Lunes 23 de Octubre del 2017

Tiempo de definiciones. Lo que Gossaín ni de la Calle dilucidaron

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 13/07/2015

Exclusivo para FCPPC
 

Foto: elpueblo.com.co

No sé si la política sea la definición que le damos a los eventos que se producen, pero ayuda. O si en el gobierno Santos sea un juego de póquer en el que hay que cuidarse de quién baraja, o echa las cartas, para apostar qué. Por ese motivo desde hacía días venía indagando sobre las variantes de los procesos de paz en otras latitudes, así que la entrevista de Humberto de La Calle a Juan Gossaín, (‘Por bien o por mal el proceso de paz se está acabando’ El Tiempo, Julio 5/15) en donde advierte que el gobierno se podría parar de la mesa, (¿cañazo o lavada de manos al estilo Pilatos?) me cogió con material reciente en el caletre y memorias del proceso, como para pensar en ciertas definiciones. Pues en la entrevista se narra lo que todos conocemos, pero no se señalan las fallas estructurales de la negociación.

Recuerdo haberle leído a Santos el 23 de febrero de 2014: “Ni el sistema político colombiano ni el modelo económico se están negociando." Una aseveración ingenua porque a la vista de los acontecimientos ¿Si no está bien preparado para negociar, cómo puede un gobierno democrático hablar con terroristas y no poner en riesgo la integridad de su sistema político, económico o de defensa? Es decir, que los hechos están confirmando lo que, por principio estratégico de negociación, se quiso dejar sentado, dizque para evitarlo, como si las Farc se arredraran con reglas de cortesía. Además, hay que recordar las palabras de Alfonso Cano en abril de 2003 cuando se dio cuenta que no podría mamarle gallo a Uribe: “Si el próximo gobierno acepta (el de Santos) que aquí vamos a tener que compartir poder, que aquí van a tener que bajarse un poco de privilegios, que van a tener que cambiar las costumbres políticas podridas y corruptas, podemos pensar que habrá soluciones definitivas.” Eso es lo que Humberto De la Calle está confrontando en La Habana, y Santos lo sabía antes de iniciar acercamientos porque él mismo lo propuso en su editorial del 4 de septiembre de 1998 “Hay que coger al toro por los cachos.” Santos sabía de las Farc, tenía información, amigos y contactos dentro de las Farc, ellos lo habían ‘seducido’ a través de Álvaro Leyva para que fuera su vocero en el fallido golpe de estado a Samper; pero ¿había EXPERIMENTADO lo que es negociar con un grupo sociópata, es decir, estar al otro lado de la mesa con quien cree conocer? No. ¿Les preguntó a los que sí lo hicieron en El Caguán? No. Porque el asunto era secreto. Entonces, hay que definirse y decir TODA la verdad sobre estas ‘negociaciones’.

Por otra parte, las democracias no deben ceder a la violencia, y los terroristas nunca deben ser recompensados por el uso de la misma. Las negociaciones de paz le han dado legitimidad a las Farc y sus métodos socavando a los actores que han buscado el cambio político a través de medios pacíficos. Entonces ‘el cese bilateral’, logrado a través del terrorismo, sería una recompensa; y por otra parte, todos los que claman por la paz sin armas, los que escriben, oran, componen canciones, los que recomiendan una concentración pacífica de los armados, honesta, sin trucos, verificable, etc., es decir, el 99% de la población sería DESLEGITIMADO. Hay que definirse con respecto a los verdaderos enemigos.

