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Autor: Andrés Saavedra Luna

Fecha: 02/04/2018

En repetidas ocasiones escuchamos del mismo Humberto De La Calle decir que no tenía aspiraciones políticas, que su protagonismo como jefe negociador del Gobierno en La Habana, Cuba, iniciaba y terminaba con el proceso, nada más. Pero hecho diferente fue el visto por la ciudadanía hace meses, cuando el negociador máximo decidió postularse como candidato a la presidencia de Colombia. Si bien el doctor De La Calle puede elegir y ser elegido, su postulación en lugar de generar apoyos, ocasionó todo lo contrario, puesto que la opinión publica percibió su candidatura como el resultado de su papel como negociador, el cual empleó para “mojar” pantalla los últimos años y así alcanzar niveles de reconocimiento hasta en los lugares más recónditos del país, pero ni así pudo obtener los apoyos de las mayorías en la nación.

El primer error de De La Calle fue aceptarle el papel de “plenipotenciario” a Santos. Su segundo error fue negar públicamente sus aspiraciones, cuando en realidad eso era lo único que lo motivaba. Su tercera equivocación fue la de haber propiciado una consulta Liberal que terminó siendo un fracaso absoluto, por su baja participación primero, y segundo por el alto costo que ello representó para el bolsillo de los colombianos. Un cuarto equívoco fue aquel en donde demostró su incapacidad política, ya que aun ganando la consulta, no logró unir a su partido Liberal, al contrario, generó grandes grietas que con los días se han profundizado. Por otro lado (quinto desacierto), no mantuvo autonomía y carácter, sino que optó por convertirse en un sumiso más del expresidente Gaviria, quien realmente hoy manda en ese partido. Sexto, nunca logró despegar en las encuetas, siempre se mantuvo en una sola cifra, a pesar de la “pantalla” que tuvo durante el proceso en La Habana. Y séptimo, consecuencia de todos estos actos concatenados, hoy el desesperado y desamparado Humberto De La Calle busca una alianza con los sectores de izquierda, intentando de una u otra manera vender el alma al diablo con tal de no quedar solitario en el panorama político.

El expediente “Humberto De La calle” será, en poco tiempo, llevado a los anaqueles olvidados de la historia política en Colombia. Con el paso de los días solo el polvo y el olvido serán los compañeros de tal “expediente”. La desesperación política “mató” a Humberto, y dentro de poco tendrá lugar su sepelio y cremación.