Generalísimos, frente a frente

Generalísimos, frente a frente

Flórez y Romaña se verán las caras con frecuencia. Porque así lo disponen sus jefes, Juanpa y Timo, y esa orden se las transmiten los portavoces de sus jefes, Márquez y De La Calle. Y se verán las caras con frecuencia, porque tienen mucho que arreglar en compañía. Dividirse un país entero no es cosa que se haga de la noche a la mañana. Las FARC, que son los vencedores, le exigirán cada vez más al Ejército de Colombia, que sin que sepamos cómo resultó vencido. Y ese forcejeo puede durar, según lo disponga Timochenko, ganador absoluto tras 50 años de derrotas continuas.

Los llamamos generalísimos porque no corresponde el título de General a la alta tarea que tienen entre manos. Romaña será el que reciba la espada del vencido, y eso lo saca de la jerarquía simple del generalato. Y Flórez está por fuera de la línea de mando, pues que tiene el encargo de pedir algo de compasión a los ganadores y poder para entregarles lo que pidan. Para recibir unos fusiles no se necesita asesoría técnica. Un Teniente juicioso se basta. Y para disponer el sitio de la entrega, sobra Romaña. Si las FARC quisieran hacer eso, les sobraría con mandar una razón con cualquiera. Pero para lo que realmente están, humillar el Ejército de Bolívar y de Córdoba, y para disponer la manera como entrarán los guerrilleros triunfantes al Capitolio y a la Casa de Nariño, sí se necesita de estos generalísimos.

La cosa no es nueva, como que se ha repetido en América Latina, desde muy al sur hasta el norte. El Ejército argentino fue traicionado por los Juanpas de la hora. Sus generales murieron o se mueren en las cárceles y los Montoneros mandan desde la Casa Rosada. Lo mismo pasa en Uruguay: los generales tras de barrotes y los Tupamaros de Mujica en la Presidencia. Igual cosa ocurre en Venezuela. Quien manda es Castro, desde La Habana y los generales del que fue glorioso Ejército de Sucre, de Piar, de Monagas, de Anzoátegui y Soublette, ya salieron licenciados.

Con los generales chilenos lo han intentado una y otra vez, vale decir que sin resultados hasta ahora. Pero en Colombia hay demasiado afecto por los soles y falta amor por la Patria. Aquí sobran los Flórez y Rodríguez y Lasprillas, señalados para la tarea de borrar doscientos años de gloriosa tradición.

Las conversaciones de los generalísimos serán a puerta cerrada, no cabe duda. Un acto tan impúdico no puede quedar a la vista de nadie. Solo sabremos los resultados, cuando nos cuenten de cuántas zonas y regiones sale el Ejército para ser sustituido por las tropas de Romaña. Por supuesto que nos darán la píldora con agua que la pase. Nos dirán que el Ejército queda pendiente en las fronteras de un eventual ataque de China o de Rusia. Su desmonte será gradual, en la medida en que la cancillería pueda asegurar que Rusia y China no tienen intenciones perversas con nuestro suelo y nuestros cielos. Así que desmontaremos el presupuesto militar y lo iremos pasando, paulatinamente para que no duela tanto, a la benemérita tarea que cumplirán las FARC en las Zonas de Reserva Campesina, en las regiones apartadas, en los lugares sembrados de coca, marihuana y amapola.

Los generalísimos ya están sentados a la mesa. La asesoría técnica a las FARC, para que sepan bien cómo dominar el país, en desarrollo. Y nosotros, caterva de vencejos, listos para el degüelle.

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