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Domingo 23 de Septiembre del 2018

Santrich, los negocios y la criminalización de la paz

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 22/04/2018

Exclusivo para FCPPC
 

Seusis Pausivas Hernández Solarte, alias "Jesús Santrich" - Foto: infobae.com

El presente escrito tiene que ver con las diferentes causas de lo que yo llamo ‘la criminalización de la paz’. El caso Santrich pone sobre el tapete una realidad insoslayable: al lado de los ‘negocios’ limpios, hay otros ilícitos que prosperan disfrazados de paz. Esas ‘herramientas’ ¿podrán enfrentar la realidad del conflicto existente que la inmensa mayoría de los colombianos desconocemos en sus cifras y elementos reales? Veamos un ejemplo reciente.

Debido al asesinato de los tres periodistas ecuatorianos y el señalamiento de ‘Guacho’ como autor, en la edición de El Espectador del domingo 15 de abril de 2018 leemos el informe “Nariño sitiado por las disidencias” que nos presenta un pedacito del mapa del conflicto. Concurren allí los siguientes elementos: Minería ilegal, cultivos de coca, corredores de salida de la droga, puntos de embarque en el Pacífico, cristalizaderos; y las siguientes estructuras ilegales: Guerrillas Unidas del Pacífico, Disidencia del Frente 6, Frente Oliver Sinisterra, Resistencia Campesina, Los de Sábalo, Disidencia autodenominada EPL, Disidencia de la columna móvil Jacobo Arenas, Área de influencia del ELN, Autodefensas Gaitanistas de Colombia o Clan del Golfo, Espacio Territorial de Capacitación y Reinserción, Área de Influencia de la exguerrilla de las Farc, grupos que suman 2374 miembros de los cuales Guacho comanda 500. Imaginemos entonces el mismo mapa pedagógico del conflicto para las distintas regiones de Colombia. Si consideramos que los territorios ocupados por las Farc están siendo copados por estos grupos en diferentes puntos de nuestra geografía. ¿En dónde carajos está la paz?

Por otra parte, en el 2003 publicó la Universidad Externado de Colombia un enjundioso estudio sobre el conflicto colombiano: “El laberinto colombiano – Propuestas para la resolución del conflicto.” En el capítulo octavo “Futuros para Colombia” proponían los autores siete escenarios posibles: 1. Acuerdo de paz exitoso; 2. La adversidad superada; 3. Empate militar; 4. El modelo peruano; 5. Desintegración (del país); 6. Las Farc se toman el poder o hacen parte de un gobierno de transición (pretensión actual); 7. Internacionalización del conflicto (se refleja con Ecuador, Venezuela y la posible extradición de Santrich). Sin proponérselo la paz empezó a tener un marketing académico, pero también la teoría de los escenarios ha servido para confundir a la opinión en el sentido de no diferenciar el componente militar del aspecto político del conflicto. Esa debilidad informativa fue aprovechada por las Farc y hoy buscan una legitimidad social que no puede otorgárseles.

Conociendo el meollo del asunto en mayo de 2013 la organización “In Sight Crime” bajo la autoría de Jeremy McDermott, Co-Director de la institución, publicó el informe “Las FARC, el Proceso de Paz y la posible criminalización de la guerrilla” en el que empezamos a vislumbrar las razones del fracaso de esa anhelada paz al entender por qué muchos de las Farc preferirían el delito.

Y ahondando más en la problemática, el 4 de mayo de 2014 el periodista Juan David Laverde Palma publicó en El Espectador el informe “Agenda para solucionar el problema del narcotráfico y la violencia que genera” en el que encuentra usted la pieza faltante del rompecabezas: la propuesta de los principales narcotraficantes para entregarse y desmontar el negocio y los responsables de que esa acción no se concretara. Esos narcotraficantes son los que hoy le dan guerra al estado. No querían poder político, sino salvarse de la extradición. El documento de 109 páginas es la hoja de ruta que le permitiría a usted, en el 2018, saber cómo se realizaría el desmonte al que todos los implicados le sacan el cuerpo. Santos engavetó esa propuesta y escogió negociar con las Farc. El intermediario era J.J. Rendón a quien, supuestamente, los narcos le pagaron 12 millones de dólares por la gestión. El escándalo se tapó. De haberse conocido este documento, ANTES DE CUALQUIER NEGOCIACIÓN, el pueblo colombiano habría tenido una ruta de seguimiento para comparar con lo negociado en La Habana y no tener la sorpresa que sufrimos. La denuncia pública del documento le añadió suspenso al escenario, pero ahí murió y contenía:

1. Un análisis de los antecedentes de negociación y la existencia o no de ciertos elementos fundamentales con su respectiva evaluación para el éxito o fracaso del nuevo intento.
2. Análisis de la iniciativa
3. Análisis de los actores
4. Descripción y análisis del proceso
5. Escenarios de solución
6. Decisiones inmediatas

Pero como la realidad no se da en ‘escenarios’ de blanco y negro; como muchos acontecimientos que influyen, no pueden ser previstos, surgen entonces las diferentes formas como se produce la criminalización de las Farc y sus aliados; y ese ‘comportamiento’ de lo real es lo que vemos hoy con el caso Santrich, el panorama de Nariño y otros territorios. En ese sentido ¿Por qué lo de Santrich es sorprendente y desesperanzador? Sorprende al desaprovechar los privilegios obtenidos y los prometidos que cualquier persona normal consideraría; pero se olvidan los ilusos que existe una mentalidad criminal que no cambia y a la que hay que estudiar para no crearnos falsas expectativas. Y es desesperanzador para el país porque la supuesta paz ha costado toda una fortuna, sin que los colombianos sepamos con claridad cómo se maneja esa actividad.

Siguiendo esa línea, el 3 de septiembre de 2017 Panam Post publicó “El negocio redondo detrás de los acuerdos Santos-FARC” que nos describe una pequeña porción del negocio ‘limpio’ que se puede prestar para manejos ilícitos como lo mostró el sobrino de Iván Márquez, Marlon Marín y su gran desfalco a la paz. Resumo partes del informe de Panam Post.

Según la Comisión de Paz del Congreso, el “posconflicto” costará entre $50 y 90 billones de pesos colombianos (entre USD $17.067.379.371 y USD $30.721.282.867) Los acuerdos FARC-Santos implicarán importantes inversiones en burocracia, infraestructura y capacitaciones. Aunque ciertos países y organizaciones internacionales entregarán dinero al Gobierno, gran parte del dinero saldrá de los contribuyentes colombianos… solo la operación logística de la firma del acuerdo de paz en Cartagena, en septiembre del 2016, costó $4.500.000.000 COP (USD $1.536.076). Por su parte, la producción de la transmisión del evento tuvo un valor de $1.200.000.000 COP (USD $409.620)… El World Summit of Nobel Laureates al que acudieron varios académicos, políticos y periodistas de todo el mundo contó con la financiación de varios gobiernos extranjeros, empresas y organizaciones internacionales; el Buró de Convenciones de Bogotá y Cundinamarca, entidad que recibe el apoyo del Gobierno bogotano, aportó unos $799.342.318 COP (USD $272.855).

OBSERVATORIO PARA LA PAZ. Observatorio para la Paz es una organización creada por exintegrantes del M-19, quienes también la han dirigido durante años, es el caso de Otty Patiño o Vera Grabe. Según datos de la Secretaría de Transparencia Económica, de 2013 y hasta el 2016, esta ONG ha firmado contratos con el Estado por más de $7.000.000.000 COP (USD $2.4000.000).

FUNDACIÓN IDEAS PARA LA PAZ. La FIP fue fundada por varias empresas y representantes de familias asociadas con el poder del país. Apellidos como Santos, Obregón y Santodomingo están vinculados con esta fundación. El propósito de la FIP es “contribuir a la construcción de una paz estable y duradera”. Desde 2013 la FIP ha ganado contratos con el Estado por más de $13.000.000.000 COP (USD $4.500.000).

