimiento, ella, la memoria, no calza en las nubes, sino en los recuerdos malos. La decisión de las Farc, de suspender la campaña porque grandes sectores populares los rechazan y les cobran un pasado criminal e inhumano, es el descubrimiento de la falsa concepción ideológica de que serían recibidos como héroes por las “masas”, como utópicamente lo decía Timochenko en el acto de Cartagena cuando firmaron el acuerdo. “Bájate de esa nube y ven aquí a la realidad…” canta, en bolero, Lucho Gatica.

De allí que salga Calderón de la Barca a rematar a los ilusos que esperaban bajar de la cordillera y sentarse en el solio de Bolívar: “¿Qué es la vida? Una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.