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Autor: Luis Alfonso García Carmona

Fecha: 11/04/2018

Nadie en Colombia (con excepción de Santos y la FARC), se atrevería a desconocer que el problema más grave que afecta al país es el cultivo y tráfico de cocaína. Esta actividad maldita no sólo nos ha convertido en unos parias  a nivel internacional, sino que, ahora, pasamos a ser también consumidores en gran escala. El alucinógeno inunda nuestros centros urbanos y destruye – moral y físicamente – a nuestra juventud.

Su acción corruptora ha permeado todos los estamentos de la sociedad y, lo que es peor, ha invertido los valores espirituales y cívicos que respetábamos, para instaurar el imperio del dinero fácil, del culto a los delincuentes y del “todo se puede”, sin cortapìsas morales ni legales.

Se llegó en Colombia al ex abrupto de adelantar un proceso de paz con el cartel más poderoso y más cruel de narcotraficantes, cuando lo que aquí ha existido no ha sido una guerra, sino simplemente un desalmado terrorismo, que ameritaba ser domeñado y castigado, en lugar de entregarle el poder a sus responsables.

En desarrollo de este funesto acuerdo, quedó el narcotráfico catalogado como “delito conexo” al de rebelión y, en consecuencia, sus responsables fueron amnistiados. Se suspendió la fumigación aérea de los cultivos de coca ; se adoptó la farsa de la erradicación manual , previo consentimiento de los cultivadores, la cual es absolutamente inoperante; se prohibió la extradición de los responsables del narcotráfico; se concentraron los supuestos desmovilizados en unas zonas veredales, que –curiosamente- coinciden con las zonas cultivadas de coa y con las rutas de abastecimiento y exportación; no se exigió en los acuerdos que la FARC cese de cometer el delito continuado de cultivo y tráfico de estupefacientes y, en consecuencia, lo siguen haciendo con la aquiescencia y la protección de las autoridades.

Ya lo último que se le ocurrió al sátrapa es proponer que cada cocalero tenga derecho a cultivar una extensión de una hectárea y media, aproximadamente, sin que pueda por ello ser penalizado.

¿Cuál es el resultado? Que pasamos de 62.000 hectáreas sembradas en el 2010 a 200.000 (en los cálculos más conservadores): Santos logró triplicarle a sus socios de FARC el área sembrada. En el 2011 la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) certificó que en el gobierno del Presidente Uribe se alcanzó el nivel más bajo de cultivo de coca en lo que va corrido del siglo. Todo ese esfuerzo se perdió en este régimen nefasto.

Y, ¿qué nos espera en el futuro? Como bien lo saben los economistas, las estadísticas reflejan una tendencia. Si continúa el crecimiento del área sembrada en un sistema donde reina la impunidad, el favorecimiento al crimen y el estímulo a los cultivadores, muy pronto habremos duplicado el área cultivada. Ya no habrá marcha atrás, pues el país entero estará en poder de  la coca.

Debiera ser éste un tema focal en la campaña presidencial. Pero los amigos de la FARC (Petro y Fajardo) no están interesados en abordarlo. Se limitan a anunciar que hay que mantener los acuerdos “de paz”. Vargas Lleras, quien participó hasta hace pocos días en el régimen que aprobó los acuerdos y su implementación en el Congreso, ahora busca alianza con el partido del gobierno, es decir la U. Más de lo mismo.

Solamente Iván Duque, con valor y contundencia ha afirmado: ”Hemos dicho que las cosas que no le funcionen al país, en materia de la implementación de los acuerdos, hay que modificarlas y rápido. Nosotros queremos llegar al Gobierno y el 7 de agosto a presentar una reforma constitucional, para que quede claro que el narcotráfico no es un delito conexo al delito político y por ende no debe ser un delito amnistiable. Segundo, vamos a insistir en que la erradicación y sustitución sean obligatorios. Tercero, armas y dineros escondidos, deben implicar que las cabecillas de esos grupos pierdan todo beneficio.”

Nos queda a los colombianos decidir qué país queremos. ¿Uno donde reinen los narcotraficantes y siga su acción depredadora la cocaína, perjudicando además a nuestra economía y asolando al medio ambiente? O, por el contrario, ¿queremos volver a la senda perdida, para erradicar del territorio nacional a ese, que es nuestro enemigo público No. 1, con todos sus responsables y sus socios? La oportunidad es el 27 de mayo, acompañándonos a elegir en la primera vuelta al Presidente que nos devolvió la esperanza, Iván Duque Márquez.