En vista de los acontecimientos, los objetivos fundamentales de las negociaciones con las Farc que son no simplemente poner fin a la violencia, sino de hacerlo de una manera que minimice el riesgo de sentar precedentes peligrosos para obtener resultados y desestabilizar nuestro sistema político, se encuentra ahora con la prueba, en vivo y en directo, de que tales objetivos no son factibles de alcanzar. Esa seguridad tenía que haber existido, ANTES DE TOMAR LA DECISIÓN DE DIALOGAR y no ahora cuando ha habido una INVERSIÓN IMPORTANTE de parte y parte; las Farc no saben negociar sin renunciar al principio del terrorismo como la primera praxis política del leninismo y a sus 50 años de lucha; y el gobierno no sabe renunciar a UNA FALSA ESPERANZA. Pero hay que aclarar más el panorama que los llevó a tomar la decisión, comenzando con un repaso de las Farc. Hay que definirse y conocer en profundidad.

¿QUIÉNES SON LOS NEGOCIADORES DE LAS FARC? Nos hicieron tragar el cuento de que existía una línea dura (Jojoy, Tirofijo & Otros) y una línea blanda con la que se podía negociar. Pero esta distinción entre el ‘irracional’ Jojoy y el ‘instruido’ Cano estaba solo en el cerebro de los analistas militares, teóricos del conflicto, ‘amigos’ de las Farc, o los espectadores del común. Pero… por no ser violentas esas personas, ni se les ocurre pensar, sentir o calcular LA UTILIDAD DE LA VIOLENCIA, como sí lo saben hacer los sociópatas farianos quienes no tienen la noción de la importancia de las normas sociales, leyes y derechos individuales, como lo reconoció claramente Raúl Reyes en entrevista con Hollman Morris para El Tiempo el 21 de marzo de 2003. “El objetivo de la lucha revolucionaria de las Farc-Ep es conquistar el poder político para gobernar a Colombia con el pueblo, para beneficio de sus intereses de clase. (¿Cuál clase? ¿Acaso no se gobierna para todos?) Las Farc-Ep, en su carácter de organización alzada en armas contra el Estado, y su régimen político, desconocen la legitimidad de esas leyes, de sus instituciones y, como tal, las combaten mediante la combinación de todas las formas de lucha, hasta instaurar un nuevo Estado.” Es decir, que la lucha seguiría, aun si se firma la paz.

Santos cree estar preparado para discutir con los terroristas sus particulares y explícitos objetivos políticos, pero no TIENE UNA LOGÍSTICA SICOLÓGICA, como estrategia de negociación, para convencerlos de la INUTILIDAD POLÍTICA de la violencia; ni a la población víctima convencerla de UN ESTOICISMO PATRIÓTICO A NOMBRE DE UN ESPERANZADO FUTURO DEMOCRÁTICO EN PAZ. A la población civil perversamente la aislaron de ese compromiso cuando se instituyó lo de ‘actores’ DEL CONFLICTO, focalizando engañosamente el asunto en un problema militar ajeno a ellos. Se pretende ignorar que las Farc luchan CONTRA TODAS LAS INSTITUCIONES. (Eso incluye las vidas, casas de los campesinos, las escuelas, los acueductos, la infraestructura, etc.) Y esa percepción engañosa se acentúa cuando los atroces actos de terrorismo que los afectan se vuelven ‘normales’ para el Presidente Santos. Esa es la verdadera problemática, no la cháchara ofensiva de las Farc, por lo que tranquilamente en la entrevista De la Calle dice: “Ahí sí, desarmados, que sigan dándole manivela a su ideología. A nosotros no nos asusta eso.”

Por otra parte, si las Farc recurrieron a la violencia cuando sus ambiciones políticas fueron frustradas, pero ahora se les da la oportunidad de que las pongan a prueba ¿qué les impide asumir el reto? Eso es lo que hay que examinar. Hay que definirse y preguntarnos si se puede negociar con sociópatas explícitos como lo reconoció uno de sus líderes.

