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Autor: Pedro Aja Castaño

Fecha: 02/09/2018

Enseñar a pensar es una de las principales tareas de la educación intelectual. Enrique Rojas

La nueva moda, es decir que el gobierno es la causa de todos nuestros problemas; y si no tuviéramos ningún gobierno, no tendríamos problemas. Les puedo decir que eso contradice la evidencia, la historia y el sentido común. Bill Clinton

Publicó el Profesor Moisés Wasserman, ex Rector de la Universidad Nacional, Presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Nucleares, un respetable miembro de la sociedad y gran ‘influenciador’ de la educación, lo que debería ser un artículo de renovada lectura para los medios de difusión, educadores y estudiantes serios: “Fake News de buena familia / Convencen con sofismas.” Su argumento central dilucida cómo los medios difunden información errada o mentiras al no someter las noticias a un análisis de raciocinio y veracidad.

Entre otras cosas, dice: “Para disminuir su impacto se ha propuesto promover el pensamiento crítico. Es un objetivo loable, pero de largo término. Mientras tanto se podría tratar de garantizar que las fuentes informativas sean confiables, de exigir siempre un periodismo ético, con opiniones libres y noticias verdaderas.”

Me sorprendió que pudiera proponer un periodismo ético sin asociarlo al pensamiento crítico por lo que me permito presentar una de sus muchas definiciones: El pensamiento crítico es el análisis objetivo de los hechos para formar un juicio. El tema es complejo existiendo varias definiciones que generalmente incluyen el análisis racional, escéptico e imparcial o la evaluación de la evidencia fáctica. El que ejerce pensamiento crítico es una persona independiente, disciplinada, controlada, que se corrige a sí misma. Ese tipo de pensamiento se somete a los estándares rigurosos de la excelencia y al uso ético de sus resultados. Implica una comunicación efectiva y habilidades para resolver problemas, así como un compromiso para superar nuestro egocentrismo natal o racial (ser gringo, europeo o blanco) y el socio centrismo de circunstancias políticas o personales, como haber nacido en Bogotá, por ejemplo, creyéndose de ‘mejor familia.’ Tenemos entonces que si una persona puede:

1. Pensar en un tema o problema de una manera objetiva y crítica.

2. Identificar los diferentes argumentos que hay en relación con un tema en particular.

3. Evaluar un punto de vista para determinar qué tan fuerte o válido es.

4. Reconocer cualquier debilidad o punto negativo que haya en la evidencia o argumento.

5. Observar las implicaciones que puede haber detrás de una declaración o argumento.

6. Proporcionar un razonamiento estructurado que apoye el argumento que deseamos hacer.

¿Cómo puede esa persona aplicar esas habilidades a las circunstancias de Fake News en los medios que es de lo que habla el Profesor Wasserman? Piense en algo que un ‘experto’ o persona del común haya dicho recientemente. Luego hágase las siguientes preguntas:

1. FUENTE. ¿Quién lo dijo y por qué cree usted que lo dijo? ¿Alguien que usted conoce? ¿Alguien en una posición de autoridad o poder que los utiliza para imponer su pensamiento y no mediante el razonamiento? ¿Importa quién dijo lo que dijo?

2. CONTENIDO. ¿Qué dijo exactamente?

3. FUNDAMENTO DE LO DICHO. ¿Presentó esa persona hechos u opiniones? ¿Proporcionó todos los hechos sobre el asunto? ¿Dejó algo por fuera de manera conveniente?

4. CIRCUNSTANCIAS DE MODO Y LUGAR. ¿Dónde lo dijo?¿Fue en público o en privado? ¿Otras personas tuvieron la oportunidad de responder y proporcionar una versión alternativa? ¿Cuándo lo dijo?¿Fue antes, durante o después de un evento importante? ¿Es importante el tiempo?

5. RAZONES E INTENCIONES. ¿Por qué lo dijo? ¿Explicó el razonamiento detrás de su opinión? ¿Intentaba hacer que alguien se viera bien o mal?
¿Cómo lo dijo? Los que acompañaban a esa persona o ella misma ¿Estaban felices o tristes, enojados o indiferentes? ¿Lo escribieron o lo dijeron? ¿Podría usted entender y repetir lo que se dijo?

