Miércoles 22 de Noviembre del 2017

PURA INCERTIDUMBRE

¿Habría sido distinto el resultado de las elecciones presidenciales ocurridas hace apenas semanas si la opinión pública venezolana hubiera sabido que el Teniente Coronel estaba al borde de la muerte, como él mismo ha sugerido con ocasión de su reciente viaje a Cuba? ¿En verdad su estado es así de grave o, como varias veces antes, se le miente a la ciudadanía sobre el estado de salud del sátrapa? ¿El efecto que se quiere al revelar una condición grave es la de impulsar la solidaridad con los candidatos del chavismo a las elecciones regionales? ¿Veremos, por tanto, a un Chávez inflado y sonriente después de las elecciones?

En un régimen verdaderamente democrático las respuestas serían claras. En ese remedo de democracia que es la Venezuela del socialismo del siglo XXI están lejos de serlo. Ocurre en los sistemas que, en lugar de girar en torno al derecho y a las instituciones, dependen de un hombre fuerte. La información es opaca y la separación de poderes y el control político, inexistentes. El estado de salud de Chávez se ha manejado como se acostumbraba en los sistemas comunistas de la Cortina de Hierro. Las noticias son alteradas para acomodarlas a las necesidades políticas del gobernante (Chávez tenía un "absceso pélvico" cuando fue operado por primera vez en junio de 2011) y se administran según convenga al régimen.

Como sea, parece que ahora sí la cosa viene en serio. Que Chávez estaba enfermo se veía en su figura abotagada, hinchada como un sapo por cuenta de los esteroides administrados. Aunque no se supiera bien de qué estaba enfermo y aún no se sepa qué clase de cáncer padece y dónde está ubicado, era innegable su malestar. Pero ahora el reconocimiento público y el designio a dedo del sucesor pareciera dar idea de su gravedad.

Pocas cosas se saben. Una es que debería haber nuevas elecciones presidenciales porque no han transcurrido las dos terceras partes del nuevo período que, de hecho, empieza el 10 de enero (en esa hipótesis el gobierno sería asumido por el actual Vicepresidente). Otra, que en el escenario de nuevas elecciones el candidato chavista, cualquiera que sea, tiene bien difícil ganar. Una cosa es Chávez y otra muy distinta su posible sucesor. Ninguno conecta con el pueblo como el Teniente Coronel. De manera que las elecciones sin Chávez están lejos de ser una victoria anunciada para cualquier potencial candidato del gobierno. En cambio, la oposición, si mantiene la unidad, lo que tampoco es seguro, tiene una alta probabilidad de triunfo. La última certeza es que si Capriles gana la gobernación en Miranda será el seguro candidato. Si no, el abanico queda abierto.

La eventualidad de un triunfo opositor abre la ventana a un golpe de Estado. Habrá sectores profundamente implicados en la corrupción y el narcotráfico, en especial en las fuerzas armadas (los carteles de los soles y de los comisarios), que no querrán quedar expuestos en la eventualidad de que la oposición gane.

Tampoco hay que descartar una "piñata", la solución en la que los sandinistas barrieron con todo, literalmente, cuando ganó doña Violeta. En ese escenario de caos, los riesgos para Colombia son enormes. Fue durante la transición que oficiales sandinistas decidieron entregarle los tan ansiados y tantas veces negados cohetes tierra aire a la guerrilla salvadoreña. Ahí cambiaría la ecuación del conflicto. El poder aéreo se vería en peligro.

Y tampoco es de descartar una aventura militar, una provocación, para evitar que la oposición llegue al poder. Habrá que estar atentos y no pisar las cáscaras.

Como sea, el proceso de paz se embolata. Un Chávez muy enfermo o moribundo no tendrá ni deseo ni capacidad de torcerle el brazo a la guerrilla. Tampoco podría hacerlo su sucesor. Las Farc y el Eln tienen ahora un espacio y un tiempo que no tenían, si es que es verdad que el gobernante venezolano estaba decidido a que la negociación fuera exitosa, como decían en la Casa de Nariño.

Lo que se viene es pura incertidumbre. Hay que pisar con especial cuidado.

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