Estampilla pro universidad anacrónica

Estampilla pro universidad anacrónica

Una política de financiación, derivada de un proyecto de universidad construido por la sociedad civil y la Academia, y liderado por el Ministerio de Educación, con el acompañamiento y la voluntad política del Presidente sería lo que debería haberse presentado al Congreso.

Puede sonar anacrónico hablar de educación justo hoy, cuando se acaba oficialmente la temporada navideña y quisiéramos estirar un poco más las vacaciones, pero les garantizo que la siguiente historia tiene bastantes más anacronismos. El primero comienza con el nombre de la iniciativa: “Estampilla pro Universidad Nacional y demás Universidades Estatales de Colombia”. Ese título, que parece de bazar escolar, de bingo de caridad o de alguna cruzada asistencialista, responde a una de las pocas leyes que aprobó el Congreso en la última legislatura y su propósito es obtener recursos para mejorar la infraestructura de las universidades públicas, comenzando por la Universidad Nacional.

El segundo anacronismo se relaciona con la idea, tan anacrónica en estos tiempos virtuales, de hacer filantropía a base de filatelia. ¿Quién manda correo postal y compra estampillas hoy, y quién lo hará en las próximas décadas?, se preguntarán los lectores, y aunque supongo que lo harán las entidades oficiales con nuestros impuestos, para notificarnos acerca de algo que estamos haciendo mal o de algo que debemos pagar, se espera recaudar la suma de 5 billones de pesos para las universidades públicas del país, lo cual servirá para tapar goteras… en caso de que los tejados de las aulas magnas no se hayan terminado de caer.

El tercer anacronismo fue la visita del presidente Santos el pasado 20 de diciembre a la Universidad Nacional para celebrar la aprobación de la ley o, para ser más exactos, las circunstancias que rodearon esa visita. Unos días antes del viernes 20, la comunidad universitaria recibió una notificación –muchos reportan haberla recibido a través del anacrónico medio del fax– en la cual se informaba que el campus estaría cerrado al público con motivo de la visita presidencial y que se adelantaban las vacaciones. El loable objetivo de permitirle al Presidente pasear con sus escoltas y su operativo militar, sin mayor compañía que las delegaciones de la ministra Campo y del rector Mantilla, por la plaza –fantasmal– del Che Guevara para salir en las fotos de su campaña electoral fue el cuarto anacronismo y llevó a decir a los estudiantes que la única forma de que Santos o cualquier presidente entrara a la Nacional era cerrándola.

El quinto se lo pueden disputar dos hechos: el que Santos haya podido dar un discurso en el auditorio León de Greiff, de la Nacional, sin ser chiflado, aunque obviamente con muchas butacas vacías y sin ningún estudiante, o el hecho de que haya dado un discurso tan precario en estos tiempos. Para la muestra, extracto un fragmento: “Cuando publicamos nuestro Plan de Desarrollo, que tenía cinco locomotoras que iban a impulsar el crecimiento económico, la primera pregunta que me hicieron fue: ¿por qué no está la educación como una de esas locomotoras? Yo respondí: porque la educación no puede ser una locomotora. La educación tiene que ser el riel sobre el cual las locomotoras pueden transitar y avanzar… Eso hemos querido hacer en el Gobierno: darle a la educación una prioridad, y enfocar el desafío de tener cada vez una mejor educación con un enfoque integral”.

Una política de financiación, derivada de un proyecto de universidad construido por la sociedad civil y la Academia, y liderado por el Ministerio de Educación, con el acompañamiento y la voluntad política del Presidente sería lo que debería haberse presentado al Congreso, y no esa estampilla. Para retomar el tema de las pruebas Pisa, son esos anacronismos los que nos separan, en décadas o años luz, de los países asiáticos. A casi quince años de comenzado el nuevo milenio y a cuatro años de la promulgación del Plan de Desarrollo de Santos, no tenemos aún la reforma universitaria que entonces se anunció. Pero pretenden reformar los tejados a punta de estampitas milagrosas.

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