¿Por quién doblan las campanas?

¿Por quién doblan las campanas?

¿Funciona plenamente en Colombia el Estado real de Derecho?

Lo dudamos. Esperamos que algún reputado jurista de la parroquia nos despeje por lo menos la sospecha sobre su existencia.

¿Operará realmente un Estado de Derecho que muestra ante el mundo civilizado e institucionalizado, más de 10.000 procesos represados en el sistema judicial –reprobado en todas las encuestas– como lo denunció hace poco el vicefiscal general de la Nación?

¿Cuántos de estos procesos caerán en la telaraña de la prescripción para fortalecer la cosecha de la impunidad en la cual Colombia nada como pez en el agua?

¿Andará el Estado real de Derecho –que no formal, el definido en unos códigos inertes– en un país cuya opinión pública perpleja es testigo de un paro en la Rama Judicial por espacio de dos meses, sin que haya consecuencias sancionatorias de ninguna índole?

Una huelga, la cual presagiaba el mismo gobierno al cumplir a medias sus promesas de incorporar recursos económicos para agilizar la aplicación de una justicia pronta y decidida.

¿Tendrá en Colombia respetabilidad, dentro del marco de instituciones serias y admirables, un Consejo de Estado que lleva semanas sin poder elegir presidente en propiedad? ¿Que se acerca a 200 votaciones para designarlo, sin lograr tal objetivo porque la politización, la burocratización y el clientelismo lo impide?

¿Puede funcionar con credibilidad un Estado real de Derecho en un país en donde un expresidente y actual magistrado de la Corte Constitucional denuncia por soborno al actual presidente de esa institución? ¿Y este replica que esa acusación por corrupción “es un complot entre sus magistrados colegas y un abogado derrotado”? ¿Hay magistrados que trafican con sentencias? ¿No es una acusación, esta de soborno, de la mayor gravedad, que escandaliza a la comunidad internacional de juristas y de organismos pares? ¿Acaso esa sindicación no pone en tela de juicio la probidad del máximo tribunal encargado de guardar la integridad de la Carta Magna, arco toral sobre el que se asienta todo Estado de Derecho?

¿Habrá respeto por el Estado de Derecho, basado en la plena vigencia de la justicia, cuando el presidente de la Corte Suprema de Justicia sostiene que “el derecho no puede ser obstáculo para la paz”?, juicio temerario y arriesgado que implícitamente corrige –en una lección de sindéresis– el premio Nobel de Paz, Kofi Annan cuando advierte que, “un acuerdo de paz contempla la justicia –es decir, la vigencia del derecho– por los crímenes cometidos en el conflicto armado”

¿Actúa en Estado de Derecho una obsoleta Comisión de Acusación e Investigación de la Cámara de Representantes que acumula cientos de procesos sin resolver, engavetados para ser alimento de toda clase de alimañas y de consejas?

¿Es confiable un Estado de Derecho en donde la inviolabilidad de las comunicaciones es vulnerada de forma ilícita por instituciones oficiales?

El Estado de Derecho se desfigura en Colombia. Lo zarandean y lo irrespetan. Se le doblega. Y doblegado pareciera asistir a su propia pasión y muerte. Por aquel y por más cosas, en el país comienzan a doblar, con tañidos fúnebres, las campanas.

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