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Autor: Jaime Jaramillo Panesso

Fecha: 04/06/2018

Dormitaba sentado Hugo Chávez en la cámara de refrigeración, situada al lado derecho de la suite monárquica de Lucifer, Rey de las cavernas y del horno siderúrgico a donde llegan los pedófilos, los asesinos, los genocidas, los torturadores y los condenados por crímenes de guerra y lesa humanidad.

Estaban en Asamblea General de socios, en el Auditorio “Don Pablo Escobar”, el resto de personal adscrito a esa sección, presidida por el Comandante Fidel Castro, escuchando los informes de crecimiento de la industria de anfetaminas en EE.UU., el suministro de opiáceos del Oriente y el contrabando de heroína cristalizada. Era notoria la ausencia de Don Hugo Chávez que, preocupado por la suerte de su pupilo en Colombia, Gustavo Petro, escuchaba de continuo radio y TV, sin dejar de recurrir al Whatsapp de Gabino, el jefe político y militar del Eln, quien le escribía informes sucintos de 500 caracteres sobre las conversaciones en La Habana con el gobierno de Santos. Abrumado por tantas noticias como el peligro de perder a Nicaragua, el hundimiento de Venezuela, la defenestración de Correa en el Ecuador, el prisionero modelo Ignacio de Lula, el hundimiento de Unasur con su capitán de chalupa Ernesto Samper, Chávez Frías se comunicó con La Habana al Centro de Santería y Vudú Empirocriticista para obtener una línea preferente de comunicación con Petro. Y lo logró.

(Se reproduce la transcripción literal obtenida por los servicios de inteligencia colombianos, con la ayuda de Regina Once)

-Hugo-.”Hola Gustavito. Habla el Comandante Hugo Chávez. ¿Cómo van tus asuntos electorales y del corazón? Preocupado porque Fajardo te ganó en Bogotá. ¿Qué te pasó?

-Petro-.”¿Cómo vas, estimado camarada? Yo aquí pelándome las escamas como un bocachico recién pescado. Voy adecuando mi repertorio doctrinario de acuerdo al impacto negativo. Lo de Fajardo se debe a la conmiseración que la gente siente por Mockus, un profesor lituano que quiere ser presidente. Pero estoy seguro de nuestro triunfo, Hugo, porque estoy uniendo a toda la izquierda, incluido el partido comunista y las Farc. Lo que sí necesito, comandante, es más verdes, más aguacates”.

Hugo-. “¿Maduro no te hizo llegar nuestro apoyo moral? Yo le envié un pajarito vestido de rojo carmín y me respondió complacido “¡Patria o muerte. Venceremos!”.

Petro-. “Apenas me llegaron dos containers con lo acordado en parte. Pero hace falta para multiplicar la Guardia Indígena que beben y comen como tragaldabas. Dile a tu amigo Maduro que no se ponga durango”.

Hugo-.” Tú sabes, chico, que es muy difícil hacerlo cumplir desde donde me encuentro. Además, yo pago habitación especial para no encontrarme con Carlos Andrés Pérez.”

Petro-. “Mira, Hugo. Yo espero mucho de las organizaciones hermanas. Que no me dejen en la inopia, viejo men”.

Chávez despertó del trance, prendió un tabaco cubano y le pidió a otro de los condenados que le llevara a Su Majestad Satanás otro ejemplar del tabaco que fumaba. Hitler y Stalin, quienes tenían alojamiento de cortesía, llegaron luego de unos minutos, acompañados de María Dolores Pradera, recién llegada de la humana tierra, delegada temporal de los artistas recluidos en el Purgatorio. La presentaron a Hugo Chávez Frías y María Dolores Pradera le cantó, genuinamente, esta canción: “Esta flor ya no retoña, tiene muerto el corazón”.