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Martes 20 de Febrero del 2018

Todo es cuestión del método

Autor(a): Álvaro Pérez Molina  | 

Fecha: 29/05/2014

Exclusivo para FCPPC
 

Asistimos a una particular campaña electoral en la que la estrategia de las distintas opciones políticas se han armado en torno al tema de la paz. Los comicios del pasado 25 de mayo favorecieron básicamente a los dos candidatos con posiciones encontradas sobre el proceso de paz, lo que da cuenta de la falta de convicción que persiste en gran parte del electorado sobre la manera en que marchan los diálogos en La Habana.

Para algunos líderes de opinión, la diatriba electoral se concentra fundamentalmente entre los “amigos de la paz” y “los enemigos de la paz”, concepción maniqueista que de forma perversa divide al país en términos de blanco o negro, eliminando los posibles matices. Así también lo ha querido promocionar el mercadeo electoral del Presidente-candidato, que a sabiendas de su incapacidad intelectual y la falta de resultados concretos durante cuatro años de gobierno, busca eludirá toda costa el debate de las ideas y concentrarse en las descalificaciones al contrincante.

La campaña de la coalición nacional también se cimienta en la generación de miedo, entendido como la respuesta emocional a la percepción de un peligro inminente, que para la causa reeleccionista resulta ser el retorno del uribismo al poder. Santos pretende manipular las emociones del pueblo colombiano sembrando en el imaginario colectivo la desesperanza, y fiel a su estilo ególatra, mostrarse como la única alternativa a los problemas del país.

La creación de fronteras emocionales entre el miedo y la esperanza es la respuesta más cobarde de Juan Manuel Santos frente al desfavorable resultado electoral que le dejó la primera vuelta. Esta fracturando al país, está polarizando a los colombianos en torno a sus intereses personales. Y peor aún, los principales medios de comunicación se prestan para replicar este sofisma, valga decir, el de “amigos” y “enemigos” de la paz.

La propuesta de Oscar Iván Zuluaga consiste en exigir condicionamientos razonables a las Farc como requisito fundamental para continuar el proceso de paz, como por ejemplo, cesar los ataques contras civiles, militares y policías; el fin de los atentados contrala infraestructura económica, el reclutamiento de menores y el desminado; requisitos que sin éxito ha sido capaz de imponerle Santos a las Farc, factor que sin duda valoró el electorado en favor del candidato del Centro Democrático en la primera vuelta.

El triunfo electoral de Oscar Iván no representará por sí mismo la suspensión automática del proceso de paz, pues las Farc tendrían la alternativa de acatar el clamor nacional, representado en la elección de Zuluaga, de dejar la hostilidad armada durante las negociaciones como garantía de su verdadera voluntad de cesar el conflicto, o simplemente no acatarla y levantarse de la mesa. De elegir esta última opción, el costo político de la suspensión definitiva del proceso de paz debe cargársele a las Farc, no a Oscar Iván Zuluaga. En ese escenario, se comprobaría aún más que los verdaderos enemigos de la paz son las Farc, no Zuluaga ni sus millones de electores.

No pueden dedicarse a encasillar así no más. Todo es cuestión del método, pues la propuesta del candidato del Centro Democrático también es una apuesta por la paz. Más que un proceso de negociación desarrollado en medio del conflicto, hermético en exceso, sin garantías por parte de la guerrilla y con la promesa de una controvertida justa-paz a la manera del Fiscal Montealegre y el ministro Gómez Méndez; Oscar Iván se la juega por un proceso condicionado al silencio de los fusiles de la guerrilla, con límites de tiempo una “paz con justicia” que beneficie principalmente a las víctimas, no al victimario.

A diferencia de la desmedida –incluso sospechosa- confianza que deposita Santos en la guerrilla de las Farc, mucho de los ciudadanos decididos a participar en la segunda vuelta electoral aún somos escépticos de la verdadera voluntad de paz de la guerrilla. Por eso exigimos garantías y Zuluaga representa la mejor alternativa; y reivindicamos además que no por ello somos enemigos de la paz.

@alvaroprezmolin

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