Repasemos. En El Caguán, bajo el liderazgo de Tirofijo, Jojoy y Raúl Reyes las Farc se percibían fuertes, porque tenían cohesión interna. Hoy, esa cohesión es un mito. El secreto con el que tienen que operar las milicias urbanas, el aislamiento de frentes en la selva, el exilio dorado de los principales cabecillas, las finanzas amenazadas, sitiadas o robadas; el negocio cuestionado permanentemente, la justicia internacional vigilando, etc. hacen que sea casi imposible para el Secretariado en La Habana mantener una cadena perfecta de mando, con algún papel operativo importante, muy necesario para su subsistencia como organización y negocio de donde derivarían sus fuentes financieras para un futuro político blindado; por lo que ahora simplemente proporcionan inspiración ideológica y sanción moral a sus redes asociadas y a parte de la tropa que le interesa más el billete. Al fin y al cabo esa tropa está ahí por subsistencia, no por convicción marxista. ¿Se puede negociar con esa organización que no garantiza capacidad de compromiso? Hay que definirse.

Surgen dificultades adicionales cuando las Farc son protegidas por Venezuela o Cuba, en cuyo caso su ‘desempeño’ como negociadores arrastra un compromiso insoslayable con esos países y sus respectivas agendas bilaterales con EE UU.; con Colombia y su opinión pública, además de la paz, existe la preocupación sobre fronteras marítimas, deuda pendiente, por lo que son países vigilantes y actores interesados en el proceso. La apuesta de las Farc por el terrorismo no va a dejar indiferentes a esos socios incómodos, y el gobierno Colombiano tendrá que salvar su responsabilidad frente a la opinión nacional e internacional ante el posible fracaso, debido a la irrenunciable violencia y PRETENSIÓN DE IMPUNIDAD de las Farc. Ese es el escenario de lavado de manos de Poncio Pilatos que empieza a montar De la Calle. Entonces ese escenario debe confrontarse con la pregunta que tanto el gobierno como las Farc deben responder: ¿Hay consenso unánime en toda la organización fariana sobre la INUTILIDAD DE LA VIOLENCIA? ¿Hay COMPRENSIÓN FARIANA de que el gobierno no puede renunciar a las armas porque están ahí las BACRIM y otras organizaciones criminales y que las Farc deben visibilizarse como actores no conflictivos? Hay que definirse.

¿CÓMO SE NEGOCIA CON UN GRUPO TERRORISTA? LA POLÍTICA DE ‘NO CONCESIÓN’. Negociar en medio del conflicto hace imposible aplicar o limitar una política de ‘no concesión’ ante actos que se salen de lo que llamaríamos un ‘enfrentamiento bélico normal’ de tropas, que no es el caso, pues esta confrontación es asimétrica, sucia, por definición. El renunciar al principio de ‘no concesión’ se paga con hacer aparecer al sistema político como débil por lo que se ha visto reflejado en las encuestas ante cada acto terrorista. Es decir, la ‘no concesión’ no se negocia, por principio. El coqueteo político de Santos con las Farc lo van a dejar con los problemas que ha querido solucionar, pero su costo lo pagaremos nosotros porque él se irá a pasear con su familia. Hay que definirse y quitarle el pasaporte.

LAS DIFICULTADES CON LAS FARC. Ha sido ‘fácil’ llegar a acuerdos PRIMARIOS sobre asuntos que no conciernen al ‘destino’ físico o político de los protagonistas farianos: reforma rural integral, participación política, drogas. La habilidad de los farianos ha sido la de hacer depender el presunto buen resultado de esos acuerdos de un destino positivo para sus vidas; es decir, impunidad, que llamaríamos un acuerdo SECUNDARIO. Pero como lo ven difícil, entonces que mueran Sansón y los filisteos. El terrorismo que vemos es el resultado de ‘no tenemos nada que perder.’ Los terroristas deben definir si quieren vivir o no; y nosotros debemos definir si nos dejamos chantajear con el cuento de ‘guerreristas.’

