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Autor: Margarita Restrepo

Fecha: 03/12/2018

En Colombia hizo carrera la tesis manida de que quienes se oponen al uribismo son personas decentes y que aquellos que respaldamos al expresidente Uribe y al hoy presidente Iván Duque, no lo somos.

La justicia debe ser igual de severa con todos, al margen de sus ideas o filiación política. Desde el martes pasado, cuando vi a mi compañera de bancada Paloma Valencia haciendo público el video en el que el senador Gustavo Petro queda registrado mientras empaca en una bolsa plástica ocho gruesos fajos de dinero, he estado esperando una explicación seria, detallada y si es posible documentada de esas imágenes. Si fue un préstamo, el país necesita saber si aquel fue incluido en la declaración de renta de Gustavo Petro, en la casilla de las deudas. Así mismo, si existe un soporte que dé cuenta de dicho crédito, a saber un pagaré o una promesa de pago. ¿Fue sin intereses? ¿Cuándo se saldó la deuda?, pero lo más importante, ¿Por qué la persona que supuestamente concedió dicho préstamo, el arquitecto Simón Vélez lo está negando?

Ante el exceso de suspicacias, se requiere exceso de transparencia y Petro no ha sido en absoluto claro con el país. Él, que se autoproclama el vocero de los “decentes”, ha tenido un comportamiento de delincuente.

No quiero ni pensar cuál habría sido la cobertura y el desarrollo de aquel escándalo si quien aparece en el video no fuera Petro sino un miembro del Centro Democrático. Por eso, insisto en que la implacabilidad de la justicia debe ser igual en cualquier caso.

Este asunto no se liquida sin más ni más. Estamos ante un hecho de inmensa gravedad que debe ser analizado a profundidad, así el protagonista del mismo esté escondido y solo aparezca para tratar de desviar la atención del mismo.

Decentes son aquellas personas que trabajan honradamente, para ganar el pan de cada día, no el dirigente político que los manipula y siembra el odio en sus corazones, presentándose en el día como un político conectado con sus necesidades, pero en la noche, olvidando todo aquello, recibe jugosas sumas de dinero en efectivo quién sabe con qué propósito.

Decentes en política son los que defienden un cuerpo de doctrina, como hemos venido haciendo en el Centro Democrático desde el mismo día de nuestra fundación. Creemos en la política austera, sin mermelada, sin prebendas, financiada sobre la mesa, declarando todos nuestros ingresos y gastos en el Consejo Nacional Electoral y sin recibir bolsas llenas de dinero como hizo el senador Gustavo Petro Urrego.

Pero la decencia consiste también en poner la cara en momentos de dificultad, responder los interrogantes que legítimamente hacen los ciudadanos, aclarar con sinceridad lo que ha sucedido y no esconderse como ha hecho Petro durante esta semana.

Me produce intriga el silencio de los aliados políticos de Gustavo Petro, aquellos que convirtieron a la corrupción en una herramienta electorera. Es el caso de Claudia López, que respaldó decidida y fervientemente a Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial de este año. ¿Dónde están sus trinos exigiendo explicaciones, acciones de la justicia y sanciones ejemplarizantes? ¿Acaso la corrupción no debe ser castigada cuando quien la protagoniza es uno de los de su bando? Ante estos interrogantes, surge uno que debe responder con sinceridad toda la ciudadanía ¿Quiénes son entonces, los decentes?