REDEPAZ. Redepaz es una red de organizaciones “por Paz y contra la Guerra“. Esta red incluye diversas asociaciones civiles, como el Movimiento Nacional de Mujeres Constructoras de Paz o la Red de Jóvenes por el Desarme. De 2013 a 2017 Redepaz recibió más de $1.500.000.000 COP (USD $512.028) en contratos con el Gobierno Santos.

ESCUELA GALÁN PARA EL DESARROLLO DE LA DEMOCRACIA. Entre 2012 y 2014, esta fundación lograría contratos por COL $114.000.000.000 (USD $35.910.475,31). Sólo por contratos con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la fundación recibiría COL $427.547.238 (USD $134.675,90) en 2015. En 2016, la Fundación Galán volvería a obtener importantes ganancias con el gobierno Santos. Esta vez la organización recibiría COL $22.651.338.804.

CORPOVISIONARIOS. En 2014, el ICBF contrató con la corporación fundada por Mockus por COL $285.000.000. En el 2016 entre el Ministerio de Vivienda y la Corporación de Mockus se celebró otro contrato por COL $2.281.580.000. Y entre el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social y la corporación mencionada un contrato adicional fue de COP $2.054.600.000.

LA BUROCRACIA DE LA PAZ. El Gobierno Santos ha creado múltiples instituciones encargadas de tratar temas relacionados con la paz y el “posconflicto”. La Alta Consejería para el Posconflicto, el Consejo Nacional de Paz, Reconciliación y Convivencia y el Tribunal de Paz son ejemplos de la burocracia creada por el Gobierno Santos para este fin. A lo anterior se agregan el boom de Universidades e instituciones educativas con diplomados sobre los temas de paz con costos que oscilan entre los $1.200.000 COP (USD $409) y los $2.900.000 COP (USD $989). De cara al posconflicto, se han hecho inversiones por $14 billones para zonas golpeadas por la guerraSegún DNP, un centenar de municipios se beneficiarían de los recursos para ejecutar 1.450 proyectos de salud y educación, entre otros. Además, la Unión Europea y Alta Consejería para el Posconflicto han firmado contratos para ejecución de proyectos de paz. Hasta aquí el informe de Panam Post.

Sin embargo, al lado de estos negocios lícitos tenemos: el cartel de la toga, el mercado de falsos testigos, el cartel del despojo de la paz, las triquiñuelas jurídicas para evadir la justicia, los jueces vendidos, las diferentes ramas del narcotráfico, la corrupción e infiltración de muchas entidades del estado, el crimen organizado, las triquiñuelas de los contratos, etc.

Entonces la pregunta es: ¿Será que el caso Santrich – Marlon Marín & Co. tendrá el suficiente peso político, social e institucional para desbaratar lo que podríamos llamar ‘el negocio de la paz’? Creo que no. Por otra parte ¿habrá quien se le mida a desenredar ese ovillo de la criminalidad y explicárselo al país? Tampoco. Pero sin esa tarea cumplida la paz es un sueño, y los sueños, sueños son. Porque nadie le dice no al estado ante un jugoso contrato o la promesa de un sueño. Pero las actividades de Marlon Marín y su ‘volada’ a los EE UU en esta amplia área de la criminalidad nos abren los ojos a una posibilidad que se habría considerado ‘tabú’ como es que la plata de la paz pudiera ser objeto de una contaminación corrupta; de ahí que, menos ingenuos y mejor informados los de la Unión Europea hayan puesto el dedo en la llaga. Por eso también la DEA no le informó al gobierno colombiano que andaba tras la pista de Santrich.

