Lunes 23 de Octubre del 2017

2015: con los calzones abajo

Publicado en:

Revista Semana  | 

Autor(a): Uriel Ortiz Soto  |

Fecha: 13/01/2015

 

Foto: caracol.com.co

¿Cómo podemos exigir un control fiscal eficiente si su máximo organismo se encuentra sin saber cuál va a ser definitivamente su sede?

El despelote que se ha formado por la sede de la Contraloría General de la República nos va a costar un ojo en la cara a los contribuyentes. Don “corrupto” debe estar frotándose las manos de felicidad, puesto que con semejante zafarrancho el control fiscal, que siempre ha sido precario, ahora lo será más. Nuestros dineros prácticamente están en la picota; el cerebro del ente de control se encuentra de posada y totalmente atrofiado por el maltrato que le está dando el gobierno central; como se dice: en río revuelto, ganancia de pescadores.

Desde el mirador 2015, 24 horas antes de arribo del barco a puerto seguro, avizoramos un panorama preocupante: mientras el presidente vende su imagen por todo el mundo con el báculo de la paz -tan anhelada por todos pero vilipendiada por muchos-, está descuidando problemas esenciales y de vital importancia para el país, que, de no solucionarse a la mayor brevedad posible, le pueden causar graves dolores de cabeza.

Pero además de lo del control fiscal, tenemos que decir con toda franqueza que empezamos el 2015 sin justicia y con un hacinamiento carcelario que ya es insostenible, con fugas masivas de presos y grave preocupación de todos los entes sociales. El problema de las cárceles se ha venido complicando puesto que nuestra justicia, además de corrupta, es lenta, perezosa e irresponsable; los arrumes de procesos que hay por resolver, con las cárceles llenas de internos, no tienen antecedentes en la historia judicial de ningún país.

Se calcula que más del 40 % de los internos no necesitan estar recluidos en un centro carcelario o penitenciario puesto que su acción delictiva no constituye peligro para la sociedad. Pero, lamentablemente, con la lentitud y la morosidad de la justicia, todo se complica y los arrumes de expedientes con presos son tan alarmantes, que dentro del programa de solución al hacinamiento se debe considerar una auditoría a cada uno de los expedientes con internos sin condenar, con el fin de formarnos una idea clara de cómo está operando la justicia en nuestro país.

De otra parte, no salimos de la preocupación por el chikungunya, que ya nos tiene acorralados; a la fecha son más de cien mil pacientes reportados por diferentes departamentos, sin que exista un plan de contingencia serio para conjurarlo. Este problema se veía venir, puesto que si bien el Ministerio de Salud ha estado a la vanguardia de los aconteceres, no ha tenido la precaución de adoptar las medidas preventivas de rigor, como la fumigación de las aguas residuales, negras y estancadas, producto de los malos manejo en las épocas de lluvia.

Pero lo que está ocurriendo con la Contraloría General de la República es también de marca mayor y de la peor vergüenza para el país, puesto que no tiene justificación alguna. ¿Cómo podemos exigir un control fiscal eficiente si su máximo organismo en los actuales momentos se encuentra en la más difícil encrucijada sin saber cuál va a ser definitivamente su sede, después del vencimiento del tormentoso contrato que expiró el 31 de diciembre pasado?

No busquemos el muerto río abajo o río arriba porque no vamos encontrarlo, sencillamente los responsables de toda esta debacle están sentados a la diestra del prepotente poder burocrático, que todo lo maneja a su acomodo, y con las órdenes que les da don “corrupto” es suficiente y lo demás no importa.

Mientras el monstruo de la corrupción -el cual usted, señor presidente, se comprometió a combatir en su campaña reeleccionista- tenga dominada la administración pública en todos sus niveles, va a ser muy difícil avanzar por las sendas del progreso. Se volvió costumbre dialogar con él sin ningún secreto, hacer lo contrario es perder las oportunidades que da el Estado a los ciudadanos de bien para desempeñarse dentro de la administración pública. Son miles los funcionarios honestos que se resisten a aceptar prebendas, pero resulta que don “corrupto” ya hizo metástasis en la mayoría de las estructuras del Estado y no hay otra alternativa que aceptar sus sugerencias.

Pilas, señor presidente, que el país no está tan bien como usted alegremente lo pregona en sus giras nacionales e internacionales, sólo pensar en la huelga de la justicia, que empató con las vacaciones judiciales y después de ellas continuará, seguirá causando escozor. Y si a lo anterior agregamos el delicado hacinamiento carcelario, podemos decir que la justicia en nuestro país se encuentra paralizada e inerme.

Pero sigamos, señor presidente: nunca se había visto que el máximo organismo de control fiscal de nuestro país, su majestad la Contraloría General de la República, fuera lanzada a la calle, simple y llanamente por el vencimiento de un contrato de arrendamiento. Este episodio de muy mal gusto nos está haciendo quedar ante la comunidad internacional como un verdadero circo, donde el principio de autoridad no se tiene en cuenta para hacer valer los derechos de los ciudadanos.

El pueblo en general se encuentra preocupado por el proceso de paz, sabemos que firmarla puede ser viable, pero sostenerla va a ser muy difícil. La recesión económica en todos sus niveles hace pensar que las ayudas internacionales no vendrán fácilmente, puesto que el posconflicto será un período costoso, largo y dispendioso.

Es bueno que afinemos muy bien el olfato internacional: con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba el panorama político va a sufrir un cambio drástico en América Latina, países con los cuales Colombia ha tenido estrechas relaciones de cooperación. Sin embargo, todo hace prever que en el inmediato futuro todo cambiará por decisiones del gobierno estadounidense.

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