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http://pensamientocolombia.org/el-conflicto-armado-y-el-negacionismo-del-terrorismo/

Autor: Daniel Mera Villamizar

Fecha: 22/02/2019

La semántica de la disputa por la legitimidad.

Lo que está en juego es la legitimación de la violencia política y la deslegitimación del Estado y de las Fuerzas Armadas. Por eso los significados importan más que las palabras.

“Conflicto armado interno” es una expresión neutra internacional, pero en Colombia implica una toma de partido sobre la naturaleza del conflicto porque encubre y da paso a la legitimación de lo injustificable para la mayoría de la sociedad: el terrorismo como violencia política.

Que una corriente ideológica en el poder la haya vuelto oficial no elimina la disputa semántica; al contrario. Sin embargo, la hegemonía mediática pretende convertirla en estándar ético y moral.

En rigor, además, la definición de “conflicto armado interno o no internacional” basada en el Derecho Internacional Humanitario (DIH) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) no describe del todo lo que ha pasado en Colombia.

La Corte Constitucional en Sentencia C-781/2012 lo resumió así: “actos cometidos por grupos armados bien organizados que realizan operaciones militares sostenidas, concertadas y que tienen un cierto umbral de intensidad o enfrentamiento con otros grupos o las fuerzas militares”.

Esa definición no incluye violencia sistemática contra la población civil ni terrorismo. La noción universal de “conflicto armado interno” se refiere a grupos armados que se enfrentan al Estado. Es de esperar que aceptarán eso tantos intelectuales y académicos ilustres.

¿Pero aceptarán que una cosa son los enfrentamientos con las Fuerzas Armadas de la República y otra centenares de miles de civiles secuestrados, asesinados y víctimas de patrimonio, de violencia sexual, de desplazamiento, de coerción?

¿Negarán que los hechos y las cifras muestran que tuvimos más una guerra contra la sociedad que ha sostenido como legítimo al Estado que un conflicto armado con el Estado?. En Europa muchos quisieron ver una “guerra civil”, pero ni Santos se atrevió a decir que era así cuando el Nobel.

¿Negarán que la estrategia guerrillera ha sido doblegar a la sociedad, incluyendo el uso del terrorismo, para conseguir del Estado una victoria política? Tristemente, vemos a muchos negacionistas del terrorismo que acusan a sus contradictores ideológicos de negacionistas del conflicto armado.

Los que evitan usar la expresión “conflicto armado” quieren no respaldar la visión asociada al significado político que se le ha dado, que considera:

i) que la violencia guerrillera y terrorista se justificaba y se justifica por “causas objetivas” como la pobreza y la desigualdad; y ii) que el uso ilegítimo de la fuerza que hicieron agentes del Estado y el accionar de los grupos paramilitares fueron una política de Estado, por lo cual en la historia del “conflicto armado” todos los actores son igualmente buenos y malos.

La visión que defiende la legitimidad del Estado y de las Fuerzas Armadas argumenta que i) sin ideología marxista no habríamos tenido esta guerra planeada para tomarse el poder por las armas, no por los votos, y ii) que los exparamilitares están en el lugar que les corresponde: aislados de la política y de la corriente principal de la sociedad después de pagar cárcel.

Lo que molesta es que tantos vean como natural que los exguerrilleros pretendan dictar cátedra a la sociedad e ir a la JEP a hacer relatos biográficos indulgentes, cabalgando sobre el negacionismo del terrorismo, cuando sus equivalentes exparamilitares los ven por televisión desde el ostracismo.

Se trata de una disputa de fondo sobre la orientación de Colombia, la configuración de la legitimidad, y pueden buscar seguir ganando desde los términos acuñados oficialmente, pero tras la victoria del NO en el plebiscito y la elección de Iván Duque no deberían seguir negando que esto es una disputa, no una verdad (la del “conflicto armado”).