Doce razones para prescindir de Petro

Doce razones para prescindir de Petro

Porque es un demagogo de quinta que pretende revivir la lucha de clases clasificando de oligarquía a todos lo que no están con él; y asumiendo abusivamente la vocería de todos los demás.

Porque Petro cree que a él se le debe aplicar una Constitución y unas leyes distintas a las que rigen al resto de los colombianos. Petro tomó decisiones, poniendo en peligro la salud de todos los bogotanos, a sabiendas de que dichas decisiones eran irregulares como lo habían advertido por lo menos seis entidades nacionales y distritales.

Porque al haber expedido por decreto el nuevo POT se pasó por encima al Concejo, que aunque dicho organismo no sea de su agrado, no deja de ser la máxima autoridad político administrativa de la ciudad.

Porque el esquema de recolección de residuos del alcalde Petro, “Basura Cero”, ha resultado ser un fracaso: ha disminuido los ingresos de la empresa y la cobertura.

Porque ha demostrado ser un pésimo administrador (al menos 20 de sus más cercanos colaboradores lo han abandonado) y aún peor ejecutor. En educación, de la propuesta de construir mil jardines infantiles hasta la fecha no ha construido uno solo. La Secretaría de Educación tiene $500.000 millones sin ejecutar. En una ciudad en donde los huecos son pan de cada día, la administración tiene congelados $80.000 millones para la recuperación de la malla vial.

Porque confunde la autoridad con la arbitrariedad. Es tan pernicioso el absolutismo de las mayorías como la tiranía de las minorías. Sin mediar una consulta a la ciudadanía, Petro se excedió en la prohibición a las corridas de toros.

Porque ha sido canallesca la forma de acusar a los recolectores privados de basura de ser paramilitares sin haberle aportado a la Fiscalía, como es su deber, las pruebas que sustentan tan grave acusación.

Porque Petro no le ha dado al país la suficiente explicación sobre la ‘amangualada en el proceso clandestino de contratación privada de una serie de camiones de basura usados e infectados’.

Porque en llave con un remedo de periodista que puso al frente del Canal Capital convirtió a ese medio de comunicación en el órgano de propaganda y difusión de su ideario, todo ello con la plata de los contribuyentes.

Porque ha abusado de uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad, la plaza de Bolívar, para convocar manifestaciones de apoyo integradas principalmente por empleados del Distrito y sus familiares que dejan este monumento nacional convertido en un chiquero cuyo costo de limpieza corre por cuenta de todos los ciudadanos. Abusa Petro de los balcones del Palacio Liévano como si las advertencias de no hacerlo no se aplicaran ni a él ni a su familia.

Porque es un hipócrita: Petro hizo parte de la Constituyente que redactó y aprobó la Constitución del 91, la cual otorgó al procurador facultades para destituir a aquellos funcionarios que, en su concepto, violaban la ley. Petro, que empujó la destitución de Moreno, lo único que ha hecho es ponerle cortapisas a que se cumpla la letra de la Constitución, incluyendo la tramoya de poner tutelas a través de empleados, contratistas y magistrados cuestionados.

Finalmente, porque Petro como alcalde es un mediocre, un solemne mediocre. Deja la ciudad en bastante peor estado del que la encontró y eso, después del saqueo del Polo, es mucho decir. No hay nada, absolutamente nada, que haya mejorado bajo Petro: ni la educación, ni la seguridad, ni la movilidad, ni la contaminación. ¡Nada! ¡Petro ha gobernado, no para beneficio de los citadinos, sino en beneficio de sus ambiciones personales!

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