Al hacerse usted las preguntas anteriores, podrá determinar el talante tanto de los medios como las personas que los utilizan. Sin embargo, debemos ser conscientes que ninguno de nosotros piensa de manera crítica y ordenada todo el tiempo A veces pensamos casi de cualquier forma , o de manera poco crítica cuando , por ejemplo, nuestro autocontrol se ve afectado por el entusiasmo irreal, la aflicción o la depresión; o cuando nos sentimos simplemente “con ganas de matar y comer del muerto.”

¿Por qué es importante la presencia o ausencia del pensamiento crítico? Porque afecta tanto las decisiones personales serias e importantes como las del estado; y las actitudes de las personas expertas o los legos frente a esas decisiones. Sin embargo ¿cómo asumen las personas comunes y corrientes las decisiones de los ‘expertos’?

MEDIANTE EL SENTIDO COMÚN que es el pensamiento racional innato que se produce de manera natural en los seres humanos normales y racionales. El sentido común implica habilidades de pensamiento y resolución de problemas desarrolladas a partir de la intuición, la lógica natural y la capacidad humana para observar eventos, absorber información y lecciones de ellos. Estas observaciones le permiten aprender de la experiencia y así perfeccionar e implementar un buen juicio. Utilizamos el sentido común para enfocarnos en algún problema e intentar resolverlo en las circunstancias de la vida cotidiana. Todo ser humano desarrolla y usa el sentido común para aplicar decisiones lógicas imparciales, y responsables. Sin embargo, ¿Cuáles son las diferencias entre el sentido común y el pensamiento crítico?

El sentido común nos da, por definición, una conclusión sólida porque se basa en la experiencia personal que nos da certeza. El pensamiento crítico, por otro lado, puede ser correcto o no. Los errores de lógica ocurren, por muchos motivos. Quienes pretenden usarlo no siempre tienen la razón, y sus conclusiones pueden estar matizadas por sus propios prejuicios o escuelas de pensamiento. Ahora bien, la experiencia personal de cada quien también está sometida al escrutinio de los otros y puede ser cuestionada aunque se respete.

Otra diferencia radica en los niveles de conciencia en los que operan el pensamiento crítico y el sentido común. El pensamiento crítico siempre ocurre en un nivel consciente de hechos, pruebas, resultados, conocimiento de lo que se dice y explicaciones; mientras que el sentido común ocurre en un nivel de pensamiento que está relacionado con “la conciencia cotidiana”. De esa manera la decisión experta de un economista puede chocar con la experiencia personal del individuo quien no está acostumbrado a la validación estadística o el análisis de lo que le plantea el experto. Y ahí es cuando el estado tiene que decidir si acepta o no la lectura de ese otro ‘yo’ mayoritario, pero supuestamente equivocado, debido a conveniencias políticas; o atenerse a la impopularidad del planteamiento experto que el sentido común rechaza.

¿Pero cómo y por qué se equivocan los ‘expertos’ quienes siéndolo en un campo pretenden opinar, debido a su autoridad, sobre una realidad que les es ajena? Ese es el problema de los medios, de científicos y personas del común. En cuanto a los medios, son ‘expertos’ en comunicación, pero ‘opinan’ sobre todo porque son famosos o populares. ¿Y qué puede ser común a esos tres grupos de personas? La actitud y sus errores, que podrían ser:

A. FALTA DE CURIOSIDAD AL NO VERIFICAR LAS FUENTES DE LO QUE AFIRMAN O LO QUE NECESITA SER CONFIRMADO. Esa ‘falta de curiosidad’ se debe a que consideran irrelevante comprobar lo que no es lo suyo. Por ejemplo, un científico puede considerar innecesario confirmar si la receta del sancocho tiene lo que dice. Si lo confirmara podría evitarse la diarrea de quien, por efectos de la edad, se ha vuelto alérgico a la grasa (evidencia fáctica del sancocho que no se preocupa en constatar.)

B. PREDISPOSICIÓN A LA PETULANCIA O SEMISOFISTICACIÓN. Puedo decir que el mejor español es el de España porque allí se originó; pero esa actitud lleva a la disminución de audiencia cuando un público se niega a ver películas españolas porque muchos hispanohablantes no entienden ese peculiar modo de hablar. Lo mismo le pasa a los gringos con el inglés de los irlandeses. Pero la influencia política se impone en el mercado.

C. DESHONESTIDAD INTELECTUAL Y ÉTICA. El chismoso repite como verdad lo que sabe que es chisme y se ampara en un sacrosanto derecho de libertad de expresión.

