Entrevista publicada en el periódico El Centro

En la bruma política, que termina por eclipsar a muchos personajes de la vida nacional, siempre estuvo la figura de Iván Duque Márquez. En silencio, este amante del Rock y que en su juventud fue un gran deportista, hoy se perfila como el virtual Presidente de Colombia.

Inteligente, de fácil palabra, buen conversador y leal, son características que reúne Duque, quien nunca le huye a una charla amena ni a un debate candente.
 
Nacido el 1 de agosto de 1976, Duque podría entrar en esas estadísticas -que tanto gustan-: sería el Presidente mas joven en la historia del país del Sagrado Corazón.

Crecer en la década del 70 -generación de la guayaba como dice Andrés López-, en un hogar que combinaba lo intelectual con la política, terminaba por direccionar la vida del niño que coincidió su nacimiento con la inauguración de los olímpicos de Montreal.

“De niño era muy dedicado a las materias que me gustaban, me fascinaban las humanidades, historia,  geografía. Me gustaba mucho la cátedra de democracia, literatura, español, inglés”, cuenta y de inmediato, con una sonrisa maliciosa, reconoce: “Era un poquito locho para las matemáticas de niño, pero después me volví muy bueno”.

La política corre por su sangre. De hecho, en diciembre de 1984, su padre, el entonces congresista Iván Duque Escobar (QEPD) lo llevó al Congreso, cuando se desarrollaba el  debate de Alberto Santofimio Botero a Luis Carlos Galán, era el oscurantismo de la época del narcotráfico en Colombia. Ese día, Iván Duque Márquez ocupó curul y fue congresista por media hora como lo publicó en ese momento el diario El Siglo.

Como buen representante de la generación de los 70 que se respete, este bogotano fue encantado por la magia del rock. Incluso, hace ya un tiempo alguien muy cercano a él comentó que “Iván era mechudo y vocalista de una banda de rock en el colegio” y su grupo de cabecera siempre ha sido Led Zeppelin, por eso no es extraño pensar que con este grupo construyó su propia Escalera al Cielo o, mejor, a la Casa de Nariño.

Buen deportista, practicó Aikido y ciclismo, también juega al fútbol, pero su pasión fueron las barras. “Nosotros hacíamos de todo y eso me ayudó a que hoy no me sienta débil, de hecho sé que tengo fuerza”.

De propuestas y ataques

¿Cómo ve esta campaña, cree que es más de improperios y ataques que de argumentos?

Durante los últimos tres años he tenido el privilegio de recorrer el país, primero en desarrollo de los talleres Construyendo País y luego como parte de las correrías propias de embarcarme en la titánica tarea de buscar ser el próximo presidente de los colombianos. Yo tengo una gran tranquilidad de haber hecho una campaña de propuesta, de argumentos, de soluciones, no agresiones.

Pero le han hecho varios ataques…

Cuando empezamos a subir en las encuestas a mí me dijeron, prepárese, porque viene la era de la infamia, de los ataques, de las mentiras.  ¿Qué hemos hecho nosotros? Cuando vienen los ataques, propuestas; a más ataques, más propuestas; cuando empiezan las agresiones, soluciones.

Por varios años los colombianos han vivido un ambiente político polarizado y de profundas divisiones. ¿Su propuesta tenderá puentes de unión?

Siempre he creído que los buenos gobernantes deben unir los países en torno a grandes propósitos. El peor error del actual gobierno fue dividir, con fines electorales, a los colombianos entre “amigos” y “enemigos” de la paz. Los únicos enemigos de la paz han sido los que con violencia han intimidado y flagelado al país y, por lo tanto, se perdió la oportunidad de unir a Colombia en la construcción de una paz creíble y sin impunidad. Fue una vergüenza y un desafío a la sociedad que se hubiera desconocido y desperdiciado el resultado del Plebiscito del 2 de octubre de 2016, donde ganó el NO para hacer enmiendas profundas a los acuerdos y unir a Colombia en unos términos razonables de justicia, verdad y reparación. Yo quiero unir a Colombia en propósitos comunes pensando en el futuro del país.

