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Autor: Margarita Restrepo

Fecha: 14/08/2018

Menos de 24 horas después de haberse posesionado como presidente de la República, Iván Duque empezó a mostrarnos con hechos que a Colombia había vuelto el gobierno y que los 8 años anteriores, de abandono, desidia y corrupción empezaban a ser cosa del pasado.

Sus primeras acciones, visitando a San Andrés, yendo a Tibú y Tumaco, nos muestran el talante que le veremos a nuestro presidente durante los 4 años que comenzaron a contarse a partir del martes de la semana pasada.

Una de las decisiones que más aplaudo es, sin duda, la de emprender acciones militares en contra de los terroristas de las Farc, los mal llamados “disidentes” que delinquen en el departamento del Putumayo. Como bien dijo el presidente de la República, “a alias Guacho, se le acabó la guachafita”.

Valga recalcar la importancia y pertinencia de las operaciones militares emprendidas en contra de esa estructura criminal, una de las más peligrosas y poderosas de las Farc, sobre todo por su inmensa capacidad de crecimiento, pues existen suficientes evidencias respecto del exagerado aumento de niños reclutados forzosamente, por orden de alias Guacho.

Santos no quiso hacer absolutamente nada para impedir que las Farc, el Eln y demás bandas criminales, siguieran nutriendo sus filas con niños llevados contra su voluntad a los campamentos del terrorismo.

No hay causa ni motivo que sirva como argumento para justificar el reclutamiento forzado de menores de edad. Algunos terroristas, tratan de salvar su responsabilidad alegando que los menores llegan voluntariamente a sus campamentos. El simple hecho de admitirlos ya es constitutivo del delito –de lesa humanidad- de esclavitud, en la modalidad de reclutamiento forzado.

La mejor forma de acabar con esa tragedia es debilitando de manera cierta las cuadrillas de criminales que esclavizan a miles de niños humildes, para convertirlos en delincuentes peligrosos.

El presidente Duque así lo ha entendido y en las primeras horas de su gobierno le ha dado la orden a nuestra Fuerza Pública de emprender las operaciones y operativos necesarios para ubicar y golpear a esas bandas dedicadas al terrorismo y al narcotráfico.

Hace unos días, 4 niños que estaban en poder de las Farc en el departamento de Putumayo encontraron la manera de salvar sus vidas, recurriendo a una patrulla del ejército que los rescató del martirio que estaban sufriendo.

Sí es posible sacar a los niños reclutados de ese infierno en el que se encuentran y el gobierno Duque se encargará de demostrarlo, a través de la acción decidida de nuestros soldados y policías, pero también diseñando y poniendo en marcha una política muy eficaz en materia de prevención del reclutamiento de niños en las zonas más vulnerables de nuestro país.

Viene además una lucha muy importante: lograr que los responsables de este crimen sean ejemplarmente castigados.

La impunidad frente al reclutamiento forzado –como en los demás crímenes de lesa humanidad- es inaceptable. El acuerdo entre Santos y las Farc blindó a los cabecillas de esa guerrilla ante la ley, hecho que ha estimulado a los supuestos “disidentes” para continuar esclavizando a los niños de Colombia, realidad que debemos parar cuanto antes. Durante el gobierno anterior, fue imposible contar con la colaboración del Ejecutivo. Ahora, la situación ha cambiado para bien: llegó la hora de ponerle punto final a la tragedia de los niños reclutados a la fuerza.