La guerrilla no entrega las armas

La guerrilla no entrega las armas

Y no las entrega porque saben que el poder nace del fusil; el postulado de Mao-Tse Tung tiene vigencia universal, aun dentro de los periodos de no agresión física, es decir durante los lapsos de paz que vive la humanidad. Sin embargo pretenden, gobierno y subversión, que el pueblo soberano crea en que si va a llegar la paz; sobre el papel todo es posible, pero es desafortunado reconocer que de hecho el sainete de La Habana jamás nos dará ni tan siquiera una paz limitada en el tiempo y en el espacio de una parte del territorio nacional.

La frustración consecuente puede hacer más daño de lo calculado por pesimistas, pues es obvio que la mayoría de los colombianos deseamos lapsos prolongados de no agresión, sin actos terroristas, sin ataques arteros de quienes dicen actuar en representación del pueblo. La guerrilla no entrega las armas; tan solo hace su “dejación”.

El mismo presidente Santos se expresa en tal sentido en sus intervenciones sobre el tema, y el fiscal general aborda el asunto con igual desparpajo, tratando de justificar lo que se viene. Lo grave de todo esto radica en su propia esencia: la mentira para engañar la sociedad.

El pueblo soberano ignora  muchas verdades de asuntos que pueden cambiar democracia por tiranía, disfrazada de manso socialismo, el del siglo XXI predicado por Chávez, continuado por Maduro, e ideado por los hermanos Castro. La suerte y el futuro de la nación están en juego, y de los resultados de las próximas elecciones depende mucho de ello. La subversión pretende evadir la justicia de forma olímpica, para evitar ir a la cárcel, obteniendo penas sustitutivas dignas de una tragicomedia, orquestada por Santos-Montealegre-Fidel; al amparo de la buena fe del país nacional que desea con vehemencia la paz.

A cambio de nada, dado que la subversión va a seguir delinquiendo, tan solo cambian de razón social; el señor Santos tiene previsto entregar miles de hectáreas en zonas escogidas, millones en subsidios y prebendas, curules gratuitas en el congreso, en las asambleas  departamentales y en concejos municipales, recursos suficientes para montar diarios impresos, emisoras y canal de televisión propio, además de su impunidad.

Si para la subversión tiene lógica la no entrega de sus armas,  por esa misma causa, el estado no puede entregar las suyas a los comunistas que nos quieren gobernar. Y para allá vamos, cuando se desmantela una central de inteligencia militar, con excusas fruto de montajes y patrañas orquestados desde no sabemos dónde, aunque lo sospechamos.

La inteligencia militar es un arma para mantener vigilado el enemigo, y la experiencia de generales duchos en tales funciones también lo es; el principal recurso en la guerra es el hombre entrenado, convencido, y motivado, con moral. El problema no es si Santos está pensando en disminuir el pie de fuerza del Ejército, lo cual no hará de inmediato y dentro del mismo proceso de la Habana; pues de todos modos eso se viene después.

El asunto de fondo es la pretensión de la guerrilla en el sentido de que exigen la salida del Ejército de sus zonas de reserva, y de la policía también. Y pretenden, como lo ha insinuado Vargas Lleras, uniformar a sus reinsertados y comunistas guerrilleros con el uniforme de una guardia nacional, bajo el mando de un disque nuevo ministerio de seguridad ciudadana y social; con las armas de la república. Para evitar la debacle, cero votos por los partidos que avalan a Juan Manuel. Salvemos la Patria.

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