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Autor: Pedro Aja Castaño

Fecha: 16/12/2018

“La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz, la generosidad y tener misericordia es comprender el verdadero significado de Navidad” (Calvin Coolidge)

La novela corta del británico Charles Dickens, A Christmas Carol, que se ha traducido como Canción de Navidad, Cuento de Navidad o El cántico de Navidad, publicada originalmente el 19 de diciembre de 1843 nos cuenta la historia de un hombre avaro y egoísta llamado Ebenezer Scrooge y su transformación tras ser visitado por una serie de fantasmas en Nochebuena. La novela consiguió un inmediato éxito y el aplauso de la crítica, en una época en la que se sentía una gran nostalgia por las viejas tradiciones navideñas y comenzaban a introducirse nuevas costumbres como árboles de navidad y tarjetas de felicitación.

Mientras los socialistas de siempre la consideraron una crítica al capitalismo industrial del siglo 19, también se cree que contribuyó a la restauración de la Navidad como una época de celebración y festividad en Inglaterra y EE. UU. Podemos ver que ha prevalecido la intención original de mostrar un proceso de conversión, a las malas, a través de ‘fantasmas’, o imágenes simbólicas de la vida del personaje; es decir, con una ‘metodología’ similar a la de los sueños.

En el siglo 21 se conocen historias de conversión en las cárceles en donde seguramente ha debido estar Ebenezer Scrooge por avaro y agiotista, aunque los villancicos, alguna fiesta milagrosa, o un sermón inspirado todavía hacen milagros en ese pecador anónimo que sin mucha convicción se arrodilla y confiesa en esta época.

Los fantasmas que describe Dickens pertenecen a una tradición milenaria, aceptada por muchos, pero cuestionada o ridiculizada por los escépticos; pero, ¿qué es lo que en realidad representan? Si decimos que representan difuntos que nos visitan, la intuición sensible que describe aquello que es percibido como evidente dirá que el fantasma es real, si alguien ve algo; y lo negará si no ve nada, pero acepta su posibilidad; otros dirán que es alucinación. Sin embargo, la ciencia avanzada ha demostrado que esas apariciones son reales según lo comprueba el libro de Evelyn Elsaesser “Cuando los difuntos nos visitan”. Intelectualmente la intuición nos dirá que los fantasmas son posibles considerando la conformación del hombre como un ser de cuerpo, alma y espíritu. Pero no lo son según la teoría materialista.

Por otra parte, según algunos enfoques psicológicos, se le llama intuición al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión o decisión. Las intuiciones suelen presentarse más frecuentemente como reacciones emotivas repentinas a determinados sucesos, percepciones o sensaciones que como pensamientos abstractos elaborados y muy relacionados con las creencias e ideologías. Creo que en la vida común y corriente de nuestros días los fantasmas, espíritus, ángeles y demonios caen dentro de esta categoría de experiencias. Finalmente, en la experiencia diaria usted dirá de alguien que es un ángel o un demonio de acuerdo con los resultados de su relación con esa persona.

Hace muchos años, un 25 de diciembre de 1973 junto con mi esposa fuimos a ver El Exorcista en uno de los teatros de Chapinero. A la salida me di cuenta que un viejo feo y mal vestido me observaba con ojos maliciosos y una sonrisa. Su rostro se me grabó. En esa época no creía en demonios o ángeles; era un descreído. Pero ‘algo’ me dijo que era un demonio. Mi esposa duró tres días conmocionada por la película y hay muchas anécdotas misteriosas alrededor de ella. Hoy sé que un placer de ciertos demonios es causar miedo, pánico. La diabólica expresión e implacable maldad del demonio ha convertido esa película en la más terrorífica del ‘género’ en la historia del cine, ganadora de Óscares. Podría decirse que al demonio se le considera una ‘estrella’ como lo son algunos cantantes y piezas satánicas del rock.

Unos dirán sobre la película: es solo un excelente trabajo de ficción; sí, pero basado en un caso real. William Peter Blatty, autor y guionista de “The Exorcist”, basó su libro en un exorcismo de la vida real realizado en un joven de 14 años de nombre, Roland Doe, que vivía en una casa del condado de Prince George donde comenzó su posesión en 1949. Por otra parte, los libros del Padre J.A. Fortea, SVMMA DAEMONIACA? Tratado de Demonología y Manuel del Exorcista; EXORCÍSTICA? Cuestiones sobre el demonio, la posesión y el exorcismo; al igual que los del Padre Amorth, exorcista del Vaticano arrojan muchas luces sobre el asunto.

Hace unos días, estando de compras en un almacén importante, se me apareció un individuo de mal aspecto, pidiendo plata, que decía ser artista y poeta. Lo evité. Insistió. Al ver que no le prestaba atención, me dijo: “Míreme a los ojos.” Instintivamente me cubrí con la sangre de Cristo y le dije: “No lo haré; usted es malo.” Su odio, mal aspecto y olor nauseabundo me dijeron que era un demonio o uno de sus discípulos haciendo su trabajo en esta época. Cuando lo busqué, había desaparecido. Ese fue un ataque, pero conociéndolo no me dejé intimidar. Y a diario se viven muchas situaciones terribles sin que las personas sospechen que son causadas por los demonios. La violencia es una de ellas. No sé si usted sabe que cuando le dijeron a Gaitán que pensaban matarlo, él dijo: “Si me matan, aquí habrá un río de sangre que correrá por 50 años”. Fue una maldición.

