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Martes 12 de Diciembre del 2017

Sin el Uribismo no le alcanza

Si Presidencia no rectificó, fue porque los trinos de Ángela Janiot corresponden a lo que el presidente Santos dijo acerca de Álvaro Uribe . Así que no queda sino concluir que Santos quería provocar al expresidente. Y lo consiguió. Uribe es sanguíneo, y como buen toro de raza, embiste si le muestran la muleta.

¿Por qué decidió el Presidente abandonar su mantra público de no pelear contra Uribe? No lo sé y no logro entenderlo. Pero Santos ya no podrá decir que Uribe pelea solo. En esta ocasión quien abrió fuego fue él y además, de manera innecesaria. En su impacto más grave, erró en el cálculo político.

Decir que los trinos de Uribe "lo tienen sin cuidado" fue descortés. Aunque no puede gobernarse por la opinión pública y es deber del Presidente tomar las decisiones que considere adecuadas aunque sean impopulares, el comentario cojea por varios flancos. Por un lado, porque si un presidente vive pendiente de encuestas y de la opinión es Santos.

La hipersensibilidad de algunos de sus asesores por lo que columnistas dicen es bien conocida y son también de conocimiento público las llamadas y visitas que desde Palacio se hacen para cambiar noticias y pedir que se modifiquen los enfoques que no les gustan.

En su faceta más preocupante, se sabe de gestiones para que no se dé trabajo a quienes puedan ocasionalmente disentir del Gobierno.

Por el otro, porque la opinión de Uribe tiene un valor especial que debería ser considerado por cualquier jefe de gobierno y en particular por éste.

Uribe cambió la historia del país y pasamos de ser un "estado fallido" a la niña bonita que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe. Así que mal hace cualquier gobernante si desprecia las opiniones de quien tiene tanta experiencia, tanto conocimiento y el país tanto le debe. Pero además Santos es Presidente por Uribe y no debe olvidarlo.

Fue Uribe quien lo revivió políticamente al darle la tarea de fundación del Partido de la U y al ofrecerle el Ministerio de Defensa. Y cuando la candidatura presidencial de Santos hacía agua, parecía no tener nada que ver con el Gobierno y usaba, vaya usted a saber por qué, un color naranja que recordaba a los visionarios de Mockus, fue el giro estratégico de identificación total con Uribe lo que lo devolvió a la vida y lo catapultó al triunfo.

La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.

Por supuesto, Santos es Santos y no es Uribe. No es un clon ni una marioneta.

Tiene no solo el derecho sino el deber de hacer su propia gestión y de marcar su impronta. Pero debe hacerlo sin darle la espalda al mandato de sus electores.

Claro que los presidentes no están obligados a hacer solo y todo lo que ofrecen en campaña. Es indispensable análisis de prudencia, conveniencia y coyuntura. Pero tampoco pueden dejar a un lado los principios fundamentales sobre los cuales fueron elegidos, las políticas en virtud de las cuales los votantes acudieron a las urnas.

La traición a los electores es inaceptable porque pone en peligro las bases mismas del sistema democrático. Si un gobernante pudiera alegar que después de elegido no se debe sino a sí mismo, sembraría aun más desconfianza sobre un sistema que, de hecho, despierta dudas en muchos.

Ahora, lo verdaderamente preocupante es la afirmación de Santos de que Uribe "es parte del pasado".

Uribe no es Presidente, por supuesto, pero está lejos de no tener futuro. Su fuerza política es innegable, como innegable es su calado popular, las simpatías y el fervor que despierta en las masas. Santos se equivoca al medir a Uribe por los comentarios de la prensa bogotana. Es en las regiones donde el expresidente tiene un gran respaldo. Graduarlo definitivamente como enemigo era innecesario e inconveniente.

Nada bueno sale para el país del enfrentamiento entre sus dos únicos líderes nacionales. Y puede ser peligroso. Si Santos quiere la reelección no podrá conseguirla moviéndose a la centro izquierda. Sin el uribismo, no le alcanzan las mayorías.

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