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Autor: Jaime Jaramillo Panesso

Fecha: 17/02/2018

Después de la Batalla de Boyacá en 1819, no todos los españoles se acogieron al nuevo régimen republicano. Las tropas en las regiones mantuvieron en vilo al ejército y a los civiles patriotas. En Antioquia ocurrió un caso dramático con el presbítero José María Botero, nacido en Medellín (o quizás en Rionegro) 1789. Consagrado en Bogotá, llegó a esta provincia con mucho prestigio y fue designado rector del Colegio de Medellín, con pocos alumnos y mucho entusiasmo.

En 1835 se promulgó la ley 30 que restablecía el plan de enseñanza pública que el mismo Bolívar suspendió en 1826. Ese plan educativo hacía hincapié en el conocimiento de los actos legislativos y puso en las aulas el pensamiento moderno de Bentham y Tracy que algunos ciudadanos conservadores y la Iglesia consideraban materialistas y utilitaristas, denominaciones diabólicas que corromperían a nuestros jóvenes.

Jeremy Bentham, filósofo inglés postulaba la utilidad de las instituciones legítimas, las cuales debían servir para la felicidad de la ciudadanía o cambiarlas. Destutt de Tracy, filósofo, político y soldado francés de la revolución de 1789, acuñó el concepto de ideología que explicaba la naturaleza verdadera de los humanos. Bentham y Tracy, prolongaban la racionalidad y la ciencia de la Ilustración.

El sacerdote José María Botero se alzó en palabras y sotana contra esas tesis y se enfrentó al Presidente Simón Bolívar y a las autoridades locales encabezadas por el general José María Córdoba. Predicó y fustigó con vehemencia y llamados a la desobediencia, a los dirigentes patriotas de la nueva república. Armó bochinche religioso y puso en tensión a la comunidad. El Fiscal regional, Manuel Tiberio Gómez, abrió el proceso penal contra el cura Botero e hizo instalar la audiencia en plena Plaza Mayor, hoy Parque de Berrío. Condenado a 6 meses de presidio y 300 pesos de multa, sus seguidores se pronunciaron por la fuerza y armados de machetes y cuchillos, rescataron al padre Botero, pero al costo de tres muertos y varios heridos.

Oculto durante varios meses, el presbítero se presentó ante las autoridades que lo engrilletaron y lo condenaron a muerte. Apelada la sentencia ante el Tribunal de Distrito de Cundinamarca, apelación basada en la certificación de dos médicos quienes dictaminaron “manía intermitente” del procesado. El Tribunal ratificó la perturbación síquica de Botero y quedó absuelto en 1846. Este episodio deja al descubierto las dos corrientes que, con mutación, viven aún entre nosotros: la montaña mágica y la llanura de las libertades.