Y por consiguiente nos preguntamos: ¿Qué acciones de construcción de integridad ética y moral ha previsto el gobierno para combatir la corrupción de la paz en el llamado postconflicto? No las conocemos porque se ha creído que esta lacra desaparece con la reconciliación. Craso error. Por lo que solo se ha pensado en una estrategia de seguridad con bombas y ejército para los llamados disidentes; pero estos elementos no cambian moralmente ni a los delincuentes, ni a sus cómplices; tampoco lo hacen los diplomados dirigidos a formar profesionales pulcros que ven en la paz una oportunidad de colaboración. Estos diplomados no llegan al meollo de la enfermedad real: la ambición del dinero fácil, el poder inmerecido, el prestigio a punta de pistola, la sociopatía de algunos dirigentes, el narcisismo criminal de nefastos seguidores en el crimen organizado (uno de ellos le avisó a Santrich que lo investigaban); los ideológicamente equivocados que respaldan a Santrich; la élite incrustada en el estado que denunció el Coronel Hernán Mejía Gutiérrez como el “Secretariado secreto de las Farc” por lo que esos diplomados no llegan al ‘target real’: el encubrimiento o la ‘ignorancia consciente’ de prestantes miembros de la élite, a pesar de que de labios para afuera digan lo contrario. Con esos elementos de intereses particulares se teje el manto de la criminalización de la paz con el que pretenden seguirnos esquilmando como borregos. ¿Cómo podremos defendernos? Observemos, saquemos conclusiones y denunciemos todo lo que gira alrededor de la observación de las siguientes conductas:

1. Sobre la empatía deteriorada de las personas. ¿Se ponen en el lugar del otro? ¿Comprenden cómo sus acciones pueden afectar el bienestar de los afectados? ¿Comprendieron Santrich y Marín que sus acciones perjudicarían a sus compañeros y muchas otras personas? ¿Comprenden los dirigentes de las Farc y sus guerrilleros el sufrimiento de los colombianos a pesar de que consideren que su causa es digna?
2. El egocentrismo. Esos individuos priorizan sus propias necesidades sobre las de los demás. En el plebiscito Santos puso sus intereses políticos sobre el clamor del pueblo e hizo y hará todo lo necesario para mantener ese objetivo.
3. Manipulación. Tales individuos influyen engañosamente en los sistemas o en las percepciones de otras personas. Este es el origen de la falta de claridad y confusión de la opinión sobre todos los carteles. Los observamos en los columnistas y comentaristas enmermelados.
4. El derecho de cada quien. Muchos creen que lo merecen todo sin aportar nada. Ese es el meollo del marxismo. Consideran que merecen un tratamiento especial por tratarse de ‘ellos’. Ese es el origen del acuerdo habanero.
5. Tendencia a culpar a otros. Ciertos ‘personajes’ como Santrich & Co. evitan asumir la responsabilidad de sus acciones. La culpa es de la burguesía, el fiscal, la DEA, el gobierno americano. No se dan cuenta que así mantendrán la eterna mentalidad de revolucionarios y resistentes que no aportan acciones productivas y creativas, pretendiendo resolverlo todo con la batalla del discurso, o con las balas en el monte.
6. El olvido de la ética. Usted puede plantearse la paz como negocio al considerar que no hace nada ilícito. ¿Pero qué sucede cuando se plantea ‘ese negocio’ desde el punto de vista ético? ¿Cómo cree que quedará su reputación si negocia mediante trucos legales con la paz que es una realidad ética, moral, de costumbres, sentimientos ambiguos, tradiciones, amores, odios?
7. Si usted asimila lo anterior entenderá por qué cierta gente buena termina haciendo cosas malas: son insensibles a la ética o no ven el panorama ético general. Ejemplo: Salvar vidas es loable, es ético; ¿pero lo es en la medida en que esa acción genera circunstancias que le dan ventajas inmerecidas a terroristas mediante las cuales pueden subyugar a un país? Santos no quiso o no pudo ver ese panorama; o se hace el pendejo.
8. Otro ejemplo: Si usted considera la JEP no solamente desde el punto de vista político, sino ético ¿qué decisión tomaría? Ese es el gran problema del acuerdo de paz; que se ha admitido como normal la separación de ética y política; y no nos damos cuenta que cuando la política no tiene ética sencillamente se la cataloga como sucia. Esa es la ceguera cognitiva que afecta a la delincuencia y que terminará contaminando a la gente normal, si no tomamos conciencia de que la honestidad tiene que ser radical.
9. El narcotráfico ha prosperado mundialmente porque es patrocinado como negocio altamente rentable por aquellos que no se ensucian las manos de sangre, creyendo con eso que manejan un ‘negocio limpio.’ El trasfondo es la codicia que no se ve como algo antiético. Además, para no asumir personalmente las consecuencias sobre el crimen que se comete con los adictos y sus familias lo convierten en un problema abstracto de salud pública hasta cuando les toca vivirlo en la propia familia.
10. Y finalmente piense en lo siguiente: ¿Por qué cree usted que ahora abren los ojos para que existan auditorías para los dineros de la paz? Porque si usted le roba a las Farc lo fusilan; pero si las Farc y sus aliados le roban al gobierno, respaldan al autor y arman protestas. El mismo doble rasero se aplica con ‘No matar’. Los asesinatos de los paras son malos, pero los de los farianos son buenos. Y si los actos deshonestos son muy frecuentes en la vida cotidiana, ¿no es esa familiaridad la que los vuelve ‘normales’ siendo entonces sorprendidos por el ‘monto’ de la deshonestidad y no por el acto en sí? ¿Y qué recompensa psicológica brinda la sociedad para la honestidad, si la deshonestidad y la criminalidad son puestas en la silla moral de la sana diversión televisiva? No es sino que pensemos en el tremendo éxito que han tenido las series de Netflix “Casa de papel” (La encuentra en Netflix como “Money Heist”), “Narcos” o “El mecanismo” en donde los ‘héroes’ son los delincuentes y corruptos con derecho al pataleo en la vida real porque la sanción social cotidiana está ausente, y los medios se cuidan de no ofender a los criminales.

