¡Olvídense del campo! Ya lo entregaron

¡Olvídense del campo! Ya lo entregaron

“a) La gran propiedad sobre el suelo se declara inmediatamente abolida sin ninguna indemnización. b) Las fincas de los terratenientes, al igual que todas las tierras de la Corona, los conventos, la Iglesia, con todos sus ganados y aperos, sus edificios y todas las dependencias, pasan a depender de los comités agrarios comarcales y de los Soviets de diputados campesinos de distrito, hasta que la cuestión sea reglamentada por la Asamblea Constituyente”. Del “Decreto sobre la Tierra” de Lenin en el II Congreso de los Soviets en octubre de 1917.

Al inicio del proceso de impunipaz, el jefe de gobierno en una reunión con sus “amigos empresarios” de Medellín, que lo aplauden en público por temor a las represalias pero a quien critican en privado, les dijo que para alcanzar un acuerdo con la Farc había que entregarles el manejo del campo, pues ese había sido su “caballo de batalla” durante décadas y tenían que sostener el cañazo.

Pues hay que aceptar que el gobierno a los delincuentes sí les cumple y no los traiciona. De buenas ellos.

A pesar del secretismo y la complicidad de los medios mermelados y que su hombre De la Calle repite que eso no es cierto, los hechos demuestran lo contrario y es evidente que la entrega del campo está muy cocinada.

Hace casi un año y medio escribí sobre lo parecidas que eran las intenciones de las Farc con las Zonas de Reservas Campesinas (ZRC) y las de los leninistas cuando crearon los Soviets. Los defensores de la actual negociación o arrodillamiento a la Farc, por complicidad o ignorancia, se empeñan en decir que ya están listos “tres puntos” de la agenda, pero también se hacen los de la vista gorda de los aterradores y peligrosos vacíos que quedaron “pendientes”, como el manejo de la tierra, la cual será el premio para los jefes de los frentes y la guerrillerada que en el “posconflicto”, cuando ya no puedan celebrar con miembros mutilados de soldados, al menos les garanticen el control territorial para continuar con el narcotráfico y la minería ilegal, mientras sus jefes se convierten en Honorables Senadores.

Según el cartel Farc, las ZRC, las cuales cubrirían más de 9 millones de hectáreas distribuidas por todo el país y las fronteras con los países de gobiernos cómplices y socios, o cercando proyectos como el de Hidroituango, deberán ser territorios dirigidos por el “poder popular”, que no será otra cosa que el de los que no entregarán las armas sino que las “dejarán”, pero terciadas al hombro.

Y si había alguna duda sobre la viabilidad de que el gobierno pudiese legislar a favor de las aspiraciones agrarias de la narcoguerrilla, el golpe final se dio la semana pasada cuando la bancada de la “U”nidad Burocrática aprobó el Plan de Desarrollo, que es una vulgar ley habilitante al mejor estilo venezolano.

¡Olvídense del campo! está condenado, así como los millones de colombianos que allí habitan y quedarán secuestrados, por lo que resurgirán copiosamente las nefastas y terribles autodefensas ilegales, que nos costaron tanta sangre, pero que ahora correrá como nunca antes lo hemos visto.

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