Por otra parte, para que haya una ganancia parcial, no total, de impunidad garantizada, el acuerdo SECUNDARIO tendría que ser ‘discreto,’ es decir, dentro de un manejo legal; algo así como cárcel la Catedral, granjas agrícolas con privilegios, garantías políticas después de cumplida la pena, indemnización de víctimas, verdad, etc. Someter ambos tipos de acuerdo a un consenso democrático cortaría de raíz cualquier discusión posterior. Pero diferenciarlos y pretender hacer los acuerdos secundarios viables encarcelando a los opositores visibles, es un crimen y una operación política peligrosa porque incendiaría los ánimos de manera incontrolable. No es Uribe el que se opone a la impunidad, es la CONCATENACIÓN DE HECHOS INOCULTABLES ANTE EL MUNDO y las leyes y acuerdos internacionales. Los ciudadanos comunes y corrientes hemos tenido que pagar el precio adecuado para participar en las ventajas de una vida civil en paz; el precio ha sido cumplir las leyes y de no hacerlo, ir a la cárcel. Ese es el acuerdo en la comunidad nacional e internacional. El terrorismo ignora ese acuerdo. Cualquier asociado que se quiera unir al grupo no puede hacerlo pagándonos con una moneda chimba. No estamos interesados en vender el negocio, ni dejárnoslo robar. Hay que definirse.

La impunidad total puede socializarse, tratar de venderla, imponerla mediante engaños, disimularla, matar o encarcelar a los opositores, pero será un OBJETIVO INÚTIL y sujeto a permanente crítica y saboteo porque establecerá el PRECEDENTE de que la justicia y la democracia son un engaño. Eso sería intentar socavar EL FUNDAMENTO de la identidad profunda de un pueblo decente. No hay manera de que eso triunfe. Por eso han fracasado todas las dictaduras. Hay que definirse.

¿Por qué usan la violencia las Farc? Porque atraen fácilmente el interés de los medios, haciendo dudar al gobierno sobre su estrategia y a la opinión pública sobre su apoyo al gobierno con sus posibles planes de sucesión o compromisos políticos conocidos o secretos. Pero esos actos alimentan la percepción de que el gobierno es incapaz de mantener la seguridad, favoreciendo así el apoyo a la oposición, el principal enemigo de las Farc. Ahora bien, Santos es un presidente legítimo aunque no nos guste. Si fuera ilegítimo los actos subversivos obtendrían apoyo popular, pero no es así. Por lo que la obediencia al terrorista sólo es posible en los pocos lugares de ausencia de la fuerza pública. Luego su estrategia, en un análisis de costo beneficio, resulta deficitaria. El apoyo que obtienen dialogando en La Habana, lo pierden, internacional y nacionalmente, con sus actos demenciales.
Por otra parte, el terrorismo no ha hecho perder libertades civiles al ciudadano común, como puede haber pasado en EE UU que ha llevado al gobierno a operaciones de espionaje nacional e internacional. Aquí los actores terroristas están bien identificados por lo que la población en general no ha sido afectada con las llamadas chuzadas. Además, la lucha subversiva ha tenido ejemplos imaginativos que han atraído la atención de gente joven e inteligente (Robo de la espada de Bolívar, robo de armas al Cantón Norte), que parece estar lejos de la imaginación fariana. Yo le preguntaría a los de las Farc o el ELN si sus congéneres terroristas de Hamas o Hezbollah volarían un oleoducto para contaminar las fuentes hídricas y los pocos recursos de los palestinos para ponerlos a pasar hambre y sed. En un mes el Papa ha conseguido más apoyo nacional e internacional generando posibles cambios con su encíclica social “Alabado sea” que las Farc con 50 años de lucha. Es sencillo: la no violencia es más sostenible que la violencia. Y si las Farc piensan decidirse por la política, tienen que ser muy claros en que deben diferenciarse de lo que es un grupo terrorista y creo que los está dejando el tren de la oportunidad. Corroborando lo anterior, De la Calle dice: “Las Farc están luchando ahora con su propia identidad como grupo, con su futuro, con la historia, ‘cómo nos van a ver dentro de cien años.” Eso es verdad, pero también le pasa al país en medio de la confusión generada a propósito para que no haya unidad nacional contra las Farc. Hay que definirse.
 

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