CONCLUSIÓN. Si usted considera que la paz es un asunto moral, ético de impacto local y mundial tendrá ciertos resultados. Si considera que es un asunto político tendrá otros. Pero si considera que es un negocio, como todo negocio puede criminalizarse. Escoja qué clase de paz quiere. ¿Se justifica un negocio de narcotráfico para financiar proyectos sociales? ¿O una paz ‘imperfecta’ para justificar sus falencias éticas? Es el viejo dilema de que el fin no justifica los medios. Y algún candidato quiere creerse autor y padre de esa paz.

¿La “paz” como negocio?

Es razonable pensar en qué se gastarán los recursos económicos ante un hecho político de la relevancia de la firma de un acuerdo de paz. No obstante, la pompa de la ceremonia de la firma del acuerdo Santos-FARC fue evidente. Un país con los problemas económicos y sociales de Colombia debería ser austero en los gastos relacionados con ceremonias.

Las ONG, sin importar su ideología, son esenciales para las democracias liberales, sin embargo, las instituciones que se declaran independientes deberían blindarse del poder del Estado y evitar pactar con él mediante millonarios contratos.

Es evidente que los temas de paz están siendo capitalizados económicamente por varias instituciones educativas del país. El papel de la academia en la sociedad debe implicar la apertura a la crítica y al debate. Tristemente, en muchos de los programas de paz predominan las voces de la izquierda revolucionaria, cerrando así las opiniones que surgen de otras orillas.

En un contexto político tan difícil como el colombiano, es necesaria la independencia de actores como las ONG y la academia. Ojalá que la financiación estatal no termine con ella.

El acuerdo de paz exitoso es una copia desmejorada del modelo centroamericano: incorporación al proceso político, adjudicación del poder político por medio de disputa electoral (aquí el poder legislativo fue adjudicado a dedo); ejecución de los elementos básicos de los acuerdos; deposición de las armas y desmovilización (aquí no ha ocurrido totalmente con el cuento de las disidencias); reducción de las FF AA salvadoreñas (aquí las Farc lo han pretendido); disolución de las fuerzas de seguridad; historial del personal de las Fuerzas Armadas fue revisado para retirar a los responsables de violación de los derechos humanos; Comisión de la Verdad. Una posibilidad de acuerdo tácito – por debajo de la mesa – sería que las guerrillas mantuvieran el poder en sus zonas de influencia.

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