Venezuela: la farsa del diálogo

Venezuela: la farsa del diálogo

Todos recordamos los forcejeos entre Maduro y la oposición democrática venezolana para dialogar sobre la dramática situación que castiga a ese país. Con el triunfo vergonzoso que la mayoría latinoamericana regaló a la dictadura chavista en la OEA, los esfuerzos se concentraron en UNASUR, el mecanismo ad hoc del difunto Hugo Chávez, Lula y el ALBA para refugiarse en una interpretación a ultranza del principio de no intervención y seguir obedeciendo los dictados de Cuba en ese protectorado petrolero de los Castro.

Siempre solícita, UNASUR ofreció un trío de "acompañantes" para facilitar las conversaciones con la oposición venezolana menos aguerrida; un trío en el cual dos (Ecuador y Brasil) protegen al "acompañado". La nula credibilidad de esa fórmula obligó a Maduro a incorporar al Vaticano, aprovechando que su actual Secretario de Estado, Monseñor Parolin, había sido un comprensivo nuncio en Caracas. El peso moral de la Santa Sede era una gran ventaja, pero planteaba un peligro que se debía neutralizar. De ahí el libreto impuesto por la nota diplomática que el Canciller venezolano dirigió al mismo Parolin para que, en nombre del Papa Francisco, "participe en los procesos de diálogo entre representantes del Gobierno y la oposición venezolana, a través de la designación de su persona como 'Testigo de Buena Fe' (sic), para acompañar el amplio diálogo que actualmente se desarrolla en Venezuela y que cuenta con el acompañamiento de los cancilleres de la UNASUR".

El actual Nuncio en Caracas representó al Testigo de Buena Fe, y "acompañó" sonriente a los tres "acompañantes" de UNASUR. Juntos, se comprometieron en un diálogo con las cartas marcadas, del que la oposición se ha retirado porque ya es demasiado evidente que la dictadura le está tomando el pelo.

No sorprende que UNASUR le haga el juego a Maduro. Pero no es posible que ocurra lo mismo con el Vaticano, que aceptó sentarse en la mesa de negociaciones sin condición alguna, y en la disminuida y confusa postura de "Testigo de Buena Fe" –casi como un notario que certifica y convalida lo que ocurre. Y lo que ocurre no puede ser peor. La dictadura chavista no solo incumple los compromisos que acordó en el diálogo, sino que intensifica la represión contra los manifestantes. Sus tribunales ratifican el prepotente despojo del fuero parlamentario a la diputada María Corina Machado; una cínica celebración de su principal victoria: fracturar la unidad de la oposición democrática, sacando provecho del ánimo conciliatorio de aquellos que aún creen que es posible negociar de buena fe con el castrochavismo.

Si no tuvieron la sensatez de poner condiciones mínimas antes de concurrir al diálogo, ya es hora de que la Santa Sede suspenda su participación en la farsa montada por Maduro y los Castro. Lo mismo deberían hacer, por dignidad, los Cancilleres de UNASUR, en lugar de seguir avalando esa comedia que avergüenza a todos los países miembros porque solo sirve a los fines innobles de la dictadura venezolana.

Diplomático y ex vicecanciller peruano.

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