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Autor: Jaime Jaramillo Panesso

Fecha: 28/09/2018

No hemos podido salir de la oscura noche que la violencia guerrillera sembró desde hace más de medio siglo. Son los mismos que provocaron la respuesta, en iguales términos, de las autodefensas o paramilitares, unos años luego de que el asesinato, el secuestro, la extorsión, el desplazamiento de civiles, el ametrallamiento de reses y los monstruosos crìmenes de lesa humanidad y crìmenes de guerra como los niños y las mujeres vejadas y abortadas, despertaran la contrapartida de la violencia antiguerrillera. Unos y otros, por entonces se financiaron con la droga. Nos dijeron hace pocos años que la paz había llegado con los acuerdos complacientes de La Habana. Y trajeron a personajes que legitimaran esa paz inventada por el gobierno, como ministros europeos, expresidentes españoles, intelectuales alemanes y un Papa argentino.

Tres profesionales, tres geólogos fueron asesinados por la nueva y vieja Farc en Ochalí, un corregimiento en las breñas de Antioquia que trabajaban para una empresa minera. Está claramente indicada la señal del crimen: la guerrilla impedirá la explotación minera moderna y calificada, para quedarse con las riquezas naturales por medio de la minería ilegal. Este crimen le indica a los colombianos que no podrán explotar ningún recurso propio que se encuentre en zona de dominio fariano. La muerte de los geólogos es un acto de barbarie contra la inteligencia y contra la universidad colombianas. Nada justifica que las armas constitucionales no se pongan en movimiento de combate y exterminio de los enemigos del pueblo y la nación. Los soldados no son para desfilar o vigilar caminos, sino para ir en busca de los bandidos. Estamos en manos de las hordas vacías de razones políticas y ahítas de la brutalidad renovable y sistemática, Perdimos ocho años solo para aislar un grupo de dirigentes de esa guerrilla, los mismos años que sirvieron para crecer los cultivos de coca, jugar a las escondidas de caletas y depósitos de explosivos y renovarse, mientras el óxido dio de baja al ejército nacional.