Lunes 23 de Octubre del 2017

Una sorpresa inquietante

Hay una realidad de la cual el expresidente Uribe es consciente pero no, al parecer, el fiscal Montealegre. Me refiero a las gravísimas fallas de la justicia ordinaria.

En este país de vocación temeraria, cada día que pasa nos reserva una sorpresa. Las que ahora nos obsequia Petro no llegan a inquietarnos. Son anuncios que brillan un momento, como luces de bengala, pero se apagan apenas descubrimos que detrás de ellos no hay proyectos sustentados en una rigurosa planeación.
Son ante todo anuncios que buscan un efecto mediático.

Hay, en cambio, sorpresas reales e inquietantes como la que dio a conocer hace pocos días el nuevo Fiscal, Eduardo Montealegre, cuando en una entrevista en Noticias Uno se mostró tajantemente opuesto al nuevo artículo sobre el Fuero Militar incluido en la reforma constitucional que discute el Congreso. Aun si es aprobado -dijo-, se negaría a suministrar todos los expedientes de militares que tiene la Fiscalía. Sólo entregaría aquellos donde la Justicia Penal Militar se muestre, según su concepto, "verdaderamente competente". Teme una excarcelación masiva de militares por pérdida de competencia y vencimiento de términos.
Sin duda, el doctor Montealegre, cuya solvencia ética y jurídica es incuestionable, no ignora que el Fuero Militar existe en los países democráticos (solo en Francia y Bélgica no lo aplican en tiempos de paz) porque se considera que la justicia ordinaria carece de la necesaria competencia para juzgar las infracciones penales de los militares, sobre todo en tiempos de guerra o de conflicto cuyas normas de acción en los teatros de operaciones son totalmente desconocidas por los jueces civiles. Es lógico pensar que esta norma tiene plena validez en Colombia, donde las Fuerzas Armadas enfrentan guerrillas, terrorismo, narcotráfico y bandas criminales.

¿Por qué entonces negarles tal fuero? Me temo que este recelo del nuevo Fiscal tiene su origen en el escándalo de los 'falsos positivos' y la certidumbre de que la Justicia Penal Militar no supo actuar con la celeridad y rigor para castigar este horrendo delito, cometido por elementos marginales del Ejército, a espaldas de todos los mandos.

La misma impresión movió al presidente Uribe a dejar sin mayor validez el Fuero Militar. Fue un error que él hoy reconoce. Pero el remedio resultó peor que la enfermedad. En efecto, hay una realidad de la cual el expresidente Uribe es consciente pero no, al parecer, el fiscal Montealegre. Me refiero a las gravísimas fallas de la justicia ordinaria. Además de que es muy poco exigente en la formación de jueces y fiscales, realidad que de hecho la muestra lenta y sesgada, está expuesta a cometer por ello graves errores y terribles injusticias a la hora de examinar acciones armadas del Ejército. Pero, además, se ha mostrado propicia para que agentes políticos de las Farc la infiltren y con base en falsos testigos consigan meter entre rejas a los más eficientes oficiales. Por su parte, colectivos de abogados de extrema izquierda y agentes del narcotráfico introducen la corrupción con ofertas de dinero para obtener condenas y medidas de aseguramiento conforme a sus particulares intereses.

Si el fiscal Montealegre tuviese tiempo y ocasión de ver cómo estos manejos se ocultan hoy en día tras la detención de más de dos mil militares, si viese la terrible situación que afrontan sus familias al cabo de tres o cinco años de reclusión sin juicio alguno y la desmoralización que todo esto produce en las Fuerzas Armadas, comprendería que su rechazo al Fuero Militar es injusto y precipitado.

Tiene razón el presidente de Acore cuando habla de la soledad de los militares y de "la avalancha de injusticias" que se están cometiendo contra ellos mediante acusaciones manipuladas, y cómo todo esto requiere una reacción de la sociedad civil. Lo que está en juego no es poca cosa.

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