Incertidumbre innecesaria

El Gobierno de Venezuela debe anunciar cuanto antes la fecha de las elecciones legislativas.

Un pésimo mensaje es el que envía el gobierno de Nicolás Maduro al negarse, como lo ha hecho hasta ahora, a fijar una fecha para las elecciones legislativas previstas para finales de este año. Las mismas que, a juicio de muchos observadores, podrían marcar un giro de tuerca en el desarrollo de la revolución bolivariana. Lo más concreto que se ha conocido ha sido el anuncio de la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, en el que afirmó que estas tendrían lugar en el último trimestre del año.

Dilación que obliga a recordar la manera como esta ha avanzado en los últimos años en sentido contrario al del paradigma de la democracia. Como se ha dicho desde estos renglones, muchas de las características que permiten reconocer a un sistema de gobierno como democrático hoy brillan por su ausencia en Venezuela, desde la separación de poderes hasta las garantías suficientes para la oposición, pasando por la libertad de expresión.

Y aunque está claro que una democracia que se limite al derecho de la gente a elegir a sus gobernantes está incompleta, hay que decir que el régimen del país vecino ha conservado dicho rasgo. Su presidente, Nicolás Maduro, llegó a Miraflores luego de imponerse en las urnas, argumento válido que sale a flote cada vez que es calificado de dictadura el mandato del heredero de Hugo Chávez.

Por eso, preocupa que algo que en apariencia debería ser un acto administrativo más, como lo es fijar una fecha para unos comicios, aún no se produzca. Demora que no pocos atribuyen a la zozobra que han ocasionado en las huestes oficiales los pronósticos que entregan las firmas encuestadoras, según los cuales la intención de voto por los candidatos alineados con la oposición se acerca al 60 por ciento. De ratificarse en las urnas dichos augurios, Nicolás Maduro se vería abocado a gobernar con un Legislativo controlado por la oposición, escenario inédito en los 16 años que completa el chavismo en el poder.

Y es que tan importante como celebrar elecciones es que estas se desarrollen bajo unas reglas claras, de las cuales la más elemental es saber con antelación suficiente cuándo se llevarán a cabo. De ahí que si algo tan básico sigue sin dilucidarse, es perfectamente legítimo inferir que es alta la probabilidad de que los pasos siguientes se desarrollen, en caso de que tengan lugar, de manera atropellada, lo que sería fatal para un país al que, desafortunadamente, le sobran factores de desestabilización.

Alimenta dichos temores el propósito del Ejecutivo de implementar, por medio del Consejo Nacional Electoral, cambios de última hora con el fin de disminuir al máximo la representatividad del caudal electoral opositor, reduciendo la cantidad de diputados que pueden elegir las circunscripciones donde este, según las encuestas, será mayoría.

Una señal de que en este pulso está en juego mucho más que un asunto logístico es que Brasil, a través de su canciller, Mauro Vieira, así como Unasur, mediante su secretario, Ernesto Samper, ya han pedido que la contienda electoral se realice lo antes posible.

Y tienen razón, pues, con cada día que pasa, lo que al comienzo parecía desidia, luce cada vez más como saboteo deliberado a uno de los últimos rescoldos de una democracia.

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