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Autor: Jaime Galvis Vergara

Fecha: 19/06/2018

Colombia es un país desconocido en las altas esferas del Gobierno y esto ha sido un grave inconveniente en el desarrollo nacional. Hay demasiados mitos y falsedades y muy poco conocimiento directo. En aspectos tales como la geología y la geografía la ignorancia es increíble. La promoción de áreas para la exploración petrolera se orientó hacia el Occidente y Noroccidente, zonas de Corteza Oceánica sin perspectivas para el hallazgo de hidrocarburos, ignorando la gran faja de petróleos pesados del Sureste de la Cordillera Oriental que puede equipararse con el Cinturón del Orinoco en Venezuela, con la ventaja adicional que aquí aflora el crudo en numerosas localidades, pero en un acto absurdo le cancelaron la licencia a una compañía que iba a explorar en dicha faja. No es de extrañar porqué la última ronda realizada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos fue un rotundo fracaso.

La política minera es un completo caos, no hay cartografía geológica coherente, los mapas se contratan con criterios que parecen de agrimensura, en los cuales el propósito es el número de kilómetros cuadrados, no las ideas, no hay estudios metalogénicos, la exploración del Servicio Geológico carente de base científica es una simple rutina burocrática.

La mayor parte de la extracción de oro “aluvial” en Colombia se realiza en brechas volcánicas, no en aluviones como lo afirman los medios oficiales, por tanto el oro se puede encontrar en áreas distante de los ríos, por lo cual actualmente, las principales herramientas, en ese tipo de minería no son las dragas, sino las retroexcavadoras. Respecto a las mineralizaciones diseminadas, filones, etc., el desconocimiento es pasmoso.

En general el desinterés y la ignorancia son tales que la única consecuencia que tuvo el descubrimiento de un gran depósito de hierro bandeado fue la declaración de parque nacional de la zona donde se encuentra, congelando así un recurso importantísimo para el futuro industrial del País. Además le cancelaron los derechos a una empresa que empezó trabajos exploratorios allí.

La coordinación de las agencias estatales es nula, por tanto, si se consultan los estudios de suelos del IGAC y se revisan los mapas del Servicio Geológico parece que se trataran de dos países diferentes. Tan acentuado es esto, que en los estudios edafológicos de la Sabana de Bogotá abundan los suelos volcánicos, pero en la cartografía del Servicio geológico no aparece un metro cuadrado de rocas volcánicas. Además numerosas planchas cartográficas del Servicio Geológico no coinciden entre sí.

Las entidades del Ministerio del transporte manejan conceptos geográficos, geológicos y edafológicos muy diferentes a los de las entidades antes mencionadas. Por tanto las fallas geológicas que afectan las vías frecuentemente no son las mismas que menciona el servicio geológico. Los riesgos difieren en su origen y carácter. Confunden lahares con flujos de escombros y con terrazas aluviales. Generalmente desastres causados por domos salinos se atribuyen a fallas, etc.

Esta desconexión se presenta en otros aspectos tales como la climatología, el Ministerio del Medio Ambiente y las corporaciones regionales conceptúan los páramos como las fuentes hídricas más importantes del país, pero según los datos pluviométricos del IDEAM, esas alturas presentan pluviosidades muy bajas, comparables a las de la Alta Guajira. El Ministerio del medio Ambiente, y las entidades dependientes, aseveran que la Selva Amazónica es el pulmón del Mundo por la cantidad de oxígeno que produce, pero los datos de climatología y meteorología mundiales indican que dicha selva es el mayor generador de CO2, metano y otros gases de efecto invernadero en el Mundo.

Cabe preguntarse: ¿hay alguna seriedad en la investigación científica del territorio nacional o todo es adivinación?