Evidentemente hay divisiones

Sí. Necesitamos aceptar que hay diferencias ideológicas en muchos temas: debatámoslas con respeto. Pero al mismo tiempo es urgente construir una agenda nacional de reformas en justicia, economía, pensiones, energía y medio ambiente, que puedan ser, como diría Álvaro Gómez Hurtado, un “acuerdo sobre lo fundamental”. Desde una óptica de centro podemos generar esos consensos de mediano y largo plazo.

¿Cuál es el papel de la política de seguridad dentro de cualquier gobierno en Colombia?

La seguridad es el bien público esencial sobre el cual se construyen las libertades que nos garantiza la Constitución a todos los colombianos. Si bien seguridad no es sinónimo de autoritarismo, es cierto que la existencia de un aparato de seguridad robusto y la disposición para emplearlo son esenciales para que la autoridad sea efectiva, de manera que los delincuentes sepan que no pueden abusar de los derechos de los más débiles con impunidad. El ejercicio responsable de la autoridad es crítico para el desarrollo y sostenimiento de la legitimidad del Estado de Derecho, y la relación entre las instituciones de este y la ciudadanía.

La seguridad es, en esencia, la base firme sobre la cual se construye el Estado de Derecho. Es por esto que cuando la seguridad falla, la democracia tambalea y la sociedad se hace presa de los espejismos populistas que no son otra cosa que un salto al vacío desde un despeñadero. Una tragedia asegurada.  El papel de la seguridad es, entonces, la preservación de la democracia y las libertades.

¿Qué opina del punto sobre Justicia del Acuerdo de Paz con las Farc? ¿Se hará Justicia con la Justicia Especial de Paz (JEP)?

La JEP es un monumento a la impunidad. ¿Por qué? Por la sencilla razón que no contempla penas proporcionales y efectivas para los máximos responsables de delitos de lesa humanidad. Si este tipo de criminales “dicen toda la verdad” no tendrán cárcel, asumiendo como lo dice la propia reglamentación de la JEP, que “decir toda la verdad” no implica la aceptación de ninguna responsabilidad. Este tipo de situaciones son una burla a la justicia. Y, peor aún, es una humillación a las víctimas.

¿Cuál es su propuesta para combatir la corrupción?

Estoy convencido de que tenemos que empezar por empoderar al ciudadano para denunciar con líneas telefónicas, redes sociales, mecanismos presenciales, etc., para que los corruptos sepan que toda la sociedad los está mirando. Claro está, con instrumentos de verificación idóneos sobre la credibilidad de la denuncia. Esas denuncias se deben analizar en cooperación con los organismos de control para detectar y hacer uso de herramientas digitales como el Big Data, para infiltrar, denunciar y juzgar de manera rápida a los corruptos. De hecho, estoy comprometido con presentar una “ley de extinción de dominio exprés” para que la justicia pueda quitarles de manera acelerada todo el patrimonio mal habido a los corruptos. La lucha contra la corrupción también requiere que no se apliquen beneficios de casa por cárcel o reducción de penas a los corruptos, y que empresa que corrompa un funcionario, ni la empresa, ni sus dueños, ni sus gestores puedan volver a contratar con el Estado.

Es vital que pongamos fin a los abusos de la contratación directa. Que desmantelemos carteles de únicos proponentes. Que desenmascaremos muchos abusos que se están presentando en el manejo de los Planes de Ordenamiento Territorial. Y que, de una vez por todas, avancemos en el desmonte de la mermelada en el presupuesto mediante transparencia en la deliberación pública, con un presupuesto sin partidas globales. En cuanto a la política es necesario que las listas cerradas operen para todos los partidos, que las campañas sean financiadas por el Estado con el mismo monto para todos los partidos, que se limiten los periodos en los cuerpos colegiados de elección popular, y que se establezcan requisitos para ser elegido congresista. También soy un convencido de que debemos recuperar la formación en valores dentro de nuestro sistema educativo. Quiero promover el retorno de las clases de cívica y urbanidad para que, como complemento al hogar, formemos en ética a nuestros ciudadanos.