Ahora bien, la cosa quizá no nos interese porque consideremos que nuestra conducta correcta y creyente no da lugar para una posesión. Y algo de cierto hay en ello cuando Jesús ocupa el trono moral en nuestro SER REAL, más íntimo, llamado Espíritu. Dios y Satanás no pueden estar en el mismo lugar. Sin embargo, la estrategia del demonio no es tomar el espíritu por asalto, sino ir acostumbrando la mente y los sentimientos a pequeñas y grandes acciones de maldad con decisiones activas o pasivas, hasta llegar al punto en que la distinción entre el bien o el mal es indiferente desembocando en conductas criminales sin ningún remordimiento. Un líder populista de esas condiciones, dispuesto a todo, es un peligro mortal.

Por todo lo anterior, no creo que San Pablo haya inventado lo que sigue: “Porque no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea” (Efesios 6:12), pues se lo reveló Jesucristo, así como en tiempos modernos ha revelado a escogidos cómo operan los diferentes demonios para engañarnos. En su libro “Una revelación divina del Reino Espiritual”, Mary Baxter describe las diferentes tácticas de los demonios de corrupción, lujuria, tormento, miedo, odio, celos, infidelidad, adicción, idolatría, etc.; esos demonios no poseen a los cristianos, sino que los asedian para que caigan en conductas reprobables, preguntándose después ¿por qué hice eso? Eso se llama demonización y es la verdadera fuente de la criminalidad. Hay que combatirla con las leyes de los hombres, la intervención positiva del estado, pero sabiendo que la guerra espiritual exige también armas y conocimiento espiritual. Sin esos elementos luchar contra la corrupción, la polarización, el narcotráfico, la violencia, el abuso de niños, la criminalidad en general es un solemne fracaso. Las ‘bombas’ que se deben usar contra los demonios son: la oración, las buenas obras, el ayuno, la mortificación, el estudio bíblico; y para los católicos, además del catecismo, el estudio y repaso del Misal Vaticano II para que la Misa no sea solo un precepto, sino una fuente de inspiración y estudio permanente; pero sobre todo llevar a cabo todas las acciones en nombre de Dios que es vivir en un permanente estado de conversión. Por lo menos el demonio se aburrirá con usted y lo dejará tranquilo.

Que las prácticas espirituales tienen un efecto real sobre la vida cotidiana de los pueblos, se puede ver en: Efectos de la Práctica Colectiva del Programa de Meditación Trascendental en la Prevención del Delito Violento en Washington, DC. Resultados del Proyecto de Demostración Nacional, junio-julio 1993. Después de este experimento en Washington, la rata de criminalidad bajó. Por lo que digo: Si un maestro de yoga logró esa hazaña ¿qué no podríamos realizar los cristianos con una verdadera revelación de Dios si nos propusiéramos actuar colectivamente con las ‘armas’ de nuestra espiritualidad?

¿Y qué tiene que ver la Navidad con todo lo anterior? Si la navidad se celebrara mundialmente con la intención de adoración a Dios, el resultado sería paz, bienestar para todos, alegría, no importa a qué religión se pertenezca; pero si se celebra dentro de un espíritu mundano, secular, de locura, descontrol, las ratas de criminalidad aumentarán, lo que parece ser la experiencia de todos los años. Sin embargo, dicen los expertos que si un 1% de la población mundial meditara conscientemente las guerras desaparecerían. Sería como un rayo láser espiritual dirigido contra los lugares de perdición.

Si usted no cree en lo anterior lea: “Luz y sombras en el laberinto ? ¿Por qué las sombras espirituales persisten donde están? Por George Otis Jr. Editorial Unilit, 2001. Vaya a la página 359 y lea “Las crónicas colombianas”. Ahí descubrirá usted cómo los pastores de Cali, en mayo de 1995, después de una noche de vigilia y oración en el Coliseo El Pueblo, el diario El País reportó que había trascurrido un día sin asesinatos. Un mes después cayó el Cartel de Cali. La oración estaba dirigida contra las potestades diabólicas de las que habla Pablo en Efesios 6:12

Y si en el mundo espiritual maligno existe la intención de acabar con la obra de Dios, Navidad es el momento perfecto para hacerlo para desencantar a los cristianos. ¿Pero cómo se neutraliza esa intención de Satanás al menos en el seno de su familia? Veamos lo que dice la Primera Carta de Juan 3, 1-10

“Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro. (El espíritu del Señor se manifiesta en Navidad para los que verdaderamente lo esperan.)

“Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley. Y vosotros sabéis que Él se manifestó a fin de quitar los pecados, y en Él no hay pecado. Todo el que permanece en Él, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido. Hijos míos, que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.”

Las personas que experimentan el significado más pleno de la navidad son las que saben y sienten que hay algo en ellos que necesita ser mejorado, cambiado, destruido, para ser libres y felices como lo quiere la voluntad de Dios. La generosidad, la buena actitud, los saludos familiares, la reunión con los amigos, las novenas en familia son parte del ejercicio. Es cierto, como dijo Juan (Juan 3:17), que “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él”. Pero Él salva al destruir el pecado, como lo hace un doctor que amputa un pie gangrenado o extrae un pulmón canceroso. Eso fue lo que le pasó a Ebenezer Scrooge en la Noche de Navidad: el Espíritu del amor incondicional de Jesús destruyó su egoísmo y experimentó una nueva alegría, la verdadera Paz que anunciaron los ángeles en el Nacimiento del Niño Dios. Feliz Navidad y que Dios lo guarde, amable lector.