D. PARCIALIDAD O PREJUICIO EN FAVOR O EN CONTRA DE ALGO. Ese es el karma de ciertos partidos políticos que adaptan la verdad científica a los propósitos partidistas. Por ejemplo, el concepto de ‘raza’ manejado por los nazis.

E. CREDULIDAD PRIMITIVA. De eso se aprovechan ‘los más educados’ al intercambiar opiniones con personas menos instruidas induciéndolas al error. ¿Cuál es el nivel medio de educación de la teleaudiencia o los radioescuchas? Eso explica que muchos traguen entero lo que difunden.

F. REVERENCIA INDEBIDA HACIA ‘LA ÚLTIMA PALABRA,’ LO NUEVO, LO NOVEDOSO; O LA TRADICIÓN. Eso nos lleva a incurrir en gastos innecesarios. Cambio de carro cada año cuya función primordial, desde hace 100 años, es la mayor o menor velocidad. De la misma forma, la anchura estándar de los rieles del tren sigue siendo el ancho de los carruajes del siglo 18. Consecuencia: los trenes no pueden ser más anchos. De la misma estrechez son los senderos de montaña trazados por las mulas.

G. INCREDULIDAD PERNICIOSA, ‘MENTE CERRADA’, REVERENCIA INDEBIDA POR LA COSTUMBRE Y LA TRADICIÓN. La corbata masculina, un adminículo de vanidad que está desapareciendo es el ejemplo perfecto que el cambio climático está remplazando por la camisa abierta.

H. DESINTERÉS POR LAS RELACIONES DE CAUSA Y EFECTO. Se pretende reducir la accidentalidad bajando la velocidad permitida de 60 a 50 kilómetros. ¿Es la velocidad la única causa de los accidentes o la falta de entrenamiento en inteligencia vial y manejo defensivo que incluyen múltiples habilidades para ser un buen conductor?

I. PREDISPOSICIÓN A SER TOLERANTE FRENTE A LA CONFUSIÓN Y LA INCOHERENCIA. La tramito manía, como lo indica la palabra, es la manía por el trámite que contradice la eficacia debida en un servicio médico; pero seguimos tolerando que una persona se muera por falta de una ‘autorización’ para vivir.

Los sofismas de los que habla el Profesor Wasserman son muchísimos y originan las causas de todas las tragedias humanas. Se encuentran detallados en libros especializados y en muchas listas que aparecen en internet. En 1960 la Escuela de Leyes de Harvard se dio cuenta que sus estudiantes provenían de las mejores familias de EE UU, tenían un alto coeficiente intelectual ¡Pero no sabían pensar! Escribieron entonces los Profesores Burton, Kimball y Wing “Education for Effective Thinking” (Hacia un pensamiento eficaz, Editorial Troquel, 1960) que leo desde hace más de 40 años junto con La Biblia, otra fuente de sabiduría, pues así como usted puede tener una fuerte contextura, tiene que entrenarla si quiere sobresalir en algún deporte. Ese es el pensamiento crítico: entrenar la mente para saber si todo cuanto le dicen está o no demostrado, teniendo entonces personas verdaderamente educadas que no se dan solamente con estudiar en la mejor escuela o universidad, sino practicando las reglas del buen raciocinio. ¿Y para qué sirven el pensamiento crítico y el sentido común? Para hacerle frente a las falacias o engaños. ¿Cómo? El sentido común automáticamente discierne el engaño. El pensamiento crítico explica su estructura y cómo opera. Pero ¿qué es una falacia?

Del latín fallacia, una falacia es una mentira o engaño con el que se pretende dañar a una persona sin que esta se dé cuenta. Una persona que descubre que ha sido víctima de una falacia puede expresar, por ejemplo: “Las falacias de sus planteamientos políticos me hicieron vivir engañado durante muchos años”; “Pablo está siempre con sus falacias, tratando de estafar a la gente”. Una persona utiliza una falacia para obtener algo que sabe no podría conseguir de otro modo que no sea a través de la falsedad; generalmente su intención no es precisamente dañar, sino obtener un beneficio, pero no le preocupa herir a otros para conseguir lo que desea. Otros teóricos llaman a las falacias ‘errores de pensamiento’ en los que caen las personas sin darse cuenta, pero produciendo el mismo efecto de una mentira o error. Veamos entonces algunos ejemplos de falacias y pensamiento confuso de nuestro escenario político.

1. LA FALACIA DE CLAUDIA LÓPEZ. Llevarnos a confundir su esfuerzo en recolección de firmas con el resultado que sobrepasó las firmas recogidas. Quiere hacer creer que los 11.662.000 votos son suyos, muchos más que los obtenidos por Duque, amparándose en el ‘paraguas’ del rechazo a la corrupción que cobija a todos los partidos. Lo considera un triunfo; pero en democracia se gana o se pierde. Es decir, perdió. ¿Qué beneficio busca? Posicionarse políticamente con miras a unas elecciones venideras en las que no se votará contra la corrupción sino a favor de diferentes candidatos. Quiere ser alcaldesa de Bogotá o candidata presidencial. En términos lógicos se explicaría así la falacia llamada ‘del francotirador’: Manipular las premisas y los datos hasta ajustarlos a la conclusión que se desea. En este caso, ser mejor que Duque; que la izquierda es supuestamente poderosa; que lo suyo es un triunfo a pesar de haber perdido.

2. LA FALACIA O CHANTAJE DE LA VERGÜENZA O LA REVERENCIA. En esta ‘consulta’ se utilizó el argumento de autoridad de que votar SÍ era un imperativo moral. Sus promotores actuaban lejos de la humildad en el sentido de que pudieran estar equivocados. Después de la consulta, el hecho de tener que radicar diferentes proyectos de ley en el congreso sobre los temas de la consulta son la prueba fidedigna de que con la consulta no se lograba eliminar la corrupción. Se utilizó la reverencia hacia la supuesta honestidad de quien obedece un mandato ético por conveniencia. Había que creer lo que decían sus promotores, sin cuestionar, bajo la amenaza de la vergüenza al ser considerado supuestamente corrupto. María Isabel Rueda escribió en su columna NO VOTO LA CONSULTA: “Yo no votaré la consulta anticorrupción del domingo. No porque sea una corrupta, que es una victoria mediática que han obtenido los promotores de la consulta: acorralar a los que no la vamos a votar en la trinchera de los corruptos.”

3. LA FALACIA DE DANIEL SAMPER OSPINA. Echarle la culpa a Uribe de que la consulta no alcanzara el umbral, sencillamente porque el ex presidente cambió de opinión. En términos lógicos así se explica la falacia denominada ‘argumentum an ignorantiam’: la de afirmar que algo es verdadero porque no se ha probado su falsedad. Es verdad que Uribe cambió de opinión; pero no se ha probado que ese cambio haya producido el resultado. Sobre todo porque quienes votaron o se abstuvieron lo hicieron libremente. ¿Por qué Uribe no influyó en los que sí votaron, como el Presidente Duque, uribista?

4. LAS FALACIAS DE LAS SIETE PREGUNTAS COMPLEJAS DE LA CONSULTA.

Cada una de las siete preguntas de las consulta implica otros cuestionamientos complejos, verdades a medias, falsos dilemas, con argumentos basados en la envidia, el odio de sus promotores.

5. LA FALACIA DE LA CONNOTACIÓN EMOTIVA. Claudia López usa un verbalismo emotivo y gritón, de generalizaciones relumbrantes. Utiliza palabras que carecen de contenido objetivo, pero que están cargadas de connotaciones de desaprobación y que emite como si tuvieran un inapelable carácter probatorio, pero sin pruebas: habla de ‘clase política’, por ejemplo, sin definir qué es eso; la acusa siendo que ella pertenece a la misma. En el video de Carolina Duarte de su programa “La polla” le dice a Claudia López que vocifera contra los que ella considera corruptos de todos los partidos, menos contra los del Partido Verde, el suyo, y menciona a las siguientes personas cuestionadas por la autoridad, por diferentes delitos: León Freddy Muñoz, Juan José Rodríguez, Fabio Castellanos, Jorge Londoño, Carlos Andrés Amaya, Sergio David Torres.

6. LA FALACIA DE LA CONSPIRACIÓN. En el ‘real politik’ las verdaderas conspiraciones las develan los servicios secretos o son parte de ellas. Fuera de ese escenario las teorías conspirativas políticas se alimentan de Hollywood, basándose en la suposición de que nada sucede por accidente, nada es lo que parece, y todo está conectado. Entonces se les empieza a agregar cualquier ‘evidencia’ que se adapte a la ‘teoría’, que en realidad es un ‘fake news’ de prestigio, que produce plata, de modo que se convierte en un sistema cerrado de creencia que funge como una cuestión de fe, en la que no se admiten ni se exigen las pruebas del pensamiento crítico debido al supuesto compromiso político con una ‘causa,’ autoengaño o negocio torcido. Así la gente cree lo que le conviene creer, o se le induce a ello, como en las películas. Por estos días se habla del juego del policía malo (Uribe) Vs el policía bueno (Duque) para explicar las normales diferencias de acuerdos y desacuerdos entre personas de un mismo partido. Cada quien imagina y considera su especulación como una verdad revelada; es decir, su propio guión existencial. Los medios lo aprovechan para elevar el rating.

¿Para qué sirve todo lo anterior? Para que usted no caiga en la moderna trampa dorada del ‘razonamiento motivado’ que es una forma de pensar con la que las personas acceden, construyen y evalúan los argumentos de una manera sesgada para llegar a una conclusión preferida o respaldarla. Es el mecanismo usual de la propaganda y la publicidad. El razonamiento motivado lleva a las personas a confirmar lo que ya creen o necesitan, mientras ignoran los datos contrarios; por ejemplo: los postulados de un partido, el efecto de una dieta, el relativismo de la moral, las bondades del negocio de la droga, asesinar, mentir, robar, engañar, repartir mermelada, etc. Pero también lleva a las personas a desarrollar racionalizaciones elaboradas para justificar la creencia de que la lógica y la evidencia han demostrado ser erróneas. Con esas personas usted no puede razonar objetivamente. Solo entenderán la contundencia de los hechos, si los afecta directamente: un carcelazo.

La tragedia social de las falacias es que sabiendo la gente que son argumentos falsos o engañosos, “razonamiento basura”, es decir, argumentos que parecen irrefutables pero que no prueban nada, sin embargo se siguen ignorando como si no tuvieran una influencia letal en la toma de decisiones y la convivencia. Las falacias a menudo parecen superficialmente sólidas y, con demasiada frecuencia, retienen un poder de persuasión inmenso incluso después de haber sido claramente expuestas como falsas y ver sus resultados. El fracaso del comunismo soviético, venezolano y cubano no es argumento suficiente para los comunistas criollos que insisten en llevar al país por ese rumbo.

Como las epidemias, las falacias a veces “encienden ” a poblaciones enteras, a menudo con los resultados más trágicos, antes de que su poder disminuya o se pierda. Colombia se mató durante 70 años y se sigue incendiando por cualquier tontería por la falacia de que un determinado modo de pensar o de ser, es malo, sin ninguna prueba, ignorando la objetividad de la ley que define qué es bueno y malo en la convivencia social.

Las falacias no siempre son deliberadas, pero el propósito de un buen pensador, honesto y versado; o la mejor contribución de un verdadero político es develar los trucos falaces del razonamiento político. De esa manera se desenmascararía a los hipócritas que con sus engaños encienden la hoguera de las vanidades ilusorias, como fue la ‘Consulta anticorrupción.’ Identificar y desenmascarar falacias en los argumentos debería ser el primer mandamiento de un decálogo educativo, pues de no practicarse sería el pecado original de la peor de las corrupciones, la del pensamiento que ha dado origen a la justificación de masacres, violaciones, secuestros, desapariciones forzadas, etc.

Las falacias son la fuente del peor horror. Los 50 tomos del ‘Informe Génesis’ de las Farc recopilado con documentos de la propia organización es la prueba histórica colombiana del resultado de aceptar una mentira generalizada sin que nada pase. De ahí que el Consejo de Estado haya condenado a la Nación por el atentado cometido por las Farc; es decir, una monstruosa falacia legal, mientras nuestros victimarios responsables se sientan en el congreso mediante otra falacia llamada ‘acuerdo’.

Esas son las consecuencias del pensamiento falaz en la justicia: torcerle el cuello a la ley y la verdad. ¿No se ha dado cuenta que el origen de la tragedia humana comenzó con el engaño de Satanás en medio de la felicidad del paraíso? ¿Qué le dice eso? Que debemos estar siempre con los ojos abiertos y los oídos bien despiertos porque el engaño es sagaz como la serpiente.