Timochenko y los Santos no comen hamburguesa

Timochenko y los Santos no comen hamburguesa

Una multinacional de la comida chatarra les recomienda a sus empleados no consumir sus propios productos; esa fue la noticia en el fin de año, mediante un blog de su página web.

Es similar a lo ocurrido dentro del socialismo, en donde sin decirlo explícitamente, los líderes del partido con su ejemplo invitan a la cúpula a evitar el consumo de lo que fabrican y ofrecen: comunismo chatarra. La comida chatarra es para el pueblo. Bien decía Winston Churchill: “El socialismo es la  filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la predica de la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.

Aun así los defensores del socialismo insisten en sus diferencias con el comunismo, finalmente son dos etapas de un mismo proceso económico, político, social e ideológico, y en la práctica humana queda demostrado que son un yugo más sobre los pueblos que se lanzan a la aventura de adoptar tal proyecto de sociedad.

La comida chatarra es para el pueblo, y por eso McDonald lo advierte a sus empleados; el comunismo es para el pueblo ignorante que pone los  muertos, mientras que Fidel Castro y su hermano Raúl, Maduro, y los líderes latinoamericanos que se dicen socialistas, que conforman el foro de Sao-Paulo, viven como oligarcas consumiendo caviar en cocteles de dirigentes, viajan por el mundo en clase privilegiada, usan corbatín como  Enrique Santos Calderón, aunque en ocasiones y para disimular se visten, o mejor se disfrazan de hombres de camuflado, con el único propósito de engañar.

Pero lo grave de esta situación es la manera como Santos ha enfocado sus diálogos de paz con la cúpula comunista de las Farc; pareciera no caer en cuenta del engaño al cual  la subversión somete a cada gobierno. A no ser que él mismo sea el  director de orquesta y toda su estrategia este dirigida a llegar de nuevo al poder con la máscara de la democracia cuando en realidad  es un comunista de corazón, de ideología, de sentimiento, de tradición.

Aún con su esmoquin y corbatín de rolo filipichín. Y como sabe, digo en mi hipótesis, que no puede destaparse aun del todo pues Colombia no votaría por un gobierno social-comunista, dado que todavía conservamos amor por la libertad, se presenta como el adalid de la paz, el superhéroe, el estadista que firma tratados con la guerrilla que azota el país.

Los viejos subversivos que representan a las Farc en la Habana, y Timochenko el médico comunista y asesino, más el resto de la cúpula fariana, dan ejemplo de cómo vive un oligarca; y sin proponérselo invitan con eso a no consumir comunismo chatarra. Pero como ideología, les sirve de colchón y mampara para presentar su proyecto seudo político, cuando la verdad es otra: el inmenso negocio de la droga, con todo el poder económico que les proporciona, con jueces y magistrados bajo su control, que ya los tienen, y  quieren el poder ejecutivo, más un porcentaje significativo de legisladores para implantar  un comunismo abyecto, peor  que el de Cuba  o el de Venezuela, en donde realmente no hay democracia; esa no se impone con engaños.

Al parecer estamos viviendo en un país en el cual delinquir desde la orilla izquierda de la ideología es una garantía de impunidad. A eso Santos lo bautiza como paz, ofrecida como comida chatarra en las hamburguesas de la falacia, para una sociedad a la cual para mentirle, mantienen sin educación y en total ignorancia de todo cuanto huela a cultura, incluida la política.

oscaralbertodiazgarcia@hotmail.com

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