Interpretaciones de la obediencia

Interpretaciones de la obediencia

El sacerdote jesuita, Francisco de Roux, publicó el primero de marzo del año corriente, en el diario El Colombiano, una confusa nota titulada “Desafío de la confianza radical”, la cual no conviene dejar pasar desapercibida.

Habla él sobre el pasaje de la Biblia en el cual Dios le pide a Abraham que le sacrifique a su hijo Isaac para comprobar su obediencia. Sacrificio que Dios no permitió en el último momento y en premio bendijo la descendencia del Patriarca.

Considera de Roux que este “es un mensaje para nosotros hoy, ya que Dios, que es lo más íntimo de nuestra propia intimidad, como decía San Agustín, se comunica dejándonos sentir en conciencia lo que quiere de nosotros”.

Omite de Roux el pasaje que suscita dudas sobre sus apreciaciones sobre la intimidad y la obediencia. Narra la Biblia que la esposa legítima del Patriarca, la estéril y hermosa Sara, tuvo, finalmente, un hijo de nombre Isaac, menor que Ismael, hijo de Abraham y su esclava Agar; pero como las desavenencias entre ambos hijos eran continuas, Dios les aprobó a Abraham y a Sara que lanzaran a Agar y a Ismael al desierto. Se estima que Abraham vivió entre el año 2000 a.C. y el 1825 a.C.

No murieron, afirma la Biblia, porque un ángel les dio agua y los guio. Los mahometanos se consideran descendientes de Agar e Ismael. Harto difícil aceptar que Dios ‘le comunicó o le dejó sentir en su conciencia’ a Abraham tal autorización. Resulta poco convincente ejemplificar la obediencia con un Dios preocupado por la fidelidad de Abraham, omitiendo su discordante mediación en las peleas domésticas.

La Biblia es una recopilación de documentos dispersos escritos entre el 900 a.C. y el 100 d.C., mezcla ejemplos y tragedias de la vida de pastores de ovejas con valiosas enseñanzas que son la base de nuestra civilización occidental, así como lo es la filosofía griega. No olvidemos que casi todos los pueblos primitivos eran ignorantes, promiscuos, polígamos, panteístas, supersticiosos… Moisés (1525 a.C. – 1405 a.C.) líder sin par en la humanidad, comenzó a organizar a los judíos por medio de sus diez mandamientos, entre ellos, canalizó la actividad sexual al matrimonio y al crecimiento de la población para formar un ejército con el fin de defenderse y para dejar de ser nómada.

Los dioses de casi todos pueblos primitivos del orbe eran igualmente promiscuos, por ejemplo, el dios egipcio Osiris tenía relaciones con su hermana Isis, el babilonio Istar seducía varones, el griego Zeus se casó con su hermana Hera y secuestró al apuesto joven Ganimedes. El pueblo judío tiene el mérito sin precedentes de haber venerado a un Dios único, sin aberraciones sexuales, sin sacrificios humanos… Este proceso civilizatorio lo impulsaron otro judío, Jesús de Nazaret y el cristianismo, con su énfasis en la vida eterna, con el amor al prójimo, con la separación entre la Iglesia y el Estado…

Pero las religiones evolucionan a la par con la civilización humana. Por esto, el Dios de muchos cristianos coincide hoy con el preconizado por el también sacerdote jesuita, Tehilard de Chardin; esto es, el Dios que creó las leyes de un Universo cuasi infinito, desde las leyes para las partículas subatómicas más pequeñas hasta las de las grandes galaxias y, finalmente, creó en este la evolución y la vida.

La historia nos demuestra que megalómanos como Hitler, Stalin, Mao, Castro, Chávez…y un grupito de fanáticos oportunistas, lograron la obediencia contra la conciencia de sus pueblos para imponerles la igualdad de Marx o la superioridad de su raza. Ojalá no se repita esto y que termine en tragedia la obediencia a una paz a la manera